El verano no es solo sinónimo de sol y playa. Las coolcations han llegado para quedarse y cada vez son más los viajeros que buscan destinos donde el aire fresco, la naturaleza y la tranquilidad sustituyen al calor y las aglomeraciones.
En Hungría, ese verano se vive entre parques nacionales, montañas, lagos y pequeños pueblos rodeados de naturaleza. Y es que, el país reúne algunos de los paisajes más sorprendentes de Europa Central y esconde rincones que son una alternativa perfecta para disfrutar de un verano diferente.
El pulmón verde de Hungría
El Parque Nacional de Bükk es uno de los grandes pulmones verdes de Hungría y uno de los espacios naturales más extensos del país. Sus bosques de hayas centenarias cubren un paisaje de gargantas, cuevas y senderos donde las temperaturas suelen ser más suaves durante el verano, convirtiéndolo en una opción para quienes buscan escapar del calor sin renunciar a la naturaleza.
En su corazón se encuentra Lillafüred, una pequeña localidad construida como lugar de descanso a finales del siglo XIX y rodeada de lagos, cascadas y bosques. Desde aquí parte un histórico tren forestal que durante décadas transportó madera y que hoy recorre valles y túneles antes de adentrarse en el bosque. Muy cerca, la Cueva de San Esteban mantiene una temperatura cercana a los 10 ºC durante todo el año y destaca por sus impresionantes formaciones de estalactitas y estalagmitas. Su excelente acústica ha hecho que, ocasionalmente, se celebren conciertos en su interior, ofreciendo una experiencia única en un entorno natural.
El país de los lagos escondidos
Más allá del Balaton, Hungría esconde pequeños lagos rodeados de montañas y bosques que ofrecen una forma distinta de disfrutar del verano. Algunos sorprenden por la singularidad de su entorno y otros se han convertido en el punto de partida de rutas de senderismo o actividades acuáticas.
El lago Hubertlaki, en las montañas Bakony, llama la atención por los troncos secos que sobresalen de sus aguas. Son los restos de un antiguo bosque que quedó parcialmente inundado tras la construcción de una presa, creando un paisaje muy singular que recuerda al lago Kaindy, en Kazajistán. En las montañas Mátra, el lago Sástó —el lago natural situado a mayor altitud de Hungría— ofrece zonas de baño, un paseo de madera alrededor de sus orillas y una torre mirador desde la que se contemplan los bosques circundantes. Además, marca el inicio de las rutas que ascienden hasta Kékestető, el punto más alto del país.
Más al sur, los lagos de Orfű forman un conjunto de cuatro lagos artificiales rodeados por los bosques de las montañas Mecsek. Sus aguas tranquilas invitan a practicar paddle surf, kayak o darse un baño, mientras que los senderos y áreas de descanso convierten la zona en uno de los espacios naturales más populares del sur de Hungría durante el verano.
Paisajes con siglos de historia
Naturaleza e historia conviven en muchos rincones de Hungría. Castillos medievales, fortalezas y antiguas canteras forman parte del paisaje y muestran cómo el patrimonio y el entorno natural han evolucionado de forma conjunta a lo largo de los siglos.
El Recodo del Danubio, situado a unos 40 kilómetros al norte de Budapest, resume bien esa combinación. En este tramo, el río dibuja una de las curvas más características de su recorrido antes de continuar hacia la capital. Sobre una de las colinas se alza el castillo de Visegrád, antigua residencia de los reyes húngaros, mientras que senderos como la garganta de Rám o el mirador de Prédikálószék permiten contemplar el Danubio desde las alturas.
En las montañas de Zemplén, al noreste del país, el lago Megyer-hegyi Tengerszem ocupa el lugar de una antigua cantera de piedra. Rodeado por paredes de roca de más de 70 metros de altura y con aguas de intenso color verde esmeralda, este antiguo espacio minero se ha convertido en una parada habitual para senderistas y fotógrafos gracias al espectacular contraste entre la roca, el bosque y el lago.
La Hungría más auténtica
El Parque Nacional de Őrség conserva un modelo de poblamiento rural que apenas ha cambiado con el paso de los siglos. Sus asentamientos tradicionales, conocidos como szer, están formados por pequeños grupos de casas dispersas entre bosques y prados, una forma de organización que permitía a las familias vivir junto a sus tierras de cultivo y que todavía define el paisaje de este lugar.
Bosques, caminos ciclistas, pequeños huertos y el lago Hársas completan un entorno donde la vida transcurre con otro ritmo. Además, en los mercados locales es habitual encontrar miel, quesos artesanos, mermeladas caseras o el tradicional aceite de semillas de calabaza, uno de los productos más representativos de esta región del oeste de Hungría. Todo ello convierte Őrség en un buen lugar para descubrir una Hungría más tranquila y ligada a sus tradiciones.