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El Gran Rollo de Isaías, expuesto íntegro en el Santuario del Libro

Redacción | Martes 24 de febrero de 2026

Con motivo del 60.º aniversario de la creación del Santuario del Libro y del Museo de Israel, el museo presenta hasta el 6 de junio una exposición excepcional: el Gran Rollo de Isaías desplegado en toda su longitud, 7,17 metros de pergamino que constituyen uno de los mayores tesoros arqueológicos y bíblicos del mundo.

Datado hacia el año 125 a. C., el manuscrito tiene aproximadamente 2.200 años de antigüedad y es el único texto bíblico antiguo completo conservado hasta la fecha. Contiene los 66 capítulos del Libro de Isaías, distribuidos en 54 columnas escritas sobre 17 hojas de pergamino cosidas con hilos de lino. Su estado de conservación es extraordinario.

Del hallazgo fortuito al tesoro nacional

El rollo fue descubierto en 1947 por pastores beduinos en una cueva del desierto de Judea, en el área de Qumran, en la ribera norte del mar Muerto. Según una de las versiones más difundidas, el hallazgo se produjo mientras buscaban una cabra perdida; al lanzar piedras al interior de la cueva, escucharon el sonido de cerámica rompiéndose. Aquella casualidad dio inicio a uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX: los Rollos del Mar Muerto.

Los beduinos, ajenos al valor histórico de los manuscritos, intentaron venderlos en Belén. Parte de los rollos fue adquirida por el arzobispo sirio Atanasio Samuel, mientras que otros llegaron a manos del profesor Eliezer Lipa Sukenik, uno de los fundadores del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

El contexto era especialmente convulso: finales del Mandato Británico, tensiones crecientes y violencia en las calles de Jerusalén. El 29 de noviembre de 1947, el mismo día en que la ONU votaba el plan de partición, Sukenik viajaba a Belén para examinar los manuscritos. En su diario escribiría poco después: “Temo que aquí haya uno de los descubrimientos que nunca siquiera esperábamos”.

Un periplo internacional

En 1954, cuatro de los rollos fueron puestos a la venta mediante un discreto anuncio en el Wall Street Journal. Finalmente, gracias a una compleja operación y al apoyo financiero de benefactores privados, los manuscritos regresaron a Israel.

En 1965 abrió sus puertas el Santuario del Libro, concebido específicamente para albergar y proteger los rollos en condiciones óptimas de conservación. Desde entonces, el Gran Rollo de Isaías se ha convertido en una de las piezas centrales del museo y en un símbolo cultural de primer orden.

La exposición: el manuscrito como objeto vivo

La actual muestra propone una mirada renovada. Por primera vez desde su descubrimiento, el rollo se examina en profundidad como objeto arqueológico: los materiales empleados, el proceso de preparación del pergamino, las técnicas de escritura y las marcas que evidencian su uso antes de ser ocultado en la cueva.

El recorrido museográfico sumerge al visitante en el paisaje del desierto —luz intensa, acantilados desnudos y silencio mineral— y recrea el ambiente de la cueva donde permaneció oculto durante siglos. Mapas, documentos históricos y material audiovisual contextualizan su hallazgo y su azaroso viaje hasta Jerusalén.

Un facsímil ampliado permite observar detalles paleográficos, correcciones, añadidos y particularidades del texto. Estudios recientes, apoyados en tecnologías avanzadas e inteligencia artificial, continúan analizando si el manuscrito fue obra de uno o de dos escribas.

Un texto fundamental para dos tradiciones

En las cuevas de Qumrán se encontraron cerca de veinte copias del Libro de Isaías, lo que confirma su relevancia en la comunidad judía del período del Segundo Templo. Sin embargo, el Gran Rollo es el más antiguo y el único que conserva el texto íntegro.

Isaías ocupa además un lugar central en la tradición cristiana, al incluir pasajes interpretados como profecías mesiánicas. Expresiones como “Voz que clama en el desierto”, “El lobo habitará con el cordero” o “Forjarán sus espadas en arados” forman parte del imaginario cultural universal.

Exhibir el manuscrito original —anterior en aproximadamente mil años a los textos bíblicos conocidos hasta su descubrimiento— permite comprender la continuidad de la tradición bíblica y constituye un puente tangible entre el mundo antiguo y la cultura contemporánea.

La exposición culmina con la contemplación del rollo extendido en toda su magnitud: una experiencia impactante que invita a observar de cerca la antigua escritura hebrea, sorprendentemente cercana a la actual, y a conectar con un texto que ha moldeado durante milenios la historia espiritual y cultural de Occidente.

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