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Bodega Las Moradas de San Martín: vino, paisaje y literatura
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Bodega Las Moradas de San Martín: vino, paisaje y literatura

lunes 12 de octubre de 2026, 09:15h

“Nuestro vino es tierra. Nuestro vino es historia y, sobre todo, nuestro vino es esencia de las garnachas centenarias que se cultivan desde el siglo XII en el municipio madrileño de San Martín de Valdeiglesias (Madrid), en la vertiente madrileña de la sierra de Gredos, y de la albillo real, variedad autóctona que seguimos recuperando. Vinos ecológicos que trasladan a su origen, al pago y al entorno natural, sin maquillajes externos que desvirtúan la realidad.

Garnacha centenaria

En nuestro viñedo conviven vides jóvenes, casi centenarias y centenarias, que transmiten la influencia del terroir de San Martín, capaces de proporcionar vinos de mucha calidad y gran personalidad, ideales para su envejecimiento en botella. Vinos de guarda, que ganan con el tiempo.

Sierra de Gredos

Desde 1999, trabajamos en la vertiente madrileña de la sierra de Gredos (D.O. Vinos de Madrid), cerca de Toledo y Ávila, nutriéndonos principalmente de los viñedos del Pago de los Castillejos, el de mayor altura del municipio sanmartineño. Este paraje especial nos permite elaborar vinos con alma de singular personalidad y elevada calidad, gracias al clima y a las condiciones especiales del suelo.

Compromiso ecológico

Cuidamos de nuestras garnachas centenarias de la forma más natural posible. Esto se traduce en una decidida apuesta por la viticultura ecológica, respetuosa con el medio, como forma exclusiva de extraer lo mejor de la uva. Pero nuestros compromisos medioambientales llegan hasta nuestros envases, de bajo peso y producidos con materiales sostenibles.

Vino y literatura

Las Moradas de San Martín es vino y es literatura en su esencia. Y es que desde la bodega hacemos un guiño a nuestra cultura literaria a través de las etiquetas que visten nuestros vinos, con relatos de prestigiosos escritores contemporáneos: Lorenzo Silva, Marta Rivera, Ramón Acín, Óscar Sipán, Ángeles Caso, Luis Zueco, Luz Gabás, Andrés Trapiello o Espido Freire.”

Las Moradas de San Martín: vino, paisaje y literatura en la Sierra de Gredos

A menos de una hora de Madrid, el vino se convierte en una forma de descubrir el territorio. En la bodega Las Moradas de San Martín, las garnachas centenarias, el paisaje de la Sierra de Gredos, la viticultura ecológica y la literatura se dan la mano para crear una experiencia enoturística que va mucho más allá de una cata.

Hay lugares donde el vino empieza mucho antes de descorchar una botella. En Las Moradas de San Martín comienza entre las cepas, en el paisaje, en la tierra y en la historia de un territorio. En la vertiente madrileña de la Sierra de Gredos, en el municipio de San Martín de Valdeiglesias, esta bodega ha construido una propuesta en la que visitar un viñedo significa también acercarse a una manera de entender la viticultura y la naturaleza.

Las Moradas de San Martín nació en 1999 con un propósito definido: recuperar y poner en valor los viñedos centenarios de Garnacha de la zona, una variedad vinculada históricamente a San Martín de Valdeiglesias y cultivada allí desde hace siglos. Hoy, el proyecto trabaja también con Albillo Real, otra de las variedades autóctonas que forman parte de la identidad vitivinícola madrileña.

El escenario es uno de los grandes atractivos. La finca se encuentra en el Pago de los Castillejos, en las proximidades de la Sierra de Gredos, en un paisaje en el que los viñedos conviven con encinas, pinares, enebros, jaras y plantas aromáticas. La propia bodega define su filosofía a partir de una idea sencilla: llevar el viñedo a la copa y conseguir que el vino sea una expresión reconocible de su origen.

Un paseo que empieza en la viña

La experiencia enoturística de Las Moradas propone precisamente ese recorrido desde el paisaje hasta la copa. La visita comienza con un paseo por los viñedos, donde el visitante puede conocer las características de las cepas y descubrir cómo la edad de las plantas, el suelo, el clima y el entorno condicionan la personalidad de los vinos.

