OTRAS NOTICIAS

El musical Querido Evan Hansen llega al Teatro Rialto de Madrid

Redacción | Viernes 23 de octubre de 2026

SÉ TÚ MISMO

una historia sobre la soledad, la salud mental y la necesidad de pertenecer

Madrid incorpora a su cartelera uno de los títulos más reconocidos del teatro musical contemporáneo.

«QUERIDO EVAN HANSEN, HOY VA A SER UN BUEN DÍA”

Querido Evan Hansen se presentó, en un pase especial, al que asistió INOUT VIAJES, en el Teatro Rialto, donde iniciará sus representaciones abiertas al público el 23 de octubre.

La producción dirigida por David Serrano combina emoción, un elenco solvente y una puesta en escena que incorpora las pantallas de los móviles, aunque su tratamiento de la salud mental y cierta uniformidad musical dejan algunos interrogantes.

El Teatro Rialto de Madrid acogió un pase especial de Querido Evan Hansen, uno de los títulos más reconocidos del teatro musical contemporáneo. La producción de ATG Entertainment, dirigida por David Serrano, llega a la Gran Vía madrileña con una historia que aborda cuestiones tan actuales como la ansiedad social, la soledad, el duelo y la necesidad de sentirse aceptado.

La obra cuenta la historia de Evan Hansen, un joven de 17 años que lucha contra la ansiedad social y encuentra enormes dificultades para relacionarse con los demás. Por recomendación de su terapeuta, comienza a escribirse cartas a sí mismo con mensajes positivos. Sin embargo, un malentendido relacionado con una de esas cartas y con su compañero de instituto Connor Murphy desencadena una situación inesperada que cambiará su vida.

Lo que comienza como una circunstancia accidental se transforma en una compleja trama de secretos, emociones y decisiones difíciles. Evan descubre que puede ocupar el lugar que siempre había deseado en la vida de los demás, pero mantenerlo implica enfrentarse a las consecuencias de una mentira. A partir de esta premisa, el musical plantea cuestiones como la identidad, la presión social y el impacto de las redes sociales en nuestra forma de relacionarnos.

Un fenómeno internacional con sello propio

Con libreto de Steven Levenson y música y letras de Benj Pasek y Justin Paul, Querido Evan Hansen se estrenó en 2015 y alcanzó una notable repercusión internacional, especialmente tras su llegada a Broadway, donde obtuvo seis premios Tony, incluido el de mejor musical.

Su éxito se apoya en una combinación de dramaturgia contemporánea, personajes vulnerables y una partitura que acompaña el recorrido emocional del protagonista. La versión madrileña cuenta con Guillermo Martín en el papel de Evan Hansen, junto a Iván Clemente como Connor Murphy, Elvira Santa María como Zoe, Arnau Camps como Jared, Jessica Garcés como Alana, Verónica Ronda como Heidi, Lorena Calero como Cynthia y Armando Pita como Larry.

David Serrano firma la dirección escénica y, junto a Alejandro Serrano, la adaptación. El equipo artístico se completa con Joan Miquel Pérez en la dirección musical, David Pizarro en la escenografía, Carlos Torrijos en la iluminación y Emilio Valenzuela y Joan Rodón en el diseño de vídeo.

Un elenco que sostiene la carga emocional

Uno de los aspectos más destacables de la representación es el trabajo interpretativo del conjunto del elenco, bien ajustado a sus respectivos personajes. Sobresale especialmente Guillermo Martín, que consigue transmitir la angustia de Evan, atrapado entre el deseo de hacerse visible, de establecer vínculos con los demás y el miedo a exponerse a nuevas dificultades. Esa contradicción, que lo lleva a buscar la conexión humana mientras teme las consecuencias de conseguirla, constituye uno de los ejes emocionales de la obra.

El protagonista logra que el espectador comparta sus inseguridades, su ilusión cuando comienza a abrirse al mundo y, especialmente, a Zoe, y la creciente presión a la que se ve sometido. Su interpretación contribuye a que la historia trascienda el retrato de un adolescente con dificultades para relacionarse y se convierta en una reflexión sobre la necesidad de ser visto y aceptado.

