TURISMO NACIONAL

Descubrir las Pitiusas desde el mar: paisajes e historias ocultas

Redacción | Jueves 25 de junio de 2026

Hay lugares que cambian por completo cuando los miras desde el agua, y las islas Pitiusas son uno de ellos. Ibiza y Formentera no siempre estuvieron unidas por carreteras ni mapas trazados en tierra firme: durante siglos, el mar fue su única conexión real. Hoy, navegar entre ambas islas permite descubrir algunos de sus paisajes más emblemáticos con otra perspectiva, accediendo a rincones que siguen conservando la misma esencia que fascinó a marineros, pescadores y viajeros de otras épocas.

Ses Illetes y Espalmador: el corazón natural de las Pitiusas

La travesía suele comenzar frente a Ses Illetes, uno de los rincones costeros más conocidos del Mediterráneo. El agua revela aquí su verdadera geometría: una estrecha lengua de arena que parece prolongarse hacia el norte de la isla, rodeada por aguas que cambian de color según la luz y la profundidad.

Buena parte de este fenómeno se debe a la presencia de extensas praderas de Posidonia oceánica, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estas praderas no sólo actúan como grandes aliadas de la biodiversidad marina, sino que son responsables de la extraordinaria transparencia de las aguas que han convertido a Formentera en un referente internacional.

En este mismo entorno se abre el paso natural de Es Freus, el sistema de canales que separa Ibiza y Formentera a través de bajos arenosos e islotes. Además de servir como una referencia visual clave para orientarse en el paso entre ambas islas, es también un corredor natural de tránsito para aves marinas y un área en la que pueden avistarse especies como delfines.

A escasa distancia aparece Espalmador, un pequeño islote integrado en el Parque Natural de Ses Salines cuyo perfil de dunas, sabinas y litoral apenas ha cambiado con el paso de las décadas. Desde la embarcación, se distingue perfectamente S'Alga, una extensa playa de arena blanca considerada una de las más preservadas de Baleares. Durante generaciones, Espalmador sirvió como refugio para barcos sorprendidos por los cambios de tiempo y actualmente continúa siendo uno de los espacios naturales más valiosos del archipiélago.

Cala Saona: el mejor balcón hacia Es Vedrà

La ruta continúa hacia Cala Saona, una pequeña bahía en la costa occidental de Formentera rodeada por acantilados rojizos y pinares que descienden hasta el mar. Es aquí donde el paisaje se abre hacia uno de los horizontes más reconocibles de las Pitiusas.

En días despejados, aparece la silueta de Es Vedrà, un imponente islote rocoso que se eleva más de 380 metros sobre el mar frente a la costa suroeste de Ibiza. Su perfil ha funcionado durante siglos como punto de orientación para la navegación, y es que, aunque popularmente ha sido asociado a leyendas y relatos de navegantes, Es Vedrà es sobre todo un referente geográfico: una referencia visual clave en las antiguas rutas marítimas entre islas.

La costa norte de Ibiza: la isla que mira al mar

El último tramo de navegación revela una Ibiza menos conocida. La costa norte combina acantilados, pequeñas calas y pinares que llegan casi hasta el agua, en contraste con las grandes playas del sur. Se trata de una de las zonas menos urbanizadas de la isla debido a su orografía más abrupta y a su menor accesibilidad por tierra.

Aquí aparecen enclaves como Cala Xuclar o Cala d’en Serra, que durante décadas permanecieron aislados por su difícil acceso terrestre. En este entorno se conservan algunos de los últimos escars tradicionales de la isla, estructuras construidas junto a la roca para proteger los llaüts, embarcaciones de pesca de madera, sin necesidad de puertos artificiales. También son visibles pequeños refugios de pescadores excavados o apoyados directamente sobre la piedra, ejemplos de una arquitectura funcional que aún forma parte del paisaje cotidiano de la isla.

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