CULTURALES

Carnaval de Venecia

Redacción | Viernes 06 de febrero de 2015
Le quitamos la máscara al carnaval más misterioso y elegante de toda Europa, bienvenidos al carnaval de Venecia.

El carnaval veneciano, que tiene una muy antigua y fantasiosa tradición, data del siglo XI. Nació por y para el pueblo, muy distinto de esos carnavales que son el producto costoso y artificioso de una máquina organizativa, a los cuales se asiste con alegría pero sin participar. Durante la República, el carnaval, que empezaba el día de San Esteban, era asunto de estado, ya que proporcionaba a la ciudad gran cantidad de monedas de oro, y tenía tanta importancia que, cuando el Dux Paolo Renier tuvo el mal gusto de marcharse al otro mundo el 13 de febrero de 1789, su muerte se ocultó hasta el 2 de marzo para no turbar el carnaval.
También el teatro sirve para entender el carácter de los venecianos. Sería un error pensar que el gobierno de los Duces promovió con gran interés el carnaval sólo para que les lloviera dinero del extranjero. Para la administración era lo más importante. Pero el carnaval era un modo de reforzar los intentos democráticos en una sociedad paradójicamente dominada por la aristocracia. La máscara anulaba las distancias sociales. Bajo las máscaras resultaban irreconocibles el procurador de San Marco y el obrero del arsenal, la dama de cuna noble y la posadera. La llevaban incluso el nuncio apostólico y el padre guardián de los capuchinos. Con ella los embajadores extranjeros eran libres por una vez de hablar con cualquiera, sustrayéndose a la vigilancia de la policía. Todo el mundo iba enmascarado, desaparecen las barreras. y, como se ve en un famoso cuadro de Longhi, las máscaras entraban incluso en los conventos. En la Pinacoteca Querini Stampalia (cuadros de Gabrielle Bella), está la ilustración de los carnevales pasados, con la exhibición del león y del hipopótamo, las tauromaquias, los funámbulos, los adivinos, los polichinelas y los arlequines. La aspiración del hombre a disfrazarse es tan vieja como el mundo, comenzando por las máscaras rituales de los pueblos primitivos. En Europa, las máscaras carnavalescas aparecieron por primera vez en Venecia en 1295.
No resulta arbitraria la importancia de la influencia del carnaval en la mentalidad de los venecianos, y contamos para ello con una prueba sorprendente. Desde el siglo XIV, a medida que las glorias de la “Serenissima” se traducían en riquezas inestimables, el carnaval nacido en las plazas y plazuelas encontró acogida en los teatros, - en ciertos períodos en Venecia funcionaban más de veinte - y en las casas particulares, donde una fiesta seguía a otra haciéndose cada vez más suntuosas, hasta llegar al punto de provocar repetidas y severas leyes que fueron puntualmente ignoradas. Pero regía una regla que nadie hubiese osado transgredir: la de tener la puerta del palacio siempre abierta, de manera tal que cualquiera pudiera entrar y participar en el baile y eventual banquete, con la condición de que estuviera disfrazado. Tampoco se permitía hacer ningún control sobre la identidad de los que aprovechaban para auto invitarse. La historia no recuerda usos semejantes en ninguna otra ciudad del mundo, y esta inaudita libertad era muy apreciada por los extranjeros, que de esta manera podían salir del aislamiento al que muy a menudo se veían obligados. Era una ocasión espléndida para tejer alguna intriga política o para rastrear informaciones, y el momento más favorable para conseguir abrazos furtivos.

El carnaval comienza con una serie de bailes en la plaza de San Marco y músicos; cómicos callejeros atraen a la multitud a dicha plaza. El carnaval de Venecia es el más bello; los venecianos aman los adornos vistosos y tienen el gusto oriental por el lujo y el exhibicionismo. En el carnaval se suspendían las leyes que prohibían el uso de encajes caros y ostentosos. No hay un día en el que las calles no se llenen de espectáculos, procesiones, bailes y festines. Sobre las fachadas de los palacios se despliegan tapices, mientras las gentes rivalizan en la riqueza de sus atuendos. Hay bailes y operetas en los “campi”, pasteles típicos en las calles, en cualquier esquina se montan números de pantomima y los teatros ofrecen conciertos y representaciones. Trajes clásicos del carnaval: la maschera nobile, arlecchino, colombina, etc. Usan sedas, tules, rasos y terciopelos junto con metales, perlas y diamantes de vidrio. La imaginación es la principal fuente. Junto a la fantasía de las máscaras, la fantasía de los dulces, sencillos porque tienen que durar solo una noche y naturalmente acompañados de un buen vaso de vino del Veneto.

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