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La mayor riqueza. Legados escogidos de la Caja de las Letras
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La mayor riqueza. Legados escogidos de la Caja de las Letras

Uno de los rincones más especiales del Instituto Cervantes, la Caja de las Letras, ha abierto sus cajetines de seguridad para, por primera vez, desvelar parte de su contenido en la exposición «La mayor riqueza. Legados escogidos de la Caja de las Letras».

La muestra, en la sede central del Instituto —en el marco de la Semana Cervantina 2024—, reúne un centenar de legados de la totalidad de los que se custodian en la antigua cámara acorazada de la institución y podrá visitarse hasta el próximo 16 de junio.

Los legados han sido entregados por destacados protagonistas de la cultura de España e Hispanoamérica, que los han ido depositando desde 2007 —el escritor Francisco Ayala, premio Cervantes 1991, inauguró este ritual cultural— en alguna de las 1.800 cajas de seguridad del banco cuyo edificio, construido en 1918, alberga actualmente la sede central del Cervantes en Madrid.

La misma vitrina que muestra el legado de Ayala está expresamente dedicada a los premios Cervantes, como Miguel Delibes, Sánchez Ferlosio, la uruguaya Ida Vitale (que confesaba al depositar su legado en 2019: «Tengo hace años para mí un tesoro, un manuscrito de José Bergamín»), el nicaragüense Sergio Ramírez; Ana María Matute (que comentó en 2009 durante la entrega: «Si alguna vez alguien me recuerda dentro de 20 años, que diga, ¡anda mira la Matute, pues no estuvo mal»), el chileno Jorge Edwards, el mexicano José Emilio Pacheco («No sabemos si habrá libros en el siglo XXII pero me atrevo a creer que en formas desconocidas para nosotros existirán la lengua española y la poesía») o el último galardonado, Luis Mateo Díez.

En favor de la memoria y contra el olvido

Eduardo Mendoza, que comparte espacio en la exposición con los demás premios Cervantes, descubrió al dejar su legado en 2017 el espíritu de esta cápsula del tiempo: «La única cosa que puede pervivir después de la desaparición de las personas es su memoria. Hago entrega de este objeto, con la esperanza de que desde dentro de su caja alargue un poco la desaparición de mi recuerdo».

Los objetos dejados por la científica Margarita Salas («Un legado muy querido para mí, el primer cuaderno de protocolos que hice en Nueva York en el laboratorio de Severo Ochoa»), el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, la poeta nicaragüense Claribel Alegría, Ana María Matute, el cantautor argentino Atahualpa Yupanqui, la escultora Cristina Iglesias, el escritor cubano Leonardo Padura, el músico Cristóbal Halffter, el poeta Joan Margarit o los músicos Joaquín Sabina y Miguel Ríos se muestran desde hoy por primera vez al público fuera de las cajas donde fueron guardados.

Entre unos y otros han llenado esta cámara del tesoro de manuscritos, borradores, documentos administrativos, libros nuevos y viejos, plumas, gafas, máquinas de escribir, diplomas o expedientes académicos, recortes de prensa, pruebas de imprenta, cartas, fotografías y dibujos, carpetas, sombreros y vestidos, que podrán verse hasta el próximo 16 de junio en la sede central del Cervantes en Madrid.

Este patrimonio de la memoria de las culturas hispánicas alberga, entre muchas otras piezas, la máquina de escribir del escritor Nicanor Parra; la caja de música y una flauta de la niñez del editor Mario Muchnik; el reloj del hispanista John Elliott, que compró en Suiza a los 16 años con el dinero obtenido por su primer libro; el anillo del padre del bailarín Víctor Ullate; unas zapatillas de baile de la bailarina cubana Alicia Alonso o la pulsera de latón que el padre de la escritora mexicana Elena Poniatowska llevaba mientras combatía en la Segunda Guerra Mundial.

Homenaje a los grandes creadores que ya no están

La exposición también muestra una selección de legados in memoriam, es decir, de personalidades ya fallecidas. Entre otros, se encuentran los del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, una arqueta con tierra de su casa natal en Aracataca; el del dramaturgo Antonio Buero Vallejo, su pipa y uno de los bolígrafos con los que escribía las obras dramáticas; el del poeta Miguel Hernández, una primera edición de su poemario más temprano, Perito en lunas (1933) o el del músico y compositor argentino Atahualpa Yupanqui: tarjetas postales escritas a mano y enviadas durante sus viajes a su esposa.

Las mujeres en la cámara acorazada

Las mujeres ocupan un espacio destacado en la Caja de la Letras: desde 2022 con motivo del Día Internacional de la Mujer, el Cervantes celebra este acto con un legado colectivo que evidencia el respaldo del Instituto a la igualdad de derechos entre ambos sexos.

En 2022 fue el turno de las artistas Cristina Iglesias y Lita Cabellut, las escritoras Gioconda Belli, Laura Restrepo y Maruja Torres; la lexicógrafa María Moliner, la actriz Aitana Sánchez-Gijón, la investigadora María Vallet-Regí y la cantaora Carmen Linares.

En 2023, el legado en el 8-M le correspondió a Carmen Caffarel lingüista e investigadora y directora del Instituto Cervantes (2007-2012); también, in memoriam, a Carmen de Burgos, periodista y escritora, más conocida como Colombine; a la escritora y activista, María Lejárraga, y la filósofa María Zambrano.

Y en el Día de la Mujer de este año las legatarias han sido la cantautora Rosa León, la actriz Marisa Paredes y la escritora y periodista Rosa Montero, que entregaba, entre otros objetos, una carta de Ursula K. Leguin, «maravillosa escritora norteamericana a la que reconozco como maestra», confesaba.

Buzón de Los Machado

Mención especial merece el Buzón de Los Machado. Ubicado en la caja número 1722 de la antigua cámara acorazada contiene cartas, poemas, escritos y dibujos que personalidades, políticos, ciudadanos anónimos y escolares dedicaron a Antonio y Manuel Machado, muchos de los cuales se exhiben en esta muestra. Además, se expone una urna con tierra procedente de tres ciudades machadianas: Sevilla (donde nacieron los hermanos), Madrid (donde ambos residieron bastantes años) y Colliure (donde Antonio murió en el exilio y está enterrado).

Al entregar su legado en 2010, el escritor José Manuel Caballero Bonald describía el ayer y el hoy de esta Caja de las Letras: «Hace años estas cajas fuertes debieron contener fortunas, joyas, en contraste con el modesto legado que ahora entrego, viene a ser como una especie de ejercicio de humildad, que nunca viene mal».

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