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Ñus atardecer
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Ñus atardecer

Kenia, el hogar del safari

Es imposible pensar en el país africano y no tener inmediatamente en la cabeza la imagen de un safari, un animal impresionante de esos que no se ven por nuestras tierras (aunque haya otros) tomando el sol, la infinita sabana africana y un paisaje alrededor totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.

Que los humanos, o aquellos lejanos parientes llamados Homo habilis y Homo erectus, se establecieron en Kenia hace más de 2,6 millones de años no puede extrañarle a aquel que pisa por primera, segunda o infinita vez su tierra y se asombra ante la belleza distintiva de sus alrededores. El país recibe su nombre del monte homónimo, que en su idioma significa “montaña luminosa”, y su naturaleza es igual de luminosa que dicha denominación.

Un país africano que trae a la cabeza la imagen de un safari

Elegido mejor destino de safari del mundo los últimos dos años en los World Travel Awards (este año también elegido mejor destino de playa de África), Kenia es un paraíso conocido para muchos, una idea de felicidad para otros y un icono para el resto, un lugar con una imagen definida y posicionada en nuestra mente, en cuya creación se mezclan libros, películas e historias de amor que tuvieron como localización principal el país africano. Y todo se debe, precisamente, a esa imagen de lugar destacado para hacer un safari, hoy en día sólo de avistamiento, y conseguir una mirada de los “cinco grandes” (el león, el elefante, el búfalo, el leopardo y el rinoceronte), uno de los grandes deseos de cualquier viajero.

Desde los tiempos antiguos, en los que los safaris kenianos eran partidas ociosas de caza, hasta ahora, en donde la riqueza de su vida salvaje está en manos de los propios ciudadanos, que conservan su patrimonio, ha pasado mucho tiempo y muchas políticas de protección del propio país, que han implantado medidas con una visión estricta de salvaguardar su riqueza natural. Parques como el Masai Mara o Laikipia consiguen que el turismo y el desarrollo de las comunidades locales, con su preservación, vaya de la mano, haciendo que viajar a Kenia, en vez de explotar el destino, marque la diferencia en su mantenimiento.

La reserva natural de Masai Mara es el parque nacional con más renombre mundial. Sus 1.510 kilómetros cuadrados de auténtica sabana africana, ubicados en un remoto rincón de septentrional de Kenia, albergan una de las mayores concentraciones de fauna del planeta. Es relativamente fácil ver manadas de felinos: leones, guepardos, leopardos en sus paseos diarios, descansando, e incluso cazando. También se puede contemplar elefantes, jirafas, hienas, hipopótamos, cocodrilos, gacelas, cebras… Frente a todos sus atractivos, que son muchos, lo más espectacular, loco y sorprendente que se puede ver en el parque es la migración de ñus entre julio y octubre.

Casi millón y medio de ñus se desplazan buscando mejores pastos todos los años entre Tanzania y Kenia, el gran espectáculo de la sabana africana. Con la llegada del verano, el Serengueti se vuelve inhóspito para estos animales y se ven obligados a migrar hacia el norte. Es un largo camino en el que cada día se baten entre la vida y la muerte con el único objetivo de sobrevivir. Lo llevan haciendo desde tiempos inmemoriales. De hecho, los fósiles encontrados en la zona indican que es un desplazamiento habitual desde hace más de un millón de años.

Masai Mara, el parque nacional con más renombre mundial

No son los únicos animales que lo hacen, también es práctica habitual en muchas cebras, gacelas y hasta búfalos, pero la forma de hacerlo de estos últimos no se compara con la enajenación mental que parece que sufren los ñus cuando se empeñan en seguir los pasos de sus antepasados, aquellos que ya debían entretener con su travesía a un alucinado Homo erectus, y bajan el río por el mismo lugar, siempre, sin importarles el riesgo que supone para sus vidas en algunos momentos. Se les conoce como los animales más locos de la sabana, y se han ganado el adjetivo a pulso.

Laikipia, en el mismo ecuador del planeta, es uno de los parques que se ha hecho un nombre gracias a la sostenibilidad de su funcionamiento, desarrollando su actividad turística de acuerdo con estos principios, tanto en las reservas privadas como en los alojamientos. En la zona, la comunidad local y los ranchos privados trabajan juntos para conservar la vida silvestre y las culturas tradicionales. El parque de Laikipia, de hecho, ofrece la oportunidad de que los viajeros hagan un safari por sus terrenos a caballo, cruzando la sabana y ascendiendo las colinas Loldaiga.

Dentro de ella, la reserva privada de Ol Pejeta se dedica principalmente a la conservación de la fauna en vía de extinción y ofrece alojamiento a rinocerontes blancos y negros, a cebras de Grévy y a elefantes. Muchos depredadores también viven allí, como leones, guepardos y leopardos. Ol Pejeta se dedica a vigilar todo el territorio con drones, para controlar las especies en peligro de extinción y protegerlas así de los cazadores furtivos.

Ol Pejeta se dedica principalmente a la conservación de la fauna en vía de extinción

También en Laikipia se encuentra Lewa Wildlife Conservancy, una de las más bellas y extensas reservas del país, que ocupa un recinto de más de 65.000 hectáreas. Situado a 200 kilómetros al norte de Nairobi cerca de la localidad de Isiolo, el parque es un ejemplo de conservacionismo por la gran cantidad de proyectos que impulsa y que buscan la protección de la fauna autóctona y la repercusión de los ingresos del turismo en las comunidades locales que habitan en su territorio. Fue fundado en 1995 y desde entonces invierte más de un 70% de su presupuesto en proyectos de salud y educación en los pueblos de los alrededores y otros proyectos comunitarios. El esfuerzo conservacionista ha sido también muy importante y este santuario de vida silvestre acoge en la actualidad a una de las mayores poblaciones mundiales de cebras de Grevy, importantes manadas de elefantes, más de 100 rinocerontes y otros animales de las llanuras como jirafas, búfalos, guepardos o leones.

Sea cual sea el objetivo del viajero que se adentre por primera vez en la increíble naturaleza keniana, su impresión de la misma será diferente, sorprendente y maravillosa una vez la observe en todo su esplendor y majestuosidad. Es lógico que la civilización provenga de este rincón del planeta. Después de todo, nuestros muy antepasados caminarían doblados, pero de tontos no tenían un pelo.

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