Las Palmas de Gran Canaria invita a recorrer la ciudad desde el paladar, uniendo su vocación marinera y mestiza con el tesoro de sus cepas prefiloxéricas.
El día empieza con un bocadillo de pata de cerdo. Es un desayuno característico y extendido de Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad que puede entenderse desde el paladar. Más allá de las icónicas papas arrugadas con mojo, plato icónico de la gastronomía canaria, el destino grancanario puede explicar su cultura e historia a través de un carácter culinario que, en gran parte, puede explicarse mirando al mar.
El puerto de la capital, punto de escala de flotas de medio planeta, convirtió a Las Palmas de Gran Canaria en una de las primeras puertas de entrada en España de la cocina japonesa y coreana. De hecho, el primer restaurante japonés del país, Fuji, abrió en el barrio de Guanarteme, donde hoy en día sigue deleitando comensales.
A ellas se suman otras propuestas asiáticas —china, india, malaya, filipina, nepalí, indonesia—; pero también el indudable legado latinoamericano de los viajes de ida y vuelta —argentina, uruguaya, cubana, venezolana, colombiana, peruana, mexicana— y la cercanía africana que dejan marroquíes y libaneses. Las cocinas europeas, desde la más mediterráneas hasta las nórdicas, completan el mapa gastronómico de una ciudad que reúne cocinas de unos 150 orígenes distintos, y que, al mismo tiempo, venera a su cocina propia y el producto local.
Una cocina diversa y sencilla
El destino grancanario recibe con una carta culinaria que satisface a los paladares más exigentes, con unas recetas variopintas y sobrias, que permiten saborear los matices de la despensa y gastronomía atlánticas. Es difícil pisar Las Palmas de Gran Canaria y no probar su queso Flor de Guía o el gofio en sus mil formas posible, además de una lista de platos que son difíciles de avistar en la península como potaje de berros, caldo de cilantro, sancocho, huevos mole y tortitas de plátano.
El pescado merece capítulo aparte. Cherne, vieja, el bonito o el atún llegan a las mesas de la capital como argumento central de su cocina, tanto en solitario como para integrarlo en sus recetas, como es el caso del cherne sancochado. Para probarlos en su ambiente, el barrio marinero de San Cristóbal es una de las referencias de la ciudad, junto con Las Canteras y el Muelle Deportivo: pescado y marisco a pie de mar. Y para tapear, los barrios de Vegueta y Triana se convierten en la mejor opción. Los cinco mercados de la capital – Central, Vegueta, Altavista, el del Puerto y el Mercado Agrícola San Lorenzo, que abre los domingos – son el refugio gastronómico idóneo no solo para comprar producto fresco y de kilómetro 0, si no para también disfrutar de la cocina de mercado y sus platos; allí, se pueden encontrar desde recetas canarias hasta otros platos internacionales.
El secreto volcánico de la capital
Ningún recorrido por el paladar de Las Palmas de Gran Canaria está completo sin descorchar sus vinos. Para el visitante peninsular, la capital ofrece la oportunidad de descubrir un patrimonio vitivinícola insular único en el mundo: vinos nacidos de cepas centenarias prefiloxéricas y suelos volcánicos, célebres por su carácter salino, fresco y mineral bajo la D.O. Gran Canaria.
Sin salir del municipio, el paisaje urbano se transforma al llegar a las laderas del Monte Lentiscal y el cráter de Bandama, en el distrito de Tafira. Esta zona concentró históricamente el corazón bodeguero de la isla y hoy nutre a las enotecas, tabernas y locales de la capital. Además, cuenta con la singularidad de vivir una de las vendimias más tempranas y prolongadas de Europa —de pleno verano a mediados de otoño—, abasteciendo de varietales como la Malvasía Volcánica o la Listán Negro a las barras de la Ruta del Vino de la ciudad.
Un queso con nombre de flor
Entre los quesos canarios que se catan en Las Palmas de Gran Canaria, el Flor de Guía ocupa un lugar aparte: una de las grandes joyas queseras del archipiélago, con DOP desde 2009. Su singularidad está en el cuajo, que prescinde del fermento animal y se obtiene macerando flores secas de cardo canario. De su proporción nacen tres variedades: el Flor de Guía, cuajado solo con flor de cardo; el Media Flor, que combina flor y cuajo animal a partes iguales; y el Queso de Guía, elaborado únicamente con cuajo animal. Todos, eso sí, con leche de oveja canaria como base, y en los mercados, las mesas de tapas y las queserías de la capital encuentran su mejor escaparate.