Después llega el momento de entrar en la bodega y seguir el camino de la uva: la elaboración, las diferentes fases de vinificación y la crianza. La visita convencional tiene una duración aproximada de una hora y media y culmina con una cata de tres vinos acompañada de un aperitivo de productos como jamón ibérico y queso.

El resultado es una experiencia especialmente interesante para quienes quieren acercarse al mundo del vino sin necesidad de ser expertos. Aquí la cata no se plantea como un ejercicio aislado, sino como el último capítulo de una historia que ha comenzado unos metros antes, caminando entre las cepas.

La Garnacha como identidad

Si existe una variedad que define el carácter de Las Moradas es la Garnacha. Las cepas viejas constituyen uno de los grandes patrimonios de la finca y son protagonistas de unos vinos que buscan reflejar las características de este rincón de la Comunidad de Madrid.

La zona de San Martín de Valdeiglesias es, además, uno de los territorios vitivinícolas más singulares de Madrid. El portal oficial Madrid Enoturismo la describe como una tierra de garnachas de altura cultivadas sobre suelos graníticos, junto al entorno del pantano de San Juan, y como la subzona vitivinícola más antigua de la región.

En Las Moradas, a las garnachas se suma el Albillo Real, variedad blanca tradicional que la bodega está recuperando. El proyecto apuesta por una viticultura ecológica y por vinos que expresen el paisaje y el origen sin ocultarlos bajo un exceso de intervención.

Vino y literatura

Hay, además, un elemento que hace especialmente reconocible a Las Moradas: su relación con la literatura.

El propio nombre de la bodega remite a Las Moradas, la obra de Santa Teresa de Jesús, y las etiquetas de sus vinos incorporan referencias literarias. Es una manera de establecer un diálogo entre la cultura del vino y la tradición literaria española, recordando también la presencia histórica del vino de San Martín de Valdeiglesias en textos y referencias de diferentes épocas.

Esta conexión entre vino y literatura aporta una dimensión cultural a la visita. El visitante no solo descubre cómo se cultiva una viña o cómo se elabora un vino: también se encuentra con historias, autores y palabras que ayudan a construir el imaginario de un territorio.

Enoturismo para vivir el paisaje

Una de las fortalezas de Las Moradas es que su propuesta no se limita a la clásica visita de bodega. Existen experiencias que buscan profundizar en la relación entre vino y naturaleza, como los recorridos por los viñedos, las actividades de iniciación a la cata o las propuestas nocturnas para contemplar el cielo de la Sierra de Gredos.

Entre las experiencias figura también una inmersión en la Garnacha dirigida a grupos reducidos, que combina un paseo por el viñedo con un taller de iniciación a la cata y la degustación de cinco vinos. La filosofía es clara: aprender el vino desde su paisaje y hacerlo de una manera cercana y amena.

Otra posibilidad es combinar la visita a la bodega con el patrimonio histórico de la comarca. Las Moradas ofrece una experiencia conjunta con el Monasterio de Pelayos de la Presa, una forma de ampliar la escapada y descubrir que el enoturismo puede funcionar como puerta de entrada a todo un territorio.

Una escapada desde Madrid

La proximidad a la capital es otro de sus grandes atractivos. El Pago de los Castillejos se encuentra en San Martín de Valdeiglesias, a menos de una hora de Madrid, lo que convierte la bodega en una opción especialmente interesante para una escapada de un día o para complementar una estancia en la Sierra Oeste madrileña.

Y es precisamente aquí donde Las Moradas encaja en las nuevas tendencias del turismo del vino: el viajero ya no busca únicamente visitar una bodega y comprar unas botellas. Quiere conocer el paisaje, comprender la procedencia de lo que bebe, caminar por los viñedos, probar productos locales y llevarse una experiencia.

En Las Moradas de San Martín, esa experiencia comienza mucho antes de la copa. Comienza al llegar al viñedo y contemplar las viejas garnachas, al descubrir la naturaleza que rodea las cepas y al escuchar la historia de una tierra que lleva siglos vinculada al vino.

Después llega la cata. Y entonces resulta más fácil comprender que detrás de cada botella no hay solamente una variedad de uva o una determinada técnica de elaboración. Hay un paisaje, una historia y una manera de mirar el territorio.

Las Moradas de San Martín propone, en definitiva, beberse la Sierra de Gredos a pequeños sorbos.

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