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Antakya, un viaje entre civilizaciones, sabores y memoria

Redacción | Lunes 21 de septiembre de 2026

Situada en el extremo suroriental de Turquía, en la provincia de Hatay y muy cerca de la frontera con Siria, Antakya se extiende a orillas del río Asi, el antiguo Orontes, en un valle rodeado de montañas. Su posición geográfica ha marcado desde la Antigüedad el carácter de la ciudad, situada en una de las grandes rutas naturales que conectan Anatolia con el Mediterráneo oriental y Oriente Próximo.

La actual Antakya conserva la memoria de la antigua Antioquía, una ciudad que durante siglos fue escenario del encuentro entre diferentes pueblos, religiones y culturas. Su paisaje urbano combina restos arqueológicos, lugares de culto, mercados tradicionales y barrios que mantienen la huella de una arquitectura mediterránea y oriental. A ello se suma una gastronomía profundamente vinculada a la historia multicultural de Hatay.

Antakya conserva la memoria de la antigua Antioquía, una de las grandes ciudades del Mediterráneo oriental.

Uno de los espacios más representativos es Uzun Çarşı, el histórico bazar que atraviesa el corazón tradicional de la ciudad. Sus calles reúnen pequeños comercios, talleres artesanales, tiendas de especias, dulces y productos locales, creando un ambiente que permite acercarse a la vida cotidiana de Antakya.

Más allá del centro urbano, el entorno de Hatay amplía la experiencia con montañas, bosques, cascadas y paisajes mediterráneos. A poca distancia se encuentran lugares como Harbiye, conocido por sus cascadas y su tradición gastronómica, y Samandağ, en la costa mediterránea, donde el río Asi alcanza el mar y donde se encuentran otros importantes vestigios arqueológicos.

Antakya es hoy una ciudad en transformación. El terremoto de febrero de 2023 alteró profundamente su paisaje urbano y afectó a buena parte de su patrimonio. La reconstrucción avanza con el desafío de recuperar espacios y edificios históricos sin perder la identidad de una ciudad cuya personalidad se ha construido a lo largo de más de dos milenios. Ese proceso convierte actualmente a Antakya en un destino donde la historia, la memoria y la renovación forman parte de un mismo viaje. A orillas del río Asi —el antiguo Orontes— y rodeada de montañas, Antakya se encuentra en el sur de Turquía, en la provincia de Hatay, muy cerca de la frontera con Siria y a pocos kilómetros del Mediterráneo. Su privilegiada localización, en una de las principales encrucijadas históricas entre Anatolia, el Mediterráneo oriental y Oriente Próximo, convirtió a la ciudad en un importante punto de encuentro de pueblos, culturas y religiones a lo largo de los siglos.

La antigua Antioquía fue fundada a finales del siglo IV a. C. por Seleuco I Nicátor y llegó a convertirse en capital de los reyes seléucidas y, posteriormente, en uno de los grandes centros urbanos, comerciales y culturales del mundo romano. Su posición estratégica favoreció además el intercambio entre las distintas civilizaciones que pasaron por este territorio. Durante los primeros tiempos del cristianismo adquirió una relevancia excepcional: fue uno de los principales centros de expansión de la nueva religión y fue en Antioquía donde los seguidores de Jesús comenzaron a ser llamados «cristianos».

Hoy, Antakya y la provincia de Hatay afrontan una nueva etapa marcada por la recuperación de su patrimonio y de su tejido urbano, sin renunciar a una identidad cultural construida durante miles de años. Su legado histórico, la convivencia de diferentes tradiciones religiosas y una gastronomía reconocida por la UNESCO convierten a este territorio del Mediterráneo oriental en uno de los destinos más singulares de Turquía.

Un cruce de civilizaciones

Antakya, capital de la provincia de Hatay, reúne una historia que se remonta a miles de años y que está estrechamente vinculada a su privilegiada posición geográfica. Fundada a finales del siglo IV a. C. por Seleuco I Nicátor, uno de los generales de Alejandro Magno, la ciudad recibió el nombre de Antioquía y llegó a convertirse en capital del Imperio seléucida. Su situación, entre Anatolia, el Mediterráneo oriental y las rutas que comunicaban con Oriente Próximo, favoreció su crecimiento hasta convertirla en uno de los grandes centros comerciales y culturales de la Antigüedad.

Los mosaicos romanos y bizantinos revelan el esplendor que alcanzó la antigua ciudad.

Por sus tierras pasaron y se asentaron diferentes civilizaciones, entre ellas hititas, persas, macedonios, romanos, bizantinos, árabes, selyúcidas, mamelucos y otomanos. Cada una dejó su huella en el territorio y contribuyó a configurar una identidad marcada por el intercambio de culturas, lenguas y tradiciones. Bajo dominio romano, Antioquía alcanzó un especial esplendor y llegó a ser una de las ciudades más importantes del Mediterráneo oriental, solo por detrás de Roma y Alejandría en determinados periodos.

La ciudad también ocupa un lugar destacado en la historia del cristianismo. Antioquía fue uno de los primeros grandes centros de expansión de esta religión y, según la tradición cristiana, fue aquí donde los seguidores de Jesús comenzaron a ser llamados «cristianos». La tradición sitúa además en la ciudad la actividad de San Pedro y de otros apóstoles durante los primeros tiempos del cristianismo.

Entre los testimonios más singulares de este legado se encuentra la Iglesia de San Pedro, un templo excavado en la roca del monte Stauris. Considerada uno de los primeros lugares de culto cristiano de la región, la iglesia conserva una profunda vinculación con la historia de las primeras comunidades cristianas de Antioquía. El enclave forma parte de la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2011, como parte del conjunto de lugares históricos de Hatay.

Mosaicos que cuentan la historia

El patrimonio arqueológico constituye otro de los grandes atractivos de Hatay. Las excavaciones realizadas en Antakya y sus alrededores han sacado a la luz una extraordinaria colección de mosaicos, muchos de ellos pertenecientes a los periodos romano y bizantino. Estas piezas permiten acercarse a la vida cotidiana, las creencias y el gusto artístico de las sociedades que habitaron la antigua Antioquía, y reflejan la importancia que alcanzó la ciudad como centro cultural del Mediterráneo oriental.

Entre los hallazgos destacan representaciones de figuras mitológicas, escenas de la vida cotidiana, composiciones geométricas y motivos vegetales, realizados con una extraordinaria riqueza de colores y detalles. Buena parte de estas obras proceden de antiguas villas y espacios públicos de la ciudad romana, testimonio del nivel de prosperidad que alcanzó Antioquía durante la Antigüedad.

El Museo de Arqueología de Hatay nació precisamente para preservar y mostrar este extraordinario legado. Sus colecciones reúnen piezas procedentes de las excavaciones arqueológicas desarrolladas en la provincia y permiten recorrer diferentes etapas de la historia de Hatay a través de mosaicos, esculturas, cerámicas, monedas y otros objetos. La colección de mosaicos ocupa un lugar destacado y constituye una de las mejores maneras de comprender la dimensión histórica de la antigua Antioquía.

La gastronomía de Hatay, reconocida por la UNESCO, es el resultado de siglos de intercambio cultural.

La historia también se descubre caminando por Uzun Çarşı, el histórico Bazar Largo de Antakya. Sus calles reúnen comercios tradicionales, antiguas posadas, baños, talleres y establecimientos dedicados a productos locales, y durante siglos han sido uno de los principales espacios de actividad comercial de la ciudad. Es un lugar donde la dimensión histórica de Antakya se mezcla con la vida cotidiana y donde todavía pueden encontrarse artesanías, especias, dulces y productos vinculados a la gastronomía de Hatay.

El patrimonio de Antakya, sin embargo, debe contemplarse también desde una perspectiva de futuro. El terremoto que afectó gravemente a la región en febrero de 2023 causó importantes daños en edificios históricos, espacios culturales y barrios tradicionales. La recuperación y reconstrucción de Hatay se ha convertido desde entonces en un proceso de largo recorrido, en el que la conservación de su patrimonio constituye uno de los principales desafíos para mantener viva la identidad de la ciudad.

Una ciudad donde la gastronomía es patrimonio

La gastronomía constituye una de las grandes señas de identidad de Hatay y una de las mejores formas de acercarse a la historia multicultural de Antakya. La provincia forma parte desde 2017 de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO en la categoría de Gastronomía, un reconocimiento que pone en valor una tradición culinaria desarrollada durante siglos a partir del encuentro entre diferentes pueblos, culturas e influencias del Mediterráneo oriental y Oriente Próximo.

La cocina de Hatay se caracteriza por el protagonismo de los productos locales, las especias, las hierbas aromáticas, el aceite de oliva y una combinación de sabores intensos. En sus mercados y restaurantes es habitual encontrar el zahter, una mezcla de hierbas aromáticas en la que destaca el tomillo de la región, que puede utilizarse fresco o acompañado de aceite de oliva; así como preparaciones a base de trigo, carne, verduras y legumbres.

Entre las especialidades más representativas se encuentra el oruk, una preparación de trigo bulgur rellena de carne y especias, relacionada con el kibbeh de otras cocinas de Oriente Próximo. También destacan el tepsi kebabı, elaborado con carne picada y verduras y cocinado tradicionalmente en una bandeja, y diferentes preparaciones de mezze que permiten compartir pequeños platos y descubrir la variedad de la cocina local.

En el apartado de los dulces, el gran protagonista es el künefe, uno de los postres más reconocidos de Hatay. Elaborado con finas hebras de masa, queso y almíbar, suele servirse caliente y constituye uno de los sabores más asociados a Antakya.

Pero la gastronomía de Hatay es mucho más que una sucesión de recetas. En ella se refleja la propia historia de la región: las influencias árabes, mediterráneas, anatolias y de Oriente Próximo conviven en mercados, hogares y restaurantes. Por eso, sentarse a la mesa en Antakya supone también acercarse a una ciudad que durante siglos ha hecho del intercambio cultural una de sus principales señas de identidad.

Más allá de Antakya

El viaje por Hatay permite ampliar la mirada hacia otros enclaves donde la historia y la naturaleza aparecen estrechamente ligadas. A pocos kilómetros de Antakya se encuentra Harbiye, conocida en la Antigüedad como Daphne y famosa por sus cascadas, que descienden entre una vegetación frondosa. El lugar fue durante siglos un espacio de descanso y recreo y conserva además una importante tradición gastronómica, con restaurantes y terrazas integrados en el paisaje.

Desde Harbiye hasta Samandağ, el territorio combina cascadas, montañas, restos arqueológicos y Mediterráneo.

Hacia el Mediterráneo, la ruta conduce hasta Samandağ, una localidad costera situada en la desembocadura del río Asi. En sus alrededores se encuentran algunos de los testimonios arqueológicos más destacados de la provincia, entre ellos el túnel de Titus y Vespasiano, una impresionante obra de ingeniería romana excavada en la roca para desviar las aguas y proteger el puerto de la antigua Seleucia Pieria de las inundaciones. El conjunto se completa con las tumbas rupestres de Beşikli, excavadas en la montaña y vinculadas a la antigua ciudad portuaria.

La costa de Hatay ofrece además una perspectiva diferente de la región, con playas mediterráneas y paisajes naturales que contrastan con los vestigios de las antiguas civilizaciones. Entre ellos destaca la extensa playa de Samandağ, uno de los espacios naturales más reconocibles de la provincia.

Recorrer Hatay permite comprender que Antakya es solo una parte de un territorio mucho más amplio. Aquí, las huellas de las civilizaciones antiguas conviven con montañas, bosques y Mediterráneo, mientras la gastronomía mantiene vivo el legado de una sociedad marcada durante siglos por el intercambio cultural.

Antakya no es, por tanto, únicamente un destino arqueológico. Es una ciudad que resume buena parte de la historia del Mediterráneo oriental y que hoy afronta el reto de recuperar su patrimonio y proyectar hacia el futuro una identidad construida durante más de dos milenios. Viajar hasta Hatay significa acercarse a una tierra donde la memoria no permanece detenida en el pasado, sino que forma parte de su reconstrucción y de su nueva mirada hacia el futuro.

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