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Monastir, un rincón de esencia árabe frente al mar

Redacción | Jueves 28 de julio de 2016

Por su magnífico emplazamiento, Túnez se ha convertido en un país de gran valor turístico, caracterizado por su amplia y diversa oferta al visitante. Lugares emblemáticos, como Monastir, donde se puede disfrutar de vestigios históricos, magníficas playas, un pintoresco puerto pesquero, y de una rica paleta de colores donde el blanco brillante de los edificios modernos contrasta con el ocre de las viejas murallas.



En el extremo meridional del golfo de Hammamet (ubicado en la costa noreste de Túnez) se encuentra Monastir, un pequeño pueblo de pescadores, con un rico pasado histórico, donde los magníficos monumentos antiguos se integran hoy en día con un urbanismo marcadamente moderno. Esta levantado sobre un cabo que se sumerge en aguas de color turquesa, y goza de un clima suave que permite disfrutar, todo el año, de un baño en sus excelentes playas de arena fina como las de Skanès y Dkhila, en las qu se pueden realizar numerosas actividades acuáticas como windsurf, submarinismo y paseos en barcos desde los que admirar la belleza de un litoral azul sembrado de islas e islotes.

El patrimonio histórico es uno de sus grandes atractivos turísticos

Las calles de Monastir albergan una vibrante actividad donde impacta la fuerza del legado histórico y la tranquila permanencia de las tradiciones una localidad de aspecto abierto y moderno, que vive bajo la benévola protección de su fortaleza, el Ribat, uno de los más impresionantes monumentos de Túnez, se trata de una fortaleza musulmana del siglo VIII. En la actualidad, está considerado uno de los monumentos más impresionantes y alberga en su interior un museo islámico, donde pueden admirarse manuscritos y estelas grabadas, entre otros.

Junto al Ribat se alza la Gran Mezquita, del siglo IX, con su sorprendente galería porticada de arcos apuntados, apoyada sobre columnas que son ruinas romanas de Ruspina, antiguo nombre de Monastir. Al norte del Ribat se encuentra el cementerio de Sidi el Mezeri, donde causa expectación el mausoleo de la familia Habib Bourguiba. El edificio es un monumento admirable por su cúpula dorada y sus dos esbeltos minaretes.

El patrimonio de la región también se demuestra en los trajes de fiesta tradicionales, completamente bordados con lentejuelas e hilo dorado, que se exponen en el Museo de las Artes y Tradiciones Populares.

Monastir vive bajo la benévola protección de su fortaleza, el Ribat

En torno a una extensa explanada de reciente creación, varios monumentos antiguos relatan la historia de la ciudad. La moderna mezquita de Bourguiba, construida en 1963, ha respetado la arquitectura tradicional y cuenta con 19 puertas de madera de teca labrada ante las que detenerse para observar la gran labor de los artesanos. En este templo se honra el recuerdo de un primer presidente del Túnez independiente, natural de Monastir.

Para conocer Monastir es necesario visitar su animado bazar –donde comprar algún recuerdo y productos locales–, el puerto pesquero, los pintorescos barrios de pasajes abovedados y sus callejones cargados de fragancias. No podemos olvidar impregnarnos de la rústica sencillez de los modos de vida de los tunecinos, poniendo especial atención en la originalidad de sus trajes y joyas beduinas.

Memoria

Ruspina, ciudad antigua defendida por sólidas murallas, que además sirvió de punto de apoyo a la campaña africana de Julio César, debió de adquirir un gran prestigio en la Edad Media como lugar de retirada mística, bajo el nombre de Monastir. Fue, en efecto, con la construcción de un "ribat", una especie de monasterio musulmán fortificado, cuando la ciudad tomó un nuevo impulso.

El edificio se fundó en el siglo VIII y luego fue remodelándose a lo largo de los siglos para acabar convirtiéndose en un monumento imponente que refleja varios siglos de tradición arquitectónica. Se ha instalado allí un museo islámico, donde pueden admirarse manuscritos, estelas grabadas y, sobre todo, un magnífico astrolabio que data del 927. Este venerable pasado sigue impregnando la ciudad actual.

Otro aspecto del patrimonio de la ciudad es la suntuosidad de los trajes de fiesta tradicionales, enteramente bordados con lentejuelas e hilo dorado, que pueden admirarse en el Museo de las Artes y Tradiciones Populares.

Paseando por las callejuelas pintorescas de los barrios antiguos de Monastir, de pasajes abovedados en callejones cargados de fragancias, descubrirá con admiración un mundo de luces, impresiones, sonrisas y serenidad.

En todo el pueblo late la actividad, el taller del cincelador de cobre junto al gran bazar de alfombras, el minúsculo tenderete del artesano inclinado sobre su obra o el mercado que le acogerá en un torbellino de gritos, efluvios y colores…

Pequeño pueblo de pescadores encajado en un paisaje risueño y generoso, Monastir está rodeado de campos y huertas. Allí se perpetúa un modo de vida inmemorial. De pueblo en pueblo, uno se maravillará con la animación de los mercados, la rústica sencillez de los modos de vida, la originalidad de los trajes y las joyas beduinas.

Un parque de atracciones, Douar Kortine, presenta una puesta en escena de la vida tradicional; una tradición acogedora y rica por sus múltiples raíces.

Vacaciones en Monastir

Monastir acoge a los veraneantes esencialmente en Skanès y Dkhila, dos playas de arena fina que se cuentan entre las más bonitas del litoral tunecino. El lugar está dotado con una hostelería de mucho nivel; los hoteles de lujo están cerca con los clubes familiares, donde habitualmente se ofrece una animación moderna y espectáculos populares.

Le espera un amplio abanico de actividades deportivas gracias a los hoteles y las bases náuticas bien equipados para la vela, el windsurf, el parasailing, las motos acuáticas y otros deportes náuticos.

Disfrutar de sus excelentes playas de arena fina en Skanès y Dkhila

Según sus gustos, también puede practicar el submarinismo, la equitación, el tenis, el tiro con arco, el voleibol playa… Magníficos barcos de paseo le dejarán admirar un litoral azul sembrado de islas e islotes.

Asimismo, podrá pasear por los muelles del magnífico puerto deportivo, donde aficionados a la náutica de todo el mundo se dan cita, y prolongar este paseo a orillas del mar hacia el puerto pesquero y hasta las curiosas grutas de El Kahlia, que se abren a ras de las olas.

Golf, congresos y talasoterapia

Rodeado de dunas con palmeras y de colinas cubiertas de olivares, Monastir tiene dos bonitos campos de golf de 18 hoyos cada uno.

El Flamingo Golf Course encantará a los jugadores veteranos por su recorrido decididamente deportivo y técnico; es sin embargo accesible para todos los jugadores, gracias a las múltiples zonas de salida adaptadas a los distintos niveles.

El Palm Links Golf Course, por su lado, ofrece un recorrido agradable y muchas facilidades para los jugadores deseosos de perfeccionarse: 9 hoyos de escuela y academia con un "practice" completo. Existe otro campo de golf en Port el Kantaoui, solamente a una veintena de kilómetros.

Los congresos son bienvenidos en Monastir, que posee un palacio de congresos y varias grandes salas (de hasta 1.000 asientos) integradas en varios hoteles.

Y si el relax y una puesta a punto son el objeto de su estancia, podrá elegir entre dos centros de talasoterapia, que ofrecen una amplia paleta de cuidados bajo una estricta supervisión médica de acuerdo con la legislación tunecina. A estos hay que añadir varios centros de balneoterapia, que permiten que esta zona turística responda por completo a las expectativas del viajero moderno.

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