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Jerusalén descubre un baño ritual de hace 2.000 años junto al Monte del Templo

Redacción | Jueves 22 de octubre de 2026

El complejo arqueológico, utilizado durante el periodo del Segundo Templo, conserva una piscina monumental y varios baños de purificación ritual. Uno de ellos mantiene su altura original, incluida la bóveda de piedra, un hallazgo excepcional en el corazón de la Ciudad Vieja.

Las excavaciones arqueológicas en el Ofel, la zona situada inmediatamente al sur del Monte del Templo, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, han sacado a la luz un monumental complejo de purificación ritual que se remonta al periodo del Segundo Templo. El hallazgo, dirigido por los profesores Uzi Leibner y Orit Peleg-Barkat, del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, aporta nuevas claves para comprender cómo se organizaba la llegada de los peregrinos judíos a uno de los principales centros religiosos de la Antigüedad.

El conjunto se encuentra cerca de la denominada Puerta Triple, una de las entradas históricas al recinto del Monte del Templo. Su ubicación y sus dimensiones apuntan a que pudo desempeñar una función destacada en la acogida de los numerosos fieles que acudían a Jerusalén para visitar el Templo y realizar los rituales de purificación previos a su entrada.

Una piscina monumental y tres baños rituales

Construido a principios del siglo I d. C., el complejo ocupa aproximadamente 280 metros cuadrados. En su centro destaca una gran piscina de unos 12 por 9,5 metros, con escalones que descienden hacia el interior desde sus cuatro lados. Junto a ella se levanta una estructura de sillares cuidadosamente trabajados que alberga cuatro estancias, tres de las cuales han sido identificadas como grandes baños rituales públicos.

Uno de estos espacios destaca por su extraordinario estado de conservación. La estructura mantiene una altura original de 4,2 metros y conserva tanto la bóveda de piedra que la cubre como el conducto por el que recibía el agua. Preservar un edificio de esta época desde el suelo hasta el techo constituye un hecho excepcional en Jerusalén, especialmente en una zona tan céntrica y cargada de significado histórico.

Otros dos baños rituales conservan sus escalones tallados en piedra sillar, mientras que entre el edificio y la gran piscina se extiende un patio pavimentado con amplias losas de piedra finamente labradas. La disposición de estos elementos permite apreciar la importancia arquitectónica del conjunto y su posible capacidad para atender a un elevado número de personas.

«Una estructura monumental de sillares dedicada por completo a la purificación ritual, situada a los pies del Monte del Templo y cerca de una de sus puertas, constituye un fenómeno verdaderamente inigualable», señalan los directores de la excavación, Uzi Leibner y Orit Peleg-Barkat.

Los investigadores consideran que el descubrimiento resulta fundamental para profundizar en el conocimiento de las peregrinaciones durante el periodo del Segundo Templo y comprender cómo se diseñó el área situada al sur del recinto para recibir a los fieles, así como las actividades y ceremonias que se desarrollaban en sus inmediaciones.

Un sofisticado sistema de abastecimiento y drenaje

El complejo contaba con una importante infraestructura hidráulica. Tanto la piscina como los baños rituales estaban conectados a una extensa red de drenaje formada por canales que, en algunos tramos, se conservan a más de dos metros de altura. El sistema conducía el agua hacia el valle de Cedrón y sus dimensiones sugieren que podía gestionar un volumen considerable.

Los arqueólogos plantean que el conjunto pudo disponer de una fuente permanente de agua corriente, posiblemente vinculada a una ramificación del acueducto que abastecía al Templo durante el periodo del Segundo Templo. Esta hipótesis ayudaría a explicar cómo se mantenían operativas unas instalaciones destinadas a la purificación ritual y potencialmente utilizadas por numerosos peregrinos.

La destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C.

La actividad del complejo terminó de forma abrupta durante la destrucción de Jerusalén y del Templo por las tropas romanas, en el verano del año 70 d. C. Entre los indicios que permiten relacionar el final de estas instalaciones con aquel episodio figuran decenas de monedas de la Primera Revuelta judía contra Roma, encontradas en los suelos y entre los escombros de la destrucción.

Las excavaciones también han revelado que el lugar ya había acogido instalaciones públicas de purificación antes de la construcción del conjunto monumental. Bajo sus estructuras, los arqueólogos identificaron los restos de otro complejo levantado con sillares, que incluía una gran piscina ritual y que probablemente data del siglo I a. C.

Este descubrimiento amplía la perspectiva histórica del enclave y apunta a una continuidad en el uso de este espacio para las prácticas de purificación, junto a uno de los lugares más importantes de la vida religiosa judía.

Cinco temporadas de excavación

El hallazgo es fruto de cinco temporadas de trabajos arqueológicos realizados por el Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en colaboración con el Instituto Armstrong de Arqueología Bíblica. El proyecto ha contado con el apoyo de la Fundación Científica de Israel (ISF), el Instituto Armstrong y el Centro Hertog para el Estudio Arqueológico de Jerusalén.

El yacimiento se encuentra dentro del Parque Nacional de las Murallas de Jerusalén, gestionado por East Jerusalem Development Ltd. En el desarrollo de las excavaciones también han colaborado decenas de voluntarios de Israel y de otros países, junto con diversas instituciones y organismos locales.

Más allá de su valor arquitectónico, el complejo ofrece una nueva perspectiva sobre la vida cotidiana y las prácticas religiosas de quienes acudían a Jerusalén hace dos milenios. Sus piscinas, baños rituales y sistemas hidráulicos permiten aproximarse a la organización de las peregrinaciones y al papel que desempeñaban los rituales de purificación en la experiencia religiosa del periodo del Segundo Templo.

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