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Entrevista a José Carlos Martínez (director de la Compañía Nacional de Danza)

Entrevista a José Carlos Martínez (director de la Compañía Nacional de Danza)

martes 05 de enero de 2016, 12:08h
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“Traer de nuevo la zapatilla de punta y la danza clásica es una meta que tengo que conseguir”

  • Entrevista Jose Carlos Martínez (director de la Compañía Nacional de Danza)

    Entrevista Jose Carlos Martínez (director de la Compañía Nacional de Danza)
    © Carlos de Luna Béjar

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(Vídeo al final de la entrevista) Estamos ante uno de los grandes nombres de la danza mundial: José Carlos Martínez. El actual director de la Compañía Nacional de Danza es espigado, elegante, discreto y con un gran sentido del humor. Usa gafas, para ver mejor las evoluciones de los bailarines de la compañía. Este hombre, Comendador de la Orden de las Artes y las Letras (Francia), que ha conocido personalmente a Nuréyev y a Baryshnikov, que es el único bailarín que ha recibido los tres premios internacionales más prestigiosos de danza: el "Premio Benois de la Danza, la Medalla de Oro del "Concurso Intemacional de Varna y el o "Premio de Lausanne, que ha sido considerado como uno de los mejores bailarines del mundo, tiene las ideas muy claras sobre la danza, sus problemas y sus (posibles) soluciones y pide el apoyo de los políticos…
¿Cómo llegaste a la danza?
-Llegué al baile por casualidad. Mi hermana pequeña iba a clase de ballet y hubo una fiesta de disfraces en su escuela de danza. Mi madre no podía ir a acompañarla, la niña tenía 5 años y me mandó a mí, que tenía 9. La vestí y la profesora me dijo que me quedase, me quedé y estuve bailando toda la tarde ahí y pensé que bailar era una fiesta… por eso empecé a bailar. Después de la fiesta, la profesora dijo a mis padres que parecía que yo tenía ritmo, “¿no querría hacer danza?”, y así empecé. Sin saber lo que era, de verdad, una compañía de danza, ni un bailarín profesional, y no había ningún antecedente familiar…
¿Y hasta dónde has llegado?
-He llegado a bailar mucho más de lo que hubiera soñado bailar y he disfrutado mucho subiéndome a un escenario. Y ahora disfruto aún más haciendo que se bailen mis coreografías y que los bailarines de la compañía bailen gracias a mi trabajo.
¿Pero vas a volver a bailar?
-No sé. El cuerpo me lo permitiría, lo que pasa es que el trabajo de la compañía esta siendo muy intenso y bailar ya no es mi prioridad. Podría hacerlo, pero no es prioridad.
¿Qué supone ser director de la Compañía Nacional de Danza?
-Es un reto y algo muy importante. No ha habido danza clásica en nuestro país durante muchos años, el traer de nuevo la zapatilla de punta y la danza clásica me lo he tomado como una meta que conseguir y a la vez no abandonar el ballet contemporáneo, las piezas contemporáneas, es una responsabilidad y a la vez una suerte porque puedo traer todo lo que he aprendido fuera en la Ópera de París, con mis experiencias internacionales y traerlo de vuelta a nuestro país para que haya cada vez más danza…
El “Don Quijote” ha sido la vuelta del ballet clásico completo a España y ha sido gracias a José Carlos Martínez, y como él mismo dice, es un homenaje a los 400 años de la segunda parte de la obra de Cervantes en el que se inspira el libreto y además considera que es el ballet clásico que más y mejor se adapta a la plantilla de la CND: “somos la Compañía Nacional de España, que tengamos un ballet con tema español, un ballet clásico para poder girar internacionalmente y exportarlo”
¿Otros proyectos de la Compañía además de “Don Quijote”?
-Ahora estamos de gira con “Carmen” de Johan Inger, una coreografía contemporánea, luego vamos de gira con “Don Quijote” a Valencia, San Cugat del Vallés, Murcia, Granada, Valladolid… pero antes de esa gira hacemos un programa nuevo que se estrena en el Liceo de Barcelona y luego vendrá al Teatro Real, es un homenaje a Enrique Granados con cuatro piezas diferentes, dos clásicas y dos contemporáneas. Es decir tenemos un nuevo programa más la gira de éste.
¿Hay bailarines para abarcar todo esto?
-Sí. Los mismos bailarines que están bailando ahora “Don Quijote” serán los que bailen en “Carmen” de Johan Inger, y los que no bailan aquí, se quedan en nuestra sede trabajando con Dimo Kirilov para preparar el homenaje a Granados.
(La sede de la CND está en el Paseo de la Chopera, en Madrid)
Madrid necesita un teatro fijo…
-Madrid debería tener una sede fija para que el público pudiera identificarnos y venir a ver nuestros espectáculos, aparte que eso, para mí, a la hora de hacer la programación sería mucho más fácil, creo que después de bailar un ballet clásico como “Don Quijote”, el paso siguiente para la evolución de la compañía es tener una sede para poder desarrollar nuestras temporadas y fidelizar al público.
“EN ESPAÑA A LA DANZA LE FALTA APOYOS POLÍTICOS”
¿Qué le falta a la danza en España?
-Claramente le falta apoyos políticos y sobre todo que los políticos, como mínimo, que vengan a ver un espectáculo de danza y como más que sepan bailar un poco, que vayan a hacer o a ver una clase de danza para ver el esfuerzo que eso requiere, lo que es el trabajo de un bailarín y así verían las cosas de otra manera.
Has recibido los premios más importantes, ¿qué supone eso para un bailarín?
-Un premio o una recompensa siempre es algo importante, que te reconozcan, por ejemplo, cuando me dieron el Premio Nacional de Danza, estaba bailando en París, no había bailado prácticamente en España y era muy importante que me reconocieran aquí cuando no estaba bailando en mi país, ese fue uno de los premios más importantes que he recibido, pero de todos modos el premio más importante es el aplauso del público cuando se termina el espectáculo, ya estés bailando o entre cajas porque has hecho una coreografía.
¿Qué es más difícil, bailar o coreografiar?
-Diría que es más difícil coreografiar, porque luego en el momento del espectáculo no hay casi nada que dependa de ti, lo dejas en manos de otros, según como ellos gestionen todo eso se va a ver tu trabajo. Me gusta mucho tener el control y estando aquí tengo que hacer un trabajo de…(sonríe) calma porque ya no me corresponde.
Tiene contrato como director de la CND hasta julio de 2016 (cinco años). En esa fecha se le podrá renovar o no…
¿Si no te renovaran, qué futuro…?
-Pues primero descansar un poco, estos años han sido muy intensos. A partir de ahí seguiría como he hecho hasta ahora antes de venir a la compañía, siendo un coreógrafo, yendo a una compañía y a otra, haciendo mis coreografías, también me gusta la enseñanza… De verdad, no me he planteado nada porque estoy muy involucrado en la compañía, pero es una vida que me gustaría vivir, estar haciendo proyectos puntuales en distintos sitios.
Conoció a dos de los mitos de la danza: Nuréyev, que le eligió personalmente para que se incorporase al “Cuerpo de Baile” del Ballet de la Ópera de París, y Baryshnikov, de los que opina:
-Son dos grandes como los bailarines que ya no existen ahora. Era otra época y en aquellos momentos eran como mitos, luego se ha desarrollado mucho más la danza, han evolucionado las cosas, hay mucha más comunicación y se conocen muchos más bailarines, y no existen estrellas como esas que quedarán para siempre.
¿Cómo era Nuréyev?
-Nuréyev era muy raro y excéntrico, no hablaba prácticamente nada y le gustaba estar trabajando todo el día. No dejaba hablar ni a los bailarines con el coreógrafo. Decía: “Parle pas, fait”, la traducción sería “No hables, haz”, y él hablaba muy poco…
¿Baryshnikov?
-Es diferente. Se puede decir que es otra generación, mucho más abierta, ha estado en Estados Unidos muchos años, es muy americano, la prueba es que luego se recicló en cierta manera en bailarín de contemporánea. En esos diez años que hay de diferencia entre uno y otro hay un cambio generacional, que hace de él, se puede decir, una persona más normal.
¿Qué influencias has tenido?
-Muchas. Todo lo que vas haciendo te va construyendo. Tuve un maestro español, José Ferrán, que me enseñó a bailar cuando era alumno en la escuela de Cannes, luego he estado muy influenciado por Mats Ek y Pina Bausch, dos coreógrafos que han marcado mi carrera como bailarín.
NO SE RESPETA EL TRABAJO DE OTROS
¿Qué te gustaría dejar en tu paso por la CND?
-Principalmente que se entienda que la Compañía Nacional es lo que debe ser una Compañía Nacional, bailando todos los estilos y que se ha construido algo, creo que el problema en nuestro país es que no se respeta, decimos la tradición, esa no es la palabra exacta, pero cada uno que llega no respeta lo que ha hecho el coreógrafo anterior o el que dirigió algo antes, quiere borrarlo todo y empezar de cero.
Eso pasa en todos los campos.
-Si, en todos. Por eso, lo que me gustaría es que la persona que venga detrás, coja la base que he dejado y a partir de ahí que haga evolucionar lo que le parezca bien, pero no destruyendo lo que se ha hecho, que sirva para algo lo que he hecho…
¿Qué te encontraste cuando llegaste a la Compañía Nacional de Danza?
-Me encontré una compañía que no tenía ningún espectáculo programado, que no tenía nada en el repertorio, lo único que tenía era 42 bailarines que estaban ahí sin saber que hacer y además cada uno tenía un registro particular. Tenían miedo de que llegara yo y empezara de cero y los echara a todos a la calle. Entonces condicioné mi programación a la técnica que tenían esos bailarines, empecé a programar lo que ellos podían hacer y empezamos a trabajar todos juntos para que eso evolucionara. Por eso, el legado que quiero dejar en la compañía es que lo que yo he avanzado no se tire por la borda.
¿Con qué obra empezaste en la compañía?
-Empezamos con un programa mixto, con cuatro coreografías diferentes, una simplemente con puntas, con dos chicas en punta y era un programa muy contemporáneo porque era lo que podían hacer los bailarines que estaban en ese momento.
¿Se prodiga la Compañía Nacional?
-Creo que sí y cada vez más.
¿Sale habitualmente al extranjero?
-Sí. Tardamos dos años en ponernos en marcha, porque, primero, tienes que tener un repertorio, y hasta que no tuviéramos un espectáculo que proponer no podíamos vender la Compañía, y luego a nivel internacional las giras siempre se venden con dos años de antelación. Ahora estamos trabajando internacionalmente para 2017 y 2018.
¿Qué países tenéis previstos?
-Hemos ido ya a China, a Japón, hemos estado bastante en Alemania, en Francia, mucho en Italia y a partir de ahora… una cosa que es importante destacar es que cuando vas a un sitio y quieren que vuelvas, eso quiere decir que ha gustado, así que tenemos previsto ir de nuevo a China y Japón, Francia también, volveremos a Italia, Estados Unidos está empezando a ponerse en marcha y Canadá, y América del Sur también. Hay mucha gente interesada en el “Don Quijote”, al ser de Cervantes y un tema español y con “Carmen” de Johan Inger hemos empezado a girar mucho internacionalmente. Creo que las bases ya están fijas.
¿En que país se recibe mejor la danza, me refiero en cuanto al público?
-Los países son muy diferentes, si nos referimos al público, por ejemplo cuando vamos a Japón, la gente conoce todos los espectáculos, se documenta muchísimo y viene al teatro sabiendo lo que va a ver, allí hay unos aplausos y una efusividad… aprecio mucho al público japonés, particularmente, porque hay tal tradición… cuando fuimos por primera vez con la compañía el año pasado, llegamos y ya conocían a nuestros bailarines principales, los nombres y sabían en que compañías habían bailado, eso no pasa en España y eso que estamos aquí bailando todos los días…
EN ESPAÑA HAY MUCHAS GANAS DE VER DANZA
¿Y el público español?
-El público español tiene muchas ganas de ver danza, pero no hay oferta en nuestro país, eso origina una cierta frustración, tienen miedo de que no programes espectáculos que a ellos les guste y a la vez cuando vienen lo dan todo.
¿Se entiende de danza aquí?
-Sí, creo que entienden de danza, no del mismo modo que los japoneses, pero aquí gusta mucho bailar, participa la gente en el espectáculo de verdad.
Le comento que me considero un ignorante en cuanto a danza, pero que lo que me gusta y me emociona, para mi vale…
-Claro, creo que no hay que saber de danza para ver un espectáculo, hay que venir con tus ojos y ver lo que recibes, las emociones que te transmiten los bailarines, ese es nuestro trabajo para que la gente quiera volver.
¿Cuándo estás sentado, como coreógrafo y ves un fallo, que haces?
-Tengo mi libreta y la tengo llena de notas de todos los días, escribimos sir ver, porque estamos viendo el baile y anotando. Estoy aprendiendo que a veces ciertos fallos hay que dejarlos pasar porque son fallos de una noche, y al día siguiente no pasa de nuevo. Hay que ver lo que está verdaderamente mal y lo que es un accidente porque somos humanos, no máquinas, eso es lo que da vida al espectáculo, y a veces hay fallos… de pronto sale algo que no he imaginado y que está mejor que lo que había visto. Eso lo apunto por otras razones, para decirle al bailarín: “Haz eso así”…
¿Y alguna vez te entran ganar de decir “tierra trágame” ante un fallo?
-Sí, alguna vez ha pasado, aquí aún no, (risas) pero alguna vez ha pasado, como no puedes hacer nada… Cuando estrenamos en el Teatro Real por primera vez, hubo un problema de luces, eran tres preludios con piano y no se encendió la luz de la pianista, el bailarín hizo una posición esperando que empezase la música, pero la pianista no podía tocar porque no tenía luz… Me dio tiempo a ir corriendo desde mi sitio, dar toda la vuelta hasta el regidor y decirle “Pon esa luz. Pon esa luz” y todavía estaba el público esperando. Es decir que corrí rápido. (Risas)
¿Es difícil sacar adelante los montajes de la compañía?
-No es fácil, primero porque la compañía no está acostumbrada a hacer producciones tan grandes como este “Don Quijote”. Se han hecho cosas mucho más reducidas, un ballet clásico en tres actos tiene más vestuario, más escenografía, no tenemos personal suficiente porque con la crisis se ha reducido, como en todos los lados…
El presupuesto también se habrá reducido…
-También se ha ido reduciendo. Es verdad que en 2014 tuvimos un incremento del once por ciento, fue el primer año que dejó de bajar el presupuesto, incluso subió un poco, y en 2015 también va a subir un pelín más, podemos decir que se ha estabilizado y se puede empezar a trabajar sabiendo lo que vamos a tener.
Pero eso limita mucho el número de montajes.
-Evidentemente. Hay dos cosas que nos van a limitar en el futuro, el presupuesto que tenemos, no hay más dinero para hacer más. Y el problema de los bailarines, de salarios, con sus horas extras, días de descanso, es decir ahora se pagan gran parte de las horas extras con tiempo libre y si los bailarines están en su tiempo libre no pueden ensayar para un próximo montaje. Eso es un problema de verdad que tenemos que ver como solucionar para que pueda seguir evolucionando la compañía.
LOS GRANDES BAILARINES ESPAÑOLES ESTÁN FUERA
Y los grandes bailarines españoles están fuera.
-Sí, están fuera porque no existen compañías en nuestro país donde puedan bailar, así de simple.
Hablamos de Tamara Rojo, Ángel Corella, Lucía Lacarra y otros…
-Sí, hay bastantes más. Nosotros tenemos aquí a Elisa Badenes que está en Stuttgart como bailarina principal, pero hay un montón más…
Y estamos hablando de los más conocidos…
-Sí. Y vienen aquí para una gala o de una manera puntual, como ha venido ahora Joaquín de Luz, pero la dificultad es que no hay compañías… para que haya bailarines tienen que haber compañías… harían falta muchas más en nuestro país.
Volvemos así al tema que hablamos antes, hace falta una sede fija, un teatro…
-Para la compañía principal para empezar (sonríe). En su momento se habló de una Casa de la Danza o algo así. Además, junto con el Ballet Nacional, somos las dos únicas unidades del INAEM que no tiene un teatro estable, es decir una sede donde hacer sus repertorios… Me parece que la danza no tiene que ser menos que el teatro clásico…
Has hablado del Ballet Nacional, ¿Hay choque con ellos? Me refiero al tipo de espectáculos, danza, baile, flamenco ¿No os pisáis el terreno?
-No, para nada. Son dos compañías muy específicas y muy diferentes. Ellos tienen la ventaja internacionalmente que hacen un estilo que no baila nadie en el mundo, y eso es muy bueno para girar, pero nosotros, hay otras compañías como nosotros, es la diferencia principal, pero aquí no hay problema. Es verdad que hay circuitos de teatros a los que va el Ballet Nacional, otras veces vamos nosotros, pero se va rotando, entonces no hay conflicto.
¿Qué te consideras, bailarín o coreógrafo?
-Ahora soy más coreógrafo que bailarín… Soy coreógrafo que baila. (Risas)
Pero la Compañía Nacional de Danza no se queda en los espectáculos que salen a la luz, tiene otras actividades paralelas ¿Cuáles son?
-Hay muchas. En noviembre hicimos, por segundo año, “Aprendanza”, un encuentro pedagógico, para trabajar con profesores que luego en sus aulas monten proyectos respecto a la danza. Eso forma parte de nuestro proyecto educativo. También tenemos una serie de guías pedagógicas que vamos editando respecto a las producciones que montamos y hacemos que vengan colegios a ver un día de ensayo con los bailarines. Les explicamos como es el trabajo y la vida de un bailarín, les damos esas guías para que se lleven algo y les damos un cuestionario para que nos vayan diciendo que les parece y, por ejemplo, en estos espectáculos de “Don Quijote”, entre todas las cartas de los niños que vienen, hemos sorteado entradas para que vengan a ver el espectáculo, la idea es formar al público de mañana o por lo menos que vean el esfuerzo que representa ser bailarín.
¿Hay cantera?
-Sí, por supuesto, todos los bailarines que están bailando fuera en otros compañías, estaban aquí, bien en el Conservatorio, con Víctor Ullate… al día de hoy hay mucha cantera, hay una escuela española muy potente.
Y José Carlos Martínez, cuando no baila ni coreografía ¿qué hace?
-Sigo bailando en mi cabeza. Sigo pensando en danza, en coreografías y en todo lo demás.
“ME RELAJO DE VERDAD CON EL SUBMARINISMO”
¿No te relajas con cine, teatro, exposiciones?
-Muy poco, me gusta ir al teatro, al cine, pero no, pero no es algo que… me encanta el submarinismo, es cuando me relajo de verdad, porque ahí no puedes pensar en otra cosa.
¿Dónde lo practicas?
-En el mar… (Risas) aquí no puedo… En cualquier sitio donde voy de vacaciones, en Cartagena donde vivo…
¿Y para bucear que sitio te gustaría ir o que ya has ido y has dicho aquí…?
-Estuve en Polinesia, porque estuvimos bailando allí con un grupo de bailarines de la Ópera y aprovechamos para quedarnos quince días y ahí fue donde descubrí el submarinismo. A partir de ahí se descubre un mundo fascinante.
¿Cuándo fue eso?
-Unos diez años… he hecho como unas 250 inmersiones…
¿Qué te da más miedo, el submarinismo o la danza?
-El submarinismo-, dice tras pensarlo unos segundos- además la danza no da miedo, hay otros sitios bastante… las cuevas de las Cenotes, en México, te metes en grutas y estás dentro, y eso si da miedo, porque si te pasa algo no puedes subir… tienes que retroceder para salir de allí con la cuerda… pero me gustan las emociones fuertes…
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