A pocos pasos del Barrio de las Letras, en los aledaños de la Plaza Mayor, se encuentra uno de los rincones más literarios de Madrid: el Restaurante Botín. Testigo de la historia de la capital, lugar de encuentro de artistas, intelectuales, pensadores y escritores, y escenario de pasajes de célebres novelas a lo largo de 300 años, Botín se erige, por su bagaje, en el restaurante de referencia para conmemorar el próximo Día de Libro, el 23 de abril.
La idea resulta irresistible: pasear por las mismas calles que recorrieron los grandes nombres del Siglo de Oro: Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Calderón, para acercarse hasta Botín y degustar allí las viandas que deleitaron a Benito Pérez Galdós, Ramón Gómez de la Serna, Ernest Hemingway o Graham Greene, cocinadas en el mismo horno de la misma manera desde hace tres siglos. Una presencia e influencia que llegan hasta este mismo siglo, con menciones en textos de autoras contemporáneas tan reconocidas como María Dueñas o Soledad Galán.
En Botín, considerado el restaurante más antiguo del mundo, cochinillo y cordero brillan como estrellas de la carta; platos venerados por ilustres figuras literarias nacionales e internacionales. Asados que conviven con otras muchas preparaciones igualmente deliciosas de la cocina tradicional española; guisos y pescados, entrantes y postres, todos cocinados con la misma sabiduría centenaria y el mismo amor por el buen hacer de la gastronomía clásica y los grandes vinos españoles.
Botín aparece en muchos textos que ensalzan su cocina, servicio y ambiente. Novelas inolvidables, conmovedores poemas, sainetes castizos e ingeniosas greguerías: entre todos ellos destaca, por ser este año su centenario, la novela “Fiesta” de Hemingway, una de las cumbres literarias del siglo XX y de las más obras más apreciadas en la trayectoria del premio Nobel estadounidense. Como es bien sabido, Hemingway fue asiduo y gran prescriptor del Restaurante Botín.
En palabras de José González, director y miembro de la familia propietaria del restaurante, “Siempre recibimos con gusto a cualquier amante de la cocina y de la literatura. A Botín uno viene a comer, pero también a impregnarse de cultura y cómo no, a inspirarse para la escritura y para la vida, que al final se parecen mucho entre ellas”.