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Panamá, el tesoro escondido entre el Caribe y el Pacífico
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Panamá, el tesoro escondido entre el Caribe y el Pacífico

Naturaleza y exotismo, en un país cosmopolita lleno de cultura, historia y modernidad. Panamá mezcla la sensualidad de su espectacular geografía que recorre su territorio, un gran itsmo que une América Central con América del Sur, con su belleza natural y la autenticidad de sus pueblos, habitantes y lugares.

Ciudad de Panamá

Pocos países del mundo ofrecen, como Panamá, 2.490 kilómetros de costas que combinan experiencias urbanas a la altura de las menores capitales del mundo, de relax, aventura y naturaleza, a pocas horas de distancia. Y es que Panamá es el tesoro por descubrir en Centroamérica, un paraíso natural que también ofrece un entorno urbano único en la Ciudad de Panamá, un crisol cosmopolita de historia, arte y gastronomía lleno de sabor latino, museos, barrios coloniales y rutas de artesanía y compras que te enamorarán.

Conjunto Monumental de Panamá La Vieja, las ruinas de primera ciudad fundada como asentamiento español

Antes de sumergirse en las playas panameñas y en sus islas, hogar de miles de especies de flora y fauna, hay que perderse en la Ciudad de Panamá, donde la arquitectura, el arte y su moderno paisaje urbano ofrecen un espectáculo irrepetible, lleno de modernos rascacielos y edificios singulares, con las huellas de la historia compartida con España y el resto de América, evidentes en lugares como el Conjunto Monumental de Panamá La Vieja, las ruinas de primera ciudad fundada como asentamiento español en la costa pacífica de América en 1519, origen de la exploración de otros territorios y escenario de asaltos piratas; hasta el Casco Antiguo, la urbe amurallada que se levantó tras la destrucción de la ciudad vieja, en cuyas calles se conserva el patrimonio arquitectónico, tanto religioso, como civil y militar que imprime carácter a esta urbe.

La capital panameña ha crecido hacia el Pacífico con la Calzada de Amador, a través de una vía que conecta el continente y varias islas cercanas, donde es posible disfrutar de una amplia oferta de ocio y gastronomía, tiendas y miradores y paseos marítimos, y del Museo de la Biodiversidad, un centro dedicado a la historia natural diseñado por el arquitecto Frank Ghery, que se suma a la oferta cultural que protagonizan el Museo del Canal Interoceánico, o centros como el de Arte Religioso Colonial, el Afroantillano o el Museo Bolívar.

A sólo 15 minutos de la capital, el Parque Natural Metropolitano es la primera ventana a la naturaleza inexplorada que Panamá ofrece. Más de 260 hectáreas de bosque lluvioso son un refugio para disfrutar de actividades al aire libre o de paseos románticos bajo la exuberante vegetación tropical repleta de fauna autóctona. Un paisaje que también podrás recorrer en un crucero único a través del Canal de Panamá, una obra de ingeniería única en el mundo que permite atravesar la selva panameña mientras se disfruta de un paseo irrepetible, aderezado con la música y la gastronomía locales.

Del Caribe al Pacífico, en sólo cuatro horas

Una de las ventajas de viajar a Panamá es que se pueden conocer diversos pueblos, playas e islas recorriendo pocos kilómetros, marcados por las particularidades de Pacífico y el Caribe.

Canal de Panamá, una obra de ingeniería única en el mundo que permite atravesar la selva panameña

En la costa caribeña, en la provincia de Chiriqui, se puede visitar un volcán dormido, el Barú, el más alto del sur de Centroamérica y la zona más alta del país, un mirador privilegiado desde donde se puede ver el Pacífico y el Caribe, y que es posible escalar si eres un deportista experimentado. Pero si se elige una experiencia más relajada, Boca Chica, en el golfo de esta provincia, cuenta con playas de arena blanca, perfectas para el buceo o el snorkeling, que se pueden disfrutar en alojamientos como el Hotel Bocas del Mar, situado en el acceso al Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí, hogar de ballenas y delfines.

También en el litoral del Caribe se encuentra el pueblo de Portobelo, puerto histórico en el que se conserva un conjunto de fortificaciones españolas de los siglos XVII y XVIII, declaradas Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, que miran hacia su espectacular bahía, un lugar ideal para el snorkel y el buceo, que también se pueden practicar en la pintoresca Bocas del Toro, rodeada de playas desiertas, arrecifes de coral y un pequeño archipiélago, reserva marina desde la que se pueden avistar delfines (que pueblan una bahía que lleva su nombre) y tortugas (en la Playa de Bluff), bucear o nadar con peces de colores en la isla Escudo de Veraguas.

El Caribe es también la cuna de una de las poblaciones autóctonas panameñas, Guna Yala, como también se conoce la comarca formada por las 365 islas del archipiélago de San Blas, donde residen los aborígenes, artífices de la conservación de la cultura y tradiciones y de la riqueza natural de la zona, en la que viven tortugas y otras especies en sus prístinas aguas idóneas para la práctica de buceo y snorkel o deportes náuticos, y despensa privilegiada de la gastronomía basada en el marisco local. En este enclave es posible integrarse más si cabe con la cultura local, conviviendo con los Guna y experimentando su modo de vida y costumbres.

En la costa caribeña, en la provincia de Chiriqui, se puede visitar un volcán dormido, el Barú

También es posible explorar el folklore panameño en el litoral pacífico, en los pueblos y las playas isleñas de la provincia de Santos, cuna de uno de los carnavales más importantes de la región, y destino predilecto para surfistas y aficionados a los deportes acuáticos, que cuenta con Playa Venao entre sus atracciones más conocidas, un enclave tropical rodeado de selva, cascadas y senderos que conducen a las islas rocosas de Los Frailes, ideales para la pesca. Los Santos también son el hogar de aves y especies marinas; así, el Parque Nacional Isla Cañas alberga una reserva de tortugas, mientras que en el Parque Natural de Isla Iguana conviven aves fragatas con ballenas y delfines, que residen de forma permanente o que pasan por sus costas en su ruta migratoria.

La cercana provincia de Veraguas es también un templo del surf y el turismo de aventura: la playa de Santa Catalina es uno de los sitios favoritos de los amantes de las olas, y uno de los mejores puntos para surfear en el mundo, desde donde se puede acceder, en barco, al Parque Nacional de Coiba, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y excelente lugar para el avistamiento de ballenas o la práctica de buceo o snorkel.

En las aguas abiertas y salvajes del Pacífico se encuentra el Archipiélago de Las Perlas, un santuario de flora y fauna marinas, que atrae a amantes de la pesca deportiva, el buceo, los kayaks y el avistamiento de ballenas, delfines y tortugas donde, además, se puede practicar senderismo y dar largos paseos en bicicleta, haciendo paradas en sus restaurantes y bares típicos.

Y es que la ubicación privilegiada de Panamá, conforma diferentes paisajes que recorren desde selvas, valles, pueblos y montañas, hasta cientos de islas en ambas costas que prometen playas paradisíacas. Todo esto aderezado con la gastronomía más auténtica y un patrimonio histórico de gran valor, que convierten a Panamá en un destino mágico con infinitas posibilidades.

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