En los talleres donde el artista vivió y trabajó durante casi treinta años permiten entender su obra desde el proceso y no solo desde el resultado. Este otoño, una gran exposición sobre su manera de crear y tres propuestas de arte contemporáneo refuerzan esa mirada.
Hablar de arte en Palma es hablar de Joan Miró. La ciudad no fue para él un lugar de paso ni un decorado de postal. Fue el sitio donde vivió y trabajó durante casi tres décadas, donde ensayó, corrigió, destruyó y volvió una y otra vez sobre su propia obra. Lo que le rodeaba, la luz, la arquitectura rural mallorquina, los objetos que recogía en sus paseos, entraban en el estudio como material de trabajo, no como simple fuente de inspiración.
Miró tenía un sueño y lo cumplió en su casa de Mallorca: pudo proyectar dos estudios de trabajo donde potenciar sin límites su expansión creadora. Y la suerte es que los dos estudios se conservan intactos, tal y como quedaron tras la muerte del genial artista. Lienzos, pinceles, manchas en el suelo, borradores de futuras obras dibujados con carboncillo en las paredes y mucho más.
Visitar estos dos estudios, ambos declarados Bienes de Interés Cultural (BIC), supone acercarse de forma cómplice y privilegiada a la obra y proceso creativo del maestro. El Taller Sert, diseñado por su amigo el arquitecto Josep Lluís Sert y construido en 1956, fue el estudio soñado por Miró, un espacio amplio y luminoso pensado para pintar a gran escala. Son Boter, una casa mallorquina de la segunda mitad del siglo XVIII, se convirtió en su segundo estudio de pintura y escultura.
Y luego está el edificio Moneo, que por sí solo ya merece la visita. Proyectado por el arquitecto Rafael Moneo e inaugurado en 1992, supone el mejor continente posible para exponer la colección permanente de Miró. El edificio, integrado con su entorno natural, baña el interior de las salas con una luz cálida filtrada por las placas translúcidas de alabastro que salpican algunas paredes.
Pasar de un espacio a otro permite seguir el rastro del proceso creativo, desde la idea al gesto y del gesto a la obra. Recorrer los espacios donde se gestaron, ver las herramientas, los bocetos y las obras que quedaron a medio camino, y comprender cómo pensaba y trabajaba uno de los grandes nombres del siglo XX.
«Reencontrar a Miró», el proceso como protagonista
La exposición central de la temporada, «Reencontrar a Miró. La chispa mágica», instalada en el Espacio Estrella del edificio Moneo, parte de una idea que el propio artista expresó en 1948, cuando aseguró que en la vida no se descubre nada, que todo consiste en reencontrar.
La muestra plantea que Miró no buscaba lo desconocido sino aquello que tenía alrededor y que solo pedía una nueva mirada. Su propio pasado, las piezas en curso a las que regresaba una y otra vez, los materiales descartados en el estudio y los espacios de su vida cotidiana se convertían en detonantes de nuevas obras. En esa lógica, Mallorca ocupa un lugar decisivo. En su última etapa en la isla, Miró inicia un periodo de autocrítica en el que reacciona contra su obra anterior, no tanto para destruirla como para superarla. La isla le permite empezar de nuevo.
El recorrido —disponible hasta el 2 de mayo de 2027— reúne 65 pinturas y dibujos, 15 esculturas y maquetas, 111 documentos y fotografías, 70 objetos y 4 vídeos, con préstamos del MNAC, la Fundación Juan March, la Successió Miró, Es Baluard Museo y la Fundación Mas Miró, entre otros. Cierra el círculo con Oiseau solaire y Oiseau lunaire, dos figuras que nacieron en los años cuarenta en un formato que cabía en la palma de la mano y que acabaron alcanzando escala monumental, integradas en el paisaje y en la ciudad.
Miró como punto de partida para la creación actual
La Fundación mantiene además su vocación de laboratorio vivo con una nueva temporada de exposiciones temporales, abierta hasta el 11 de abril de 2027. Pedro Torres presenta Jora, una instalación concebida para el Espai Cúbic a partir de la luz del entorno de la Fundación. En el Espai Zero, Isabel Servera muestra Alenades, un proyecto que recupera las técnicas tradicionales de cestería con palma de Mallorca. El auditorio, por su parte, proyecta dos películas inmersivas de Carlos Casas, Cemetery (2019) y Bestiary (2025).
La visita se completa con Pilar Juncosa. La estrella fulgurante, un espacio permanente en la Biblioteca Pilar Juncosa, en la primera planta del edificio Moneo, que reivindica el papel de la compañera de Miró en su vida y en su obra.
En definitiva, visitar la Fundación es entrar en el lugar donde la obra de Miró se hacía realidad. Los talleres conservan la huella de un método hecho de regresos, pruebas y rectificaciones, y la programación actual prolonga ese espíritu al invitar a nuevos creadores a dialogar con el mismo entorno que él convirtió en herramienta de trabajo. Para quien viaja a Palma, es la forma más directa de comprobar que la ciudad no fue solo el hogar del artista, sino también su taller.