Porque el perro, como nosotros, también sueña…
Lo que sueña un perro es una fábula antibelicista escrita por Marina Seresesky y dirigida por Álvaro Lavín; protagonizada por tres personajes que huyen del horror, que habla del amor a través de la guerra y que mira al futuro con esperanza.
SINOPSIS:
En un claro de un bosque, Cerilla, acompañado por su leal perro, intenta advertir a sus vecinos sobre el peligro inminente de la llegada de la guerra, enfrentándose a su indiferencia y hostilidad.
Mientras, Rabiosa, luchando con sus propias angustias y deseos, considera abandonar a su familia para perseguir su sueño de unirse al circo; y Pequeño, el hijo menor de la familia más poderosa del lugar, intenta suicidarse incapaz de enfrentar su vida en el pueblo.
Estos personajes explorarán sus deseos y temores, enfrentarán decisiones difíciles y revelaciones sorprendentes. La relación especial entre Cerilla y su perro, así como las visiones proféticas del animal, dotarán de un halo de misterio a su lucha por encontrar su lugar en un mundo mutable y hostil.
Lo que sueña un perro: escuchar lo que preferimos no oír
La historia se sitúa en un espacio indefinido, casi onírico, donde varios personajes conviven con la amenaza de una guerra que se aproxima. Cerilla, acompañado por su perro, intenta advertir del peligro, pero su voz choca una y otra vez contra la incredulidad, el cansancio o la negación de quienes le rodean. A su alrededor, otros personajes sueñan con huir, con empezar de nuevo, o simplemente con no tener que mirar de frente lo que se avecina. El perro —figura silenciosa, leal y observadora— se convierte en un símbolo poderoso: el único que parece capaz de soñar un mundo distinto mientras los humanos se paralizan.
La puesta en escena huye del realismo y apuesta por una estética sugerente, donde el teatro de objetos, el trabajo corporal y el uso del espacio crean una atmósfera frágil y profundamente humana. No se muestran bombas ni disparos, pero la amenaza es constante. Todo sucede en el plano de la espera, de la intuición, del “algo va a pasar”. Esa tensión sostenida es uno de los grandes aciertos del montaje.
Crítica y valoración
Lo que sueña un perro no busca conmover desde el impacto, sino desde la persistencia. Es una obra que se infiltra poco a poco, que no grita, pero tampoco tranquiliza. Su mayor virtud es la coherencia entre forma y fondo: hablar de la guerra desde la metáfora, desde lo poético, es también una forma de denunciar cómo la violencia se vuelve abstracta cuando dejamos de mirarla de frente.
En algunos momentos, la densidad simbólica puede exigir un esfuerzo adicional al espectador, especialmente para quien espere una narración más explícita. Sin embargo, esa exigencia forma parte del pacto que la obra propone: no dar respuestas claras, sino abrir preguntas incómodas. ¿Qué hacemos cuando sabemos que algo terrible se aproxima? ¿Escuchamos al que avisa o preferimos seguir soñando otra cosa?
La obra deja una sensación extraña al terminar, una mezcla de belleza y desasosiego que acompaña al espectador más allá de la sala. Lo que sueña un perro es un recordatorio de que, a veces, la lucidez no está en los discursos grandilocuentes, sino en las voces pequeñas, obstinadas y aparentemente ingenuas… esas que, como los perros, siguen soñando incluso cuando todo invita a rendirse.
Autora: Marina Seresesky
Director: Álvaro Lavín
Intérpretes: Elvira Cuadrupani, Iván Villanueva y Rafael Reyí.
HASTA EL 14 DE FEBRERO