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Las que gritan: cuatro voces, cuatro heridas y pocas verdades compartidas

Redacción | Viernes 03 de julio de 2026

Vuelve por tercera temporada la obra LAS QUE GRITAN, que se puede ver en el Teatro Maravillas por tiempo limitado sólo a ocho semanas.

“Esta obra surgió como un juego con mi querido amigo Antonio Rincón-Cano, con el que la he coescrito y es un homenaje a las mujeres de nuestras vidas y nació como un canto a la vida.

Hace dos años que estrenamos y llegamos a esta tercera temporada gracias a Smedia que nos ha acogido aquí en este teatro. Y nos dimos cuenta de que este juego, que hicimos con este texto que empezó como algo muy íntimo, muy divertido como un homenaje a nuestras mujeres, eso ha traspasado y ha adquirido una envergadura que no nos imaginábamos.

Y cuando llegas a una tercera temporada hay algo que toca la fibra en esta obra, que es una comedia aunque con temas bastante duros, porque en la vida misma siempre hay mucho drama en la comedia y mucha comedia en el drama.

En esta montaña rusa que veréis con ‘Las que gritan’, que gritan a la vida, que gritan a la libertad, por ser libres y reencontrarse con ellas mismas.”

Así lo explicaba el director, José María del Castillo, en la presentación a los medios de esa tercera temporada (por tiempo limitado) de LAS QUE GRITAN, que en esta ocasión esta protagonizada por Soledad Mallol, Mariona Terés, Marina San José, Rocío Marín y Laia Alemany.

Las que gritan: cuatro voces, cuatro heridas y pocas verdades compartidas

Hay obras que hacen reír. Otras emocionan. Y algunas consiguen ambas cosas mientras colocan al espectador frente a un espejo. Las que gritan, que acaba de inaugurar su tercera temporada en el Teatro Maravillas, pertenece a esta última categoría. El éxito de la función, que regresa este verano en una temporada limitada de ocho semanas, confirma que sigue conectando con un público que encuentra en ella una mezcla de humor, emoción y reflexión.

La propuesta parte de una premisa sencilla, pero de enorme fuerza dramática: cuatro mujeres de una misma familia se enfrentan a sus silencios, sus reproches, sus miedos y también a la posibilidad de reconciliarse consigo mismas y entre ellas. A partir de ahí, la obra transita con soltura entre la comedia y el drama, demostrando que ambas emociones pueden convivir sin estorbarse.

Uno de los grandes aciertos de la función reside, sin duda, en el trabajo de sus cuatro protagonistas. Cada una construye un personaje con identidad propia, evitando los estereotipos y aportando matices que enriquecen el conjunto. El equilibrio interpretativo es admirable: ninguna busca imponerse sobre las demás y precisamente esa generosidad hace que la historia fluya con naturalidad. Los momentos de humor nacen de la verdad de los personajes, mientras que las escenas más íntimas encuentran el tono justo, sin caer en el exceso melodramático.

La química entre las cuatro actrices resulta evidente desde el primer momento. Se escuchan, se sostienen y hacen creíble una relación familiar llena de heridas abiertas, pero también de afecto. Esa complicidad termina siendo uno de los mayores valores de la representación.

La dirección mantiene un ritmo ágil durante buena parte del espectáculo y sabe alternar los instantes de mayor ligereza con otros de intensa carga emocional. No obstante, hay algunos pasajes donde el texto parece insistir en ideas que ya han quedado suficientemente planteadas. Esa ligera reiteración provoca que la acción pierda algo de tensión durante unos minutos antes de recuperar con fuerza el pulso hacia el desenlace.

También puede dar la sensación de que determinados conflictos secundarios merecerían un mayor desarrollo o una resolución más profunda. Sin embargo, estas pequeñas irregularidades no empañan el resultado final, ya que la honestidad de las interpretaciones consigue sostener incluso esos momentos menos inspirados.

El público respondió con numerosas carcajadas, silencios cargados de emoción y una cálida ovación final que confirmó la buena acogida de esta nueva temporada. No es difícil entender por qué Las que gritan sigue encontrando espectadores tres temporadas después de su estreno: habla de relaciones familiares imperfectas, de la dificultad para comunicarse y de la necesidad, casi siempre aplazada, de decir en voz alta aquello que durante años se ha callado.

En definitiva, Las que gritan continúa siendo una propuesta sólida, entretenida y emocionalmente honesta. Una función que encuentra su mayor fortaleza en el extraordinario trabajo coral de sus cuatro protagonistas y que, pese a algunos momentos donde el texto pierde algo de intensidad, mantiene intacta su capacidad para divertir, emocionar e invitar a la reflexión.

Un regreso que confirma que todavía quedan muchas cosas por gritar... y muchas razones para escuchar.

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