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Ian Coury: Una mandolina de diez cuerdas para llegar a todo el mundo
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Ian Coury: Una mandolina de diez cuerdas para llegar a todo el mundo

Ian Coury es un virtuoso de la mandolina de diez cuerdas con el que hablamos en un evento de la compañía aérea Iberia que está de celebración porque en 2027 cumple 100 años. Este músico es uno de los artistas jóvenes de esa nueva generación del 27 que intervino en ese evento junto al guitarrista Javier Limón y el percusionista Juan Carmona, acompañados por un coro de jóvenes onubenses…

Ian empezó con un cavaquinho porque la guitarra eléctrica era demasiado grande. Hoy toca una mandolina de diez cuerdas, ha estudiado en Berklee, ha compartido escenario con músicos como Danilo Pérez, John Patitucci, Paquito D’Rivera o Hamilton de Holanda y viaja por medio mundo con su instrumento. Ian Coury tiene 24 años y más de 70 composiciones. Su próximo sueño, sin embargo, no tiene tanto que ver con los grandes escenarios como con los niños de Brasil.

La historia podría empezar en un lugar muy distinto de un escenario internacional. Ian Coury tenía siete años y, como tantos niños, quería formar una banda con sus amigos.

Mis amigos en la escuela, desde niños, querían hacer una banda. Teníamos siete años. Entonces llegué a mi padre y le dije que quería tocar un instrumento. Me preguntó cuál y le dije que la guitarra eléctrica. Me contestó que era muy grande para mí y que tenía que elegir otro instrumento.

La batería tampoco parecía una opción demasiado práctica.

Dije que la batería, pero eso abultaba mucho y era mucho ruido y mucho barullo.

La solución fue el cavaquinho, un pequeño instrumento de cuerda muy ligado a la samba brasileña.

¿Y qué tal cavaquinho? —me insinuó mi padre. Y empecé con ese instrumento a los siete años.

Aquella elección acabaría llevándole mucho más lejos de lo que probablemente imaginaba entonces. Nacido en Brasilia, Coury comenzó su formación en la Escola de Choro Raphael Rabello, una de las referencias de la enseñanza del choro brasileño. Pero el momento decisivo llegó al descubrir la mandolina.

Empecé tocando el cavaquinho a los siete años

Después fui a ver un show con los mejores mandolinistas de Brasil y quedé encantado. Y un día, cuando estaba en la casa, medio adormilado, me acordé y dije que quería tocar la mandolina como ellos. Y ya no paré de tocarla.

La historia tiene incluso un pequeño círculo perfecto: cuatro años después de aquel concierto, Coury estaba tocando en el mismo lugar donde había descubierto el instrumento.

Hoy no toca una mandolina cualquiera. La suya tiene diez cuerdas.

Lo tradicional son ocho cuerdas, pero la mandolina que yo toco tiene un par de cuerdas más graves. Por eso consigo hacer los acordes y las melodías de una vez, y así consigo la polifonía, y estoy continuamente aprendiendo muchas técnicas.

Ese instrumento se ha convertido en una especie