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Seguir los pasos de Galdós por el País de Don Quijote

Plaza de El Toboso
Redacción | Martes 30 de marzo de 2021

¿Qué tienen que ver Cervantes y Galdós además de ser grandes escritores?

Pues algo más que ese escritura, porque si Cervantes escribió Don Quijote de la Mancha, Galdós se inspiró y mucho en las tierras manchegas para sus obras…

Escritores y artistas han mantenido una relación de enamoramiento con tierras manchegas a lo largo de los siglos

Y es que escritores y artistas han mantenido una relación de enamoramiento con tierras manchegas a lo largo de los siglos, inspirados por unos paisajes y gentes que saben bien cómo seducir a quienes les visita. Y así sucedió con Galdós. Gran apasionado del mundo manchego, de su mano te proponemos viajar al País del Quijote, un destino muy novelesco, y descubrir los lugares que inspiraron muchas de sus obras y Episodios Nacionales.

La Mancha es a Cervantes como Romeo y Julieta a la italiana Verona. Y sin embargo su relación no fue exclusiva. La Mancha ha seducido a muchos grandes nombres de la literatura en el curso de los años, nacionales y extranjeros. Entre ellos, a Benito Pérez Galdós, Una de las figuras más relevantes no sólo del siglo XIX, sino de la historia de la literatura en lengua española, fallecido hace 100+1 años.

El universo galdosiano también bebió, y mucho, de La Mancha, fruto del enamoramiento del escritor con las tierras manchegas. Un destino al que apodó “solar literario de España”, pues “Manchego es el primer libro de nuestra literatura”. Un destino que le despertó infinita curiosidad, siendo origen de esa obra cumbre que es Don Quijote de La Mancha, que tanto estudió. Un destino que descubrió y amó desde esa veneración cervantina y al que viajó habitualmente, encontrando en él la inspiración para personajes y situaciones que recreó en sus novelas y Episodios Nacionales.

Galdós: un canario que amaba La Mancha
El País del Quijote no sólo es del Quijote: también es de “Fortunata y Jacinta”, de “El Doctor Centeno”, “La Desheredada” y de tantos personajes que llenan los Episodios Nacionales. Leyendo sus páginas con detenimiento no solo encontramos similitudes cervantinas en tramas e intrigas, también hallaremos muchos quijotes y sanchos.

Seguir los pasos de Benito Pérez Galdós por La Mancha y descubrir y conectar eso que deslumbró tanto al escritor como para llevarlo a su obra, es un viaje altamente inspirador. Un viaje costumbrista, paisajista, literario y, sobre todo, cien por cien evocador, que empieza en Alcázar de San Juan, en Ciudad Real.

Los pasos de Galdós en Alcázar de San Juan parten de la estación, que le recibió no una, sino varias veces, después de esa primera visita que realizó en 1862, cuando el escritor llegó a la Península desde su Canarias natal. Iba a Madrid a estudiar leyes y tras desembarcar en Cádiz y viajar a Córdoba, llegó a Alcázar. Un viaje que le permitió conectar con el paisaje manchego, de llanuras infinitas, cielos despejados, sol fuerte y noches diáfanas. La Mancha de molinos, de viñedos, de gente afanosa en el campo, de pueblos blancos. La Mancha pintoresca que le enganchó al primer impacto y a la que volvió de forma habitual desde su residencia en Madrid. La Mancha que le regaló grandes amigos, como el pintor alcazareño Ángel Lizcano, que ilustró algunas de sus obras, o Antonio Nuño de la Rosa, “el Caballero del Verde Gabán” como lo llamaba Galdós, natural de El Toboso.

El País del Quijote no sólo es del Quijote: también es de “Fortunata y Jacinta”, de “El Doctor Centeno”, “La Desheredada” …

El tren trajo varias veces a Galdós a La Mancha desde Madrid, siendo Alcázar en aquella época un importante núcleo ferroviario. Por eso no es de extrañar que la hoja de ruta de Galdós en el País del Quijote arranque en esa misma estación, elemento fundamental de sus viajes y, también, en la historia de la ciudad.

Y es que si la villa de Alcázar alcanzó el estatus de ciudad fue gracias al tren (y los viajes del rey Alfonso XII a la costa, que inevitablemente pasaban por aquí). Y gracias al tren no sólo llegó Galdós, también otros ilustres nombres como el danés Hans Christian Andersen, el célebre autor de cuentos como “La Sirenita” o “El patito feo”, y de la que también hablaría en su obra.

