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Spa, la ciudad europea donde el agua se convirtió en sinónimo de bienestar
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Spa, la ciudad europea donde el agua se convirtió en sinónimo de bienestar

En el corazón verde de Valonia, la pequeña ciudad belga de Spa lleva siglos haciendo del agua, la naturaleza y el descanso una forma de vida. Cuna de una cultura termal que acabaría dando nombre a los “spas” de todo el mundo, hoy combina patrimonio reconocido por la UNESCO, arquitectura histórica, bosques y una propuesta contemporánea de bienestar.

¿Por qué Spa? La ciudad donde el bienestar se convirtió en historia

Mucho antes de que reservar unas horas en un spa fuera sinónimo de desconexión, viajeros de toda Europa acudían a Spa, una pequeña ciudad de Valonia rodeada por los paisajes verdes de las Ardenas, atraídos por sus aguas minerales.

Sus manantiales, naturalmente gaseosos y ferruginosos, hicieron célebre a la localidad durante siglos y contribuyeron a que su nombre acabara utilizándose internacionalmente para hablar de bienestar y termalismo. Spa vivió uno de sus grandes momentos de esplendor durante el siglo XVIII, cuando aristócratas, intelectuales y miembros de las casas reales europeas llegaban para combinar salud, ocio y vida social. Entre ellos estuvo Pedro el Grande de Rusia, que visitó la ciudad en 1717 y cuyo paso permanece ligado al Pouhon Pierre le Grand.

Desde 2021, Spa forma parte de las “Grandes ciudades balneario de Europa”, inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Un reconocimiento a una cultura termal que dejó su huella en la arquitectura, el urbanismo y la propia manera de entender el descanso.

Thermes de Spa: siglos de tradición, bienestar del siglo XXI

La tradición continúa en las Thermes de Spa, situadas sobre una colina con vistas a la ciudad y al paisaje que la rodea.

Sus piscinas interiores y exteriores suman alrededor de 800 m² y utilizan agua mineral natural de la fuente Clémentine, calentada a 33 °C. Saunas, hammams, espacios de relajación, balneoterapia y diferentes tratamientos completan una experiencia pensada para desconectar durante unas horas o toda una jornada.

La arquitectura, abierta al paisaje mediante grandes superficies acristaladas, refuerza la conexión con el bosque y convierte el agua y la naturaleza en protagonistas.

Una ciudad construida alrededor del agua

La historia termal de Spa también se descubre en sus calles. El Pouhon Pierre le Grand, cuyo edificio actual data de 1880, protege la fuente mineral más abundante de la ciudad y alberga el Libro de Oro de Spa, una obra monumental de nueve metros que reúne a numerosos personajes históricos vinculados a la localidad.

Otro emblema es el Casino de Spa, abierto en 1763 y considerado el casino más antiguo del mundo, testimonio de la intensa vida social que acompañaba a las estancias termales.

El Parc de Sept Heures, creado como paseo público en el siglo XVIII, recuerda que caminar también formaba parte de aquella cultura del bienestar. En él se conserva la elegante Galerie Léopold II, construida a finales del XIX.

La memoria de los antiguos baños pervive asimismo en Les Bains de Spa, un hotel de cinco estrellas instalado en el histórico edificio de las antiguas termas. Fuentes, baños, parques y edificios históricos muestran cómo Spa construyó alrededor del agua no solo una tradición, sino una forma de vida.

Tres caminatas para prolongar la desconexión

Más allá del centro urbano, los paisajes que rodean Spa invitan a continuar la experiencia al aire libre.

Uno de los recorridos más conocidos sigue la Hoëgne, entre pasarelas de madera, bosques y los paisajes de las Hautes Fagnes. El valle del Ninglinspo propone una alternativa más activa siguiendo torrentes, pozas y pequeños saltos de agua en pleno bosque.

Para combinar patrimonio y naturaleza, la ruta alrededor del castillo de Reinhardstein recorre el valle del Warche entre senderos, bosque y vistas hacia una de las fortalezas medievales más espectaculares de Bélgica.

Tres paisajes diferentes y una misma invitación: dejar atrás el reloj y caminar al ritmo de la naturaleza.

Y para cambiar de ritmo: la otra cara de Spa

A pocos kilómetros de sus aguas termales se encuentra el legendario circuito de Spa-Francorchamps, uno de los trazados más célebres del automovilismo mundial, con curvas míticas como Eau Rouge y Raidillon en pleno corazón de las Ardenas.

La experiencia continúa en el Museo del Circuito, instalado en la Abadía de Stavelot. Y para descubrir las carreteras de la región a otro ritmo, una experiencia en Citroën 2CV permite recorrer los alrededores de Spa y las Ardenas en uno de estos vehículos clásicos.

Una combinación que resume bien la personalidad del destino: empezar el día entre aguas termales, caminar por el bosque y terminarlo junto a uno de los circuitos más famosos del planeta.

Septiembre, una invitación a bajar el ritmo

Con el final del verano, septiembre es un momento especialmente sugerente para descubrir Spa. Los bosques comienzan su transición hacia el otoño, las temperaturas invitan a caminar y la ciudad recupera esa atmósfera serena que parece formar parte de su ADN.

En una época en la que el bienestar se ha convertido en tendencia y motivo de viaje, Spa propone regresar al lugar donde buena parte de esa historia comenzó.

Una ciudad pequeña que prestó su nombre al mundo y que, siglos después, mantiene la misma esencia: hay lugares a los que se viaja para ver más y otros a los que se viaja, simplemente, para sentirse mejor. Spa pertenece a los segundos.

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