El verano atlántico tiene sus propias reglas. En la capital grancanaria, los vientos alisios que soplan del noreste durante los meses de julio y agosto suavizan las temperaturas —la media ronda los 25 grados— y hacen de la ciudad un lugar donde la vida en la calle no entiende de horarios restringidos. En Las Palmas de Gran Canaria, llevan meses haciendo lo que el verano invita a hacer. Lo que llega en julio y agosto no es un cambio de costumbres, sino una versión más intensa de las mismas.
El centro de todo y una de las ‘culpables’ de vivir sin limitación horaria es la playa de Las Canteras. Protegida por La Barra, una formación natural rocosa que convierte sus aguas en una laguna tranquila, es una de las mejores playas urbanas de Europa y el verdadero eje de la vida en la ciudad.
Por la mañana de los fines de semana, los botes de vela latina trazan sus rutas en la bahía: el deporte más arraigado de la capital desde principios del siglo XX, con una vela de tres puntas que se prolonga a lo largo de toda la eslora y que exige a los navegantes una técnica muy precisa. Al mediodía, Las Canteras es mesa y mantel: restaurantes y terrazas donde el tiempo se alarga sin que nadie lo fuerce. La tarde regala un ambiente envidiable acompañada de una puesta de sol que es testigo de partidos de vóley playa y de músicos que encuentran su escenario frente al océano. Cuando cae la noche, las terrazas siguen abiertas y la conversación continúa. Y es que, en Las Palmas de Gran Canaria, si algo sucede en verano, sucede en Las Canteras.
La música es otra de las constantes de la ciudad. Las Palmas de Gran Canaria mantiene durante todo el año una agenda cultural de alta intensidad, por ejemplo, con el Auditorio Alfredo Kraus —situado al borde de Las Canteras, donde la música y el Atlántico comparten escenario— como uno de sus espacios más emblemáticos. Este julio, el Festival Internacional Canarias Jazz & Más celebra su 35 edición con Jacob Collier y la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, entre otros célebres nombres, algo que ya es habitual para los habitantes grancanarios.
Y luego está la noche del 9 de agosto, una de las más emblemáticas de la ciudad. El barrio de San Lorenzo, en la zona más elevada de la ciudad, fue un pueblo independiente hasta hace menos de un siglo y cada agosto recupera esa identidad propia. El gran momento cumbre es la noche de San Lorenzo, con un espectáculo de fuegos artificiales a modo de volcanes en erupción, de media hora, que congrega a unas 60.000 personas (de hecho, están reconocidos desde 2022 como Fiesta de Interés Turístico de Canarias).
Pero San Lorenzo no es solo una noche: es el ejemplo más claro de algo que define a esta ciudad. Los grancanarios no necesitan una ocasión especial para quedarse en la calle hasta tarde, para alargar una conversación sin mirar el reloj o para improvisar un plan que no estaba previsto.