También merece una mención especial Iván Clemente en el papel de Connor Murphy. Su trabajo destaca por la manera en que transita entre la realidad y la presencia que Connor adquiere en el universo emocional e imaginario de Evan, aportando matices a un personaje fundamental para comprender los conflictos de la historia.

La salud mental, entre la emoción y el tratamiento edulcorado

Más allá de Evan, el musical presenta a una galería de personajes que arrastran sus propias heridas, conflictos familiares e inseguridades. Cada uno parece cargar con una mochila emocional que no siempre sabe cómo gestionar. La soledad, la incomunicación y la dificultad para expresar el sufrimiento atraviesan así buena parte del relato.

En nuestra opinión, Querido Evan Hansen es una historia bonita, bien contada y capaz de emocionar, en la que se aprecia el trabajo de David Serrano para trasladarla al escenario madrileño. Sin embargo, esa misma voluntad de acercar al espectador a los personajes puede jugar en su contra cuando aborda cuestiones tan delicadas como la salud mental.

El tratamiento de estos problemas resulta, por momentos, algo ligero y edulcorado. La medicación aparece en el contexto de los conflictos de algunos personajes, pero la complejidad del sufrimiento psicológico exige una mirada que vaya más allá de las soluciones sencillas. En una época en la que la salud mental ocupa un lugar cada vez más visible en el debate público, cabe preguntarse si la obra profundiza lo suficiente en las circunstancias que llevan a sus protagonistas a sentirse aislados y desbordados.

Esta reserva no resta valor a la capacidad del musical para generar empatía, pero sí invita a reflexionar sobre la distancia que puede existir entre representar el sufrimiento y explorar realmente sus causas y consecuencias.

Las pantallas como reflejo de nuestro tiempo

En el apartado visual, uno de los elementos más interesantes es el uso de las pantallas de los móviles como parte protagonista del espacio escénico. No se trata únicamente de un recurso estético: su presencia remite a un mundo en el que las relaciones personales están cada vez más condicionadas por los mensajes, las imágenes y la necesidad de obtener reconocimiento de los demás.

La propuesta encuentra así una forma visual de acompañar los conflictos del protagonista y de conectar la historia con las experiencias cotidianas de muchos espectadores. En este sentido, el dispositivo escénico contribuye a situar el relato en un contexto reconocible y actual.

La música, por su parte, sostiene buena parte de la carga emocional de la obra, aunque algunos temas presentan una sonoridad demasiado similar. Esa cierta uniformidad puede restar variedad al recorrido musical y hacer que determinados momentos pierdan parte de su singularidad, pese a la implicación interpretativa del elenco.

Un público con reacciones diversas

Las impresiones recogidas entre el público a la salida reflejaron una recepción variada. Mientras algunos espectadores se mostraron encantados con la propuesta, otros consideraron que la obra resultaba entretenida, aunque algo larga. También hubo quienes no parecieron conectar plenamente con la profundidad de los temas planteados, lo que pone de manifiesto que la historia puede suscitar lecturas y grados de implicación muy diferentes.

La duración, de aproximadamente dos horas y veinte minutos, más un descanso de quince minutos, exige cierta disposición para acompañar el desarrollo emocional de los personajes. Aun así, los aplausos prolongados y los bravos que se escucharon al final evidenciaron una respuesta cálida por parte de buena parte de los asistentes. La desaparición de los intérpretes de escena, quizá algo precipitada, dejó incluso la sensación de que el encuentro final con el público podría haberse prolongado unos instantes más.

Con su llegada al Teatro Rialto, Querido Evan Hansen incorpora a la cartelera madrileña un musical que combina emoción, conflictos reconocibles y una puesta en escena conectada con la realidad digital. Su principal fortaleza reside en el trabajo interpretativo y en la capacidad de acercarnos a personajes que buscan desesperadamente su lugar en el mundo. Sus límites aparecen cuando la complejidad de los problemas que plantea parece quedar suavizada por una mirada demasiado amable.

En cualquier caso, la obra deja sobre la mesa una pregunta que va más allá del escenario: ¿hasta dónde puede llegar una persona en su deseo de ser aceptada y qué ocurre cuando la necesidad de pertenecer termina alejándola de la verdad?

TEMAS RELACIONADOS: