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Costa Rica entra en su mejor momento, ballenas, tortugas y selva
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Costa Rica entra en su mejor momento, ballenas, tortugas y selva

miércoles 16 de septiembre de 2026, 10:15h

Hay momentos en los que la naturaleza parece subir el volumen, especialmente en un país que concentra el 6,5% de la biodiversidad mundial. Tras varios meses en los que las lluvias han alimentado bosques, ríos, humedales y cascadas, Costa Rica alcanza ahora uno de sus momentos más espectaculares: la vegetación se vuelve más exuberante, los ríos recuperan toda su fuerza y los paisajes adquieren una profundidad de verdes difícil de encontrar en otros momentos del año.

Es el resultado de lo que en Costa Rica se conoce como temporada verde, el periodo en el que buena parte del territorio recibe más precipitaciones y la naturaleza entra en una fase de extraordinaria vitalidad. En septiembre, sus efectos se perciben plenamente sobre el paisaje, al tiempo que algunos de los grandes ciclos de fauna del país alcanzan uno de sus mejores momentos: las ballenas jorobadas recorren el Pacífico, las tortugas marinas llegan a distintas playas para desovar y los bosques se llenan de sonidos, movimiento y vida.

Más que una estación, es una forma distinta de descubrir Costa Rica: más verde, más caudalosa y especialmente viva, con la sensación de que la naturaleza no solo se contempla, sino que está sucediendo ante los ojos del viajero.

Ballenas jorobadas: septiembre, uno de los grandes meses del Pacífico

Si hay un espectáculo natural que define estas semanas, es el paso de las ballenas jorobadas por el Pacífico costarricense. La población procedente del hemisferio sur llega desde aguas antárticas hasta las costas de Costa Rica para reproducirse y dar a luz, después de recorrer una de las rutas migratorias más largas conocidas entre los mamíferos. Aunque su presencia se prolonga durante varios meses, septiembre se encuentra entre los momentos de mayor probabilidad de avistamiento, por lo que estas semanas son especialmente propicias para observarlas acompañadas de sus crías.

La Península de Osa, Bahía Drake y Golfo Dulce son algunos de los enclaves más destacados, junto al Parque Nacional Marino Ballena, en Uvita, cuyo propio nombre, además de referir la estrecha relación de este territorio con los cetáceos, cuenta con una formación natural rocosa que recuerda la cola de una ballena. Aquí, las salidas de observación permiten contemplar estos mamíferos y delfines en un entorno de manglares, costa tropical y aguas abiertas, siempre bajo criterios de avistamiento responsable y con operadores autorizados.

Tortugas marinas: las playas también cobran vida

Al mismo tiempo que las ballenas recorren el Pacífico, las costas costarricenses son escenario de otro de los ciclos naturales más extraordinarios del país. Costa Rica protege zonas de anidación de cinco especies de tortugas marinas —baula, lora, carey, verde y cabezona—, cuyas temporadas de desove se suceden a lo largo del año en distintos puntos del litoral.

En septiembre, dos enclaves adquieren un protagonismo especial. En la costa caribeña, el Parque Nacional Tortuguero se encuentra todavía en plena temporada de desove de la tortuga verde, que se extiende de julio a octubre. Sus recorridos nocturnos guiados permiten conocer este proceso bajo estrictas normas de conservación.

En el Pacífico Norte, el Refugio Nacional de Vida Silvestre Ostional es escenario durante todo el año de las famosas arribadas de tortugas lora, concentraciones masivas de ejemplares que llegan de forma sincronizada a la playa para desovar. La participación de la comunidad local en la protección y gestión del espacio es parte esencial de un modelo en el que conservación y turismo responsable avanzan de la mano.

Una Costa Rica más verde, más sonora y más viva

Más allá de estos grandes encuentros con la fauna, el verdadero atractivo de viajar ahora está en comprobar cómo el agua transforma el paisaje. Los bosques húmedos y nubosos alcanzan una densidad extraordinaria, los senderos atraviesan una vegetación vibrante y las cascadas y cursos fluviales adquieren mayor presencia.

En lugares como Monteverde, caminar por el bosque nuboso o cruzar sus puentes colgantes permite contemplar un paisaje que parece extenderse sin fin. En zonas como Turrialba o Sarapiquí, los ríos cobran fuerza y amplían las posibilidades de actividades de aventura, desde rafting hasta recorridos en kayak o paseos en barco.

También es una época especialmente sugerente para la observación de aves, anfibios y pequeños mamíferos, para recorrer manglares y humedales o simplemente para detenerse a escuchar un bosque tropical en plena actividad. La experiencia no consiste únicamente en ver naturaleza, sino en sentir cómo cambia: la humedad en el aire, el sonido de los ríos, el color de las hojas y la sensación de estar dentro de un ecosistema completamente vivo.

Ese es precisamente uno de los grandes rasgos diferenciales de Costa Rica: un país que ha hecho de la protección de su patrimonio natural parte esencial de su modelo turístico y que invita al viajero a acercarse a estos fenómenos con respeto, conciencia y curiosidad. En estos meses, Costa Rica no solo está verde, está especialmente viva. Y para quienes buscan viajar para observar, aprender y conectar de verdad con la naturaleza, pocos momentos muestran con tanta claridad la esencia del Pura Vida.

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