Bosques de cuento, paisajes nevados y un fenómeno poco común: un mar Báltico que presenta una salinidad tan baja que incluso las costas se congelan cuando descienden las temperaturas. El invierno no solo convierte a Estonia en un bello espectáculo natural de horizontes blancos, sino también en el escenario idóneo para actividades al aire libre llenas de emoción, retando a los aventureros que no temen al frío.
Deportes acuáticos bajo el punto de congelación
En Estonia, el frío no es barrera para las actividades habitualmente asociadas al verano: no faltan los valientes que practican vela sobre hielo, que transforma las embarcaciones en trineos para permitir deslizarse por la congelada superficie del mar, o el kitesurf de invierno, una curiosa variante de este deporte que cambia las olas por la nieve y puede verse con frecuencia en las playas de Pärnu.
El deporte más extendido, sin embargo, son los baños en aguas gélidas, una práctica que combina la natación en lagos congelados o en el mar helado con el calor de la sauna. Diversas localizaciones de Tallin, como Iglupark o el club de natación Lennusulps, ambos situados en el barrio marítimo de Noblessner, son puntos de encuentro populares para los estonios que practican la natación de invierno. Los principiantes también pueden comenzar por alguno de los muchos balnearios del país, equipados con piscinas de agua fría.
Deslizarse por la nieve entre bosques estonios
Al ser un país de relieves bajos, el esquí de fondo, una modalidad consistente en recorrer distancias largas y llanas, es otro de los favoritos de los estonios. Los alrededores de Otepää, conocida como la "capital de invierno" del país, ofrecen las mejores pistas para esquiadores y snowboarders de todos los niveles, mientras que centros como el Valgehobusemägi, en Kõrvemaa, cuentan con instalaciones para la práctica de esquí alpino. Este último también está preparado para actividades como el snowtubing, que permite hacer el descenso por la pista sobre un gran flotador inflable.
Acelerones para los aficionados del motor
Quienes se sientan atraídos por las carreras entre paisajes nevados y terrenos extremos pueden participar en safaris y pruebas de orientación en jeep como las organizadas en la isla de Saaremaa. Decenas de hectáreas de áreas naturales se convierten en un circuito de terrenos escarpados, desniveles y zonas acuáticas, convirtiéndose en un desafío incluso para conductores experimentados.
A 30 minutos de Tallin, un parque temático dedicado a los vehículos motorizados ofrece la posibilidad de sentirse piloto profesional incluso en pleno invierno. Su circuito de asfalto y grava permite conducir vehículos de rally, con el frío y la nieve aportando un extra de emoción para los que buscan experiencias sobre ruedas fuera de lo convencional.
Disfrutar de los paisajes a vista de pájaro
Una vez explorados los parajes naturales del destino desde la tierra y el agua, es el momento de apreciar toda su belleza desde los cielos. A una hora de la capital estonia, el aeropuerto de Rapla es el destino de los adictos a la adrenalina que deseen practicar paracaidismo en climas invernales. Una alternativa menos extrema, pero igualmente inolvidable, son los vuelos en globo aerostático. Las alturas suman emoción a la serenidad de los parajes estonios, poniendo el broche de oro a un viaje de sensaciones fuertes.