Pero volviendo a Galdós. Junto a la estación, otro de los elementos clave de sus viajes fue la Fonda de Alcázar. Se construyó antes de 1890, para hacer a los viajeros más fácil la espera y, Galdós, como buen viajero en La Mancha, también pasó muchos momentos de “madrugá, espera y chocolate”, según sus propias palabras. Un lugar especial para él, que se ganó un lugar propio en su vida y en su obra, siendo relatada en “Fortunata y Jacinta”.

Desde Alcázar, Galdós inició muchos viajes a El Toboso, esa villa que El Quijote situó en el mapa mundial como patria de Dulcinea, la amada del hidalgo. Y, si bien El Toboso está indisolublemente vinculado a la célebre doncella, no solo de ella es ciudad natal. Benito Pérez Galdós amó esta localidad, que tantas veces paseó y en la que tantos amigos tenía, como Antonio Nuño de la Rosa, en cuya casa tantas veces se alojó. Y por ello no es de extrañar que algunos de sus personajes fueran de aquí, como, por ejemplo, Alejandro Miquis, protagonista de “El Doctor Centeno” (1883). Un iluso estudiante que sueña con el éxito como autor teatral, un pseudo quijote que en vez de arrepentirse de sus errores como haría aquél, reivindica unos ideales antagónicos con el buen sentido. Y no es el único personaje quijotesco de la novela…

Pero del Toboso a Galdós no sólo le enamoraron sus gentes, sus calles, sus costumbres. También le conquistaron sus vinos y sus quesos, un amor no exclusivo del escritor, pues es habitual que los viajeros caigan rendidos a ellos.

Desde Alcázar, Galdós inició muchos viajes a El Toboso, esa villa que El Quijote situó en el mapa mundial como patria de Dulcinea

Continuando su camino, el recorrido de Galdós por La Mancha nos lleva a Argamasilla de Alba, como recogen múltiples testimonios y libros de sus viajes, que hablan del paso del escritor por Calatrava, Consuegra, Daimiel, Herencia, Horcajo, Almagro, Valdepeñas, Argamasilla… por citar algunas de sus alusiones.

Como gran admirador de la obra cervantina que era, es de imaginar que visitara la Cueva de Medrano, catedral de la literatura universal, con más de cuatro siglos de historia, lugar de devoción para todo amante de las letras. Es el lugar donde Miguel de Cervantes estuvo preso y cuyas paredes, impregnadas aún de magia, musas y leyenda, le inspiraron para concebir al ingenioso hidalgo y dar rinda suelta a sus devenires, hasta crear la obra más importante de la lengua castellana: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Un maravilloso hecho que coloca a Argamasilla en el “kilómetro cero” de La Mancha, además de ser uno de los más importantes cruces de caminos del siglo XVI.

Así también la pasión cervantina que adolecía Galdós mandaba alcanzar la sierra de los Molinos de Campo de Criptana para imaginar la más famosa batalla jamás librada en nuestra literatura: la de Don Quijote contra los Gigantes.

Gran batalla, grande Don Quijote. De él, de Don Quijote, Galdós dijo que no se entendía su grandeza “sino en la grandeza de La Mancha”. “En un país montuoso, fresco, verde, poblado de agradables sombras con lindas casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, Don Quijote no hubiera podido existir y habría muerto en flor, tras la primera salida, sin asombrar al mundo con las grandes hazañas de la segunda”. Pero Don Quijote es a La Mancha y sus molinos, sus llanuras, sus caminos, sus pueblos y sus gentes. Y por eso no hubo una segunda hazaña, sino unas cuantas, para asombrar, aún hoy, a quien las lee y sigue sus pasos hasta el país que las vio vivir.

La ruta de “Galdós en la Mancha” es un inspirador viaje de homenaje y cariño a uno de los mejores escritores del siglo XIX, que se puede hacer con Don Quixote Tours. Se trata de una sugerente propuesta de viaje con recorrido por los municipios del País del Quijote que inspiraron a Galdós y le acogieron en sus viajes, así como los escenarios fundamentales que inspiraron sus personajes y su obra. Asimismo, la ruta está ilustrada con menús literarios.

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