TURISMO INTERNACIONAL

Hungría, un viaje arquitectónico entre palacios, iglesias y sinagogas

Redacción | Viernes 02 de octubre de 2026

Una cúpula otomana en mitad de Budapest, un tejado de cerámica de colores sobre la colina de Buda o una fachada modernista cubierta de formas vegetales en Szeged. La arquitectura de Hungría cambia de aspecto de una ciudad a otra y, en ocasiones, de una calle a la siguiente, reflejo de los diferentes periodos y culturas que han dejado su huella en el país.

Con motivo del Día Mundial de la Arquitectura (5 de octubre), el destino pone el foco en ese patrimonio para recorrer algunos de los estilos que mejor explican esta diversidad. Del legado religioso y otomano al historicismo y el Art Nouveau, cada uno permite acercarse a una época distinta de Hungría y reconocerla todavía hoy en sus edificios.

Mil años de arquitectura religiosa

El cristianismo ha dejado su huella en la arquitectura húngara desde la Edad Media y algunos de los conjuntos arquitectónicos más reconocibles del país están ligados a su historia religiosa. En Budapest, la Basílica de San Esteban, coronada por una gran cúpula, forma parte del perfil de la ciudad y ofrece desde su terraza una vista de 360 grados sobre la capital. Al otro lado del Danubio, en la colina de Buda, la Iglesia de Matías destaca especialmente por su tejado de coloridas tejas cerámicas que dibujan motivos geométricos.

Fuera de la capital, el recorrido continúa en la Basílica de Esztergom, la mayor iglesia de Hungría, levantada sobre una colina junto al río, y en la Archabadía de Pannonhalma, fundada en el año 996 y rodeada por las colinas y viñedos del oeste del país. Más al sur, Pécs permite retroceder todavía más en el tiempo a través de los vestigios paleocristianos de su antigua necrópolis, declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO.

El patrimonio judío, entre arquitectura y memoria

En pleno centro de Budapest, el antiguo barrio judío reúne algunos de los ejemplos más singulares de esta herencia. La Gran Sinagoga de la calle Dohány, reconocible por su fachada de ladrillo decorada y sus dos torres coronadas por cúpulas, es una de las mayores de Europa. A poca distancia se encuentran la sinagoga de Rumbach, con su planta octogonal y decoración de inspiración oriental, y la de Kazinczy, uno de los ejemplos del modernismo aplicado a la arquitectura religiosa de la ciudad.

Este patrimonio se extiende por otras regiones de Hungría. Sopron conserva una sinagoga medieval integrada entre las casas de su casco antiguo, mientras que Mád y Tokaj, entre las colinas y viñedos de Tokaj-Hegyalja, mantienen enclaves relacionados con antiguas comunidades judías. La ruta Tras los pasos de los rabinos milagrosos conecta algunos de ellos y permite descubrir esta parte de la historia de una región conocida principalmente por su tradición vinícola.

Las huellas del pasado otomano

La presencia otomana entre los siglos XVI y XVII dejó en el país una de las capas más singulares de su patrimonio arquitectónico. En Budapest, los Baños Rudas conservan el ambiente de los antiguos baños turcos en torno a una piscina octogonal bajo una cúpula sostenida por ocho pilares.

La influencia otomana resulta especialmente visible en Pécs, donde la antigua mezquita del pachá Qasim ocupa el centro de la plaza Széchenyi. Su gran domo verde contrasta con los edificios que la rodean y recuerda su compleja historia: tras el periodo otomano fue transformado en iglesia católica, aunque todavía conserva elementos de su pasado islámico.

El historicismo y la transformación de Budapest

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Budapest vivió una profunda transformación urbana que definió buena parte de su imagen actual. El historicismo, que recuperaba estilos arquitectónicos del pasado, se plasmó en grandes palacios y avenidas. Uno de los símbolos de este periodo es la avenida Andrássy, que en 2026 celebra su 150 aniversario y recorre más de dos kilómetros entre fachadas historicistas y villas arboladas hasta la Plaza de los Héroes. En ella se encuentra la Ópera Estatal de Hungría, uno de los grandes ejemplos de arquitectura neorrenacentista de la capital.

El Art Nouveau, más allá de Budapest

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el Art Nouveau desarrolló en Hungría una personalidad propia, incorporando formas orgánicas, motivos vegetales, colores y elementos decorativos inspirados en la tradición local. Aunque Budapest conserva numerosos ejemplos de este estilo, algunas de sus expresiones más llamativas se encuentran fuera de la capital. En Szeged, el Palacio Reök destaca entre las fachadas más clásicas de la ciudad por sus líneas onduladas, balcones curvos y una decoración de flores y plantas que recorre su exterior. A su alrededor, palacios y construcciones historicistas levantados durante la reconstrucción de Szeged a finales del siglo XIX completan uno de los conjuntos arquitectónicos más característicos de la ciudad.

Más al norte, Győr está presidida por su monumental Ayuntamiento, con una fachada simétrica y una torre central que se eleva sobre la plaza, mientras que Sopron ofrece una imagen diferente. Su casco histórico conserva calles estrechas, fachadas de tonos pastel, patios y edificios medievales, barrocos y renacentistas agrupados en torno a la Torre del Fuego, uno de los grandes símbolos de la ciudad.

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