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Israel Galván desnuda el bolero en la Bienal de Flamenco de Sevilla
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Israel Galván desnuda el bolero en la Bienal de Flamenco de Sevilla

martes 15 de septiembre de 2026, 08:45h

Bolero de Blanco y Negro nació de una idea del pianista Andrea Rebaudengo e Israel Galván y rinde homenaje a Maurice Ravel.

El título hace referencia a varios temas, a las teclas del piano, a los colores del traje del torero que “va de blanco y negro” y más. Israel Galván se une a dos pianistas clásicos para mirar la obra de Ravel con su propio lenguaje. “Vamos a quitarle al bolero el color, la pastelería, el merengue, los candelabros. Vamos a dejarlo en un cuarto austero haciendo que se susurre al oído suavemente y al mismo tiempo que continúe una maquinaria rítmica que no para nunca”.

El Bolero es reconocible incluso en su forma más simple. Stravinsky definió a Ravel, con acierto, como «el más perfecto relojero de todos los compositores». Y así hay que ver su música: como la obra de un artesano obsesionado con la perfección formal y técnica de su creación.

Es suficiente esta palabra para pensar en Ravel y su ritmo incesante. Pero el Bolero es música y danza desde antes y lo será también después, atravesando las músicas y evocando cantos y melodías cautivadoras. Por supuesto Ravel lo ha cristalizado de una forma inolvidable, y lo es a tal punto que hasta quitando la orquesta y convirtiéndolo, como dice Israel “en blanco y negro”, o bien con el sonido de dos pianos, el Bolero sigue siendo bolero, deshuesado y quizás todavía más impresionante.

“De aquí parte el proyecto: de Maurice Ravel -que lleva la España dentro y escribe también una extraordinaria Alborada del Gracioso- y del bolero que después se convierte en canción apasionada e incluso un género musical, que Moncho y sus herederos volvieron reconocidos. Los boleros de esta noche son el perfecto mundo musical que puede inspirar la fantasía de Israel Galván, su rítmica y su aprecio al color del sonido”, Andrea Rebaudengo.

Cuando Ida Rubinstein le encargó en el 1927 un «ballet de carácter español», el músico adoptó una antigua danza andaluza: el bolero, que Juan Antonio de Iza Zamácola ya describe, en una publicación de 1799, como una evolución de las seguidillas. La obra tuvo tanto éxito que incluso molestó al propio compositor, que no la consideraba una obra “terminada”. Precisamente esa sensación de algo abierto y repetitivo es lo que inspira a Galván a bailar no solamente Bolero, sino también otras piezas: desde Ravel y su vínculo con España, hasta el bolero como canción, con obras de Ramón Calabuch Batista (Barcelona, 1940 - Mataró, 2018), conocido artísticamente como “Moncho” y su profunda voz gitana, o Juan José Amador (Sevilla, 1960), uno de los últimos cantaores románticos del flamenco, que con sus voces ponen los boleros tradicionales en un lugar muy jondo.

La maquinaria rítmica, por manos de mellizos gitanos – Los Mellis de Huelva –, son los tambores que siguen con frialdad y sin emoción el ritmo.

Galván continúa su búsqueda: “Soy la percusión y el que toca el tambor durante todo el tiempo, pero la otra parte del cuerpo va por el aire. Tanto los músicos como quien baila deben ser todos los instrumentos a la vez. Intento hacer un homenaje a la música de Ravel, pensando tanto en la coreografía de Béjart como en el Bolero de Raquel de Cantinflas, en Moncho y, sobre todo, en mis orígenes: el flamenco”.

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