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El Petit Train de la Rhune desde el año 1924
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El Petit Train de la Rhune desde el año 1924

El Petit Train de la Rhune, que parte de la estación de Saint Ignace, entre las poblaciones de Ascain y Sara, a unos20 kilómetros de Irún, es un tren de cremallera, uno de los pocos ferrocarriles de estas características que quedan en Francia. De marzo a noviembre, esta línea férrea turística, realiza, desde hace 80 años, el trayecto hasta el monte del mismo nombre, ubicado a 905 metros sobre el nivel del mar, en poco más de 30 minutos, desde donde se tiene una panorámica excepcional del País Vasco Francés y los Pirineos.

Un ferrocarril de cremallera es un tipo particular de tren que basa su funcionamiento en el acople mecánico con la vía por medio de un tercer riel dentado, o «cremallera», esto permite que sea utilizado en zonas donde haya una pendiente de más del 8%, en las cuales el funcionamiento por adherencia entre carriles y ruedas no sería posible.

El tren de La Rhune fue inaugurado en el año 1924

Un ejemplo es el de La Rhune, en el País Vasco Francés, un legendario tren turístico, que permanece abierto, desde el año 1924, todos los días del año desde 6 de marzo al 5 de Noviembre.

Su historia

Inaugurado en el año1924, el tren de La Rhune, en poco más de 30 minutos recorre la distancia que separa la base de esta mítica cima, a unos 8 kilómetros por hora, la misma velocidad con la que se inauguró el servicio y de la que tan orgullosos se mostraron los lugareños el día de su inauguración. Los vagones son prácticamente los mismos que nacieron con el convoy, fabricados con material de la región como abeto de los Pirineos, pino de Las Landas, castaño de Ariège y madera de Iroco. Los coches han sido restaurados en varias ocasiones, incluso hay algunos nuevos de 1996, pero todos guardan la estética de principios de pasado siglo.

Situado entre los pueblos de Ascain y Sara, a unos diez kilómetros de San Juan de Luz, está enclavado en uno de los parajes más entrañables de la región, que enamoró a personajes tan diferentes como Napoleón III y Eugenia de Montijo, EduardoVII y Wiston Churchill, Pierre Loti y Luis Mariano, Pedro Axular y el antropólogo Joxe Miguel Barandirán.

Un tren de cremallera y uno de los pocos ferrocarriles de estas características que quedan en Francia

Hasta los años veinte del pasado siglo la senda hasta la cima se hacía a pie o con caballerizas especiales. De hecho, la Emperatriz Eugenia de Montijo ascendió a la cumbre cincuenta años antes de que se construyera el ferrocarril para apreciar la belleza de los paisajes y las espectaculares vistas que llegan hasta las playas de Las Landas. Tras varios años de duro trabajo y salvados los contratiempos surgidos durante la I Guerra Mundial, Larrún contó con su tren cremallera a principios de los años veinte, si bien el proyecto para la creación del tren cremallera comenzó a gestarse en 1908.

Es una zona poblada de leyendas y cuevas de brujas, además de ruta de contrabandista, con un paisaje privilegiado desde el que se puede admirar el mar y las montañas circundantes. Asimismo, también se pueden ver distintas especies de flora y fauna. En Larrun, hay 15 tipos distintos de árboles y animales como las ‘pottokak’, corderos de lana negra y buitres.

La pequeña estación del puerto de Saint Ignace se vuelve a pintar todos los años para recibir a los clientes que o bien se han trasladado hasta allí atraídos por la fama del cremallera o bien han topado con él tras entrar en la zona de Sara, una de las localidades más fascinantes de esta zona del Pirineo.

Las casas blancas con las maderas aparentes rojas (algunas datan del siglo XV) y los primeros macizos de los Pirineos de un verde generoso, invitan al visitante a disfrutar de la belleza, de lo auténtico y de lo excepcional. ‘Saran Astia’ (en Sara se tiene tiempo), reza el viejo proverbio, que hace de este pueblo situado a escasamente 15 kilómetros de la costa, un lugar incomparable y de visita más que obligada, al menos una vez en la vida.

Rutas

Una vez en la cima, situada en el pico de Larrún , podrás realizar numerosas rutas a pie donde descubrir algunas de las especies autóctonas de la zona como los famosos Pottoks, robustos poneys vascos, así como las ovejas Manech y los buitres salvajes, emblemática ave rapaz de la zona.

Este macizo está poblado de Pottokas, son unos robustos poneys típicamente vascos que viven aquí en total libertad, ovejas manech de cabeza pelirroja y buitres salvajes, la emblemática ave rapaz de los Pirineos.

Todo el material de época y su conservación

Todos los años, después de la temporada turística, el tren vuelve a su cuartel de invierno (desde noviembre a finales de febrero), que se encuentra en los Etablissements Barland; allí es desmontado, verificado, controlado, los motores rebobinados… todos los elementos pasan una escrupulosa revisión. Todas estas precauciones son indispensables cuando sabemos que hoy en día, el tren de Larrun transporta a más de 350.000 visitantes al año. Tras esta profunda revisión técnica, el tren vuelve a su depósito en el puerto de Saint Ignace a fin de terminar su tratamiento de belleza para la nueva temporada. Exactamente para el 19 de marzo, San José, fecha de apertura, todo está listo.
La empresa de mecánica Barland de Bayona, es la única que posee los planos originales de los vagones. Ha corrido a cargo con la restauración de los órganos de rodamiento y del chasis de los vagones, es decir más de 1.000 horas de trabajo de artesanía especializada. La empresa de carpintería Telletchea de Ascain ha realizado, a conciencia, toda la estructura de los coches, ya que ha utilizado las mismas maderas que en 1924: el techo en pino de Pirineos, el suelo en pino de Las Landas, las láminas en castaño de Ariège y la plataforma en iroco, madera imputrescible originaria de África.

Los vagones son prácticamente los mismos que nacieron con el convoy, fabricados con material de la región

Todo ello representa igualmente 1.000 horas de trabajo artesanal. Los coches entregados han sido examinados durante varias semanas, para después ser sometidos a pruebas draconianas de los frenos, finalmente fueron declarados aptos para el servicio.

En lo relativo al mantenimiento corriente, todos los años, después de la temporada turística, el tren vuelve a su cuartel de invierno (desde noviembre a finales de febrero), que se encuentra en los Etablissements Barland; allí es desmontado, verificado, controlado, los motores rebobinados… todos los elementos son pasados por la lupa. Las piezas y órganos de rodamiento y de seguridad se controlan por medio de ultrasonidos y técnicas magnetoscópicas, siguiendo unas normas precisas de mantenimiento y de control realizados por la sociedad APAVE, bajo la supervisión de la Oficina Interdepartamental de Subidas Mecánicas, se trata del único organismo habilitado para conceder la autorización de explotación.
Tras esta profunda revisión técnica, el tren vuelve a su depósito en el puerto de Saint Ignace a fin de terminar su tratamiento de belleza para la nueva temporada. Ahí, todo se verifica: asientos, plataformas, se barnizan las maderas interiores y exteriores, se lavan las cortinas, a los pomos de cobre se les saca el brillo…para que esta pequeña estación ,típica vasca, del puerto de Saint Ignace, como todos los años vuelva a recibir como es debido a los clientes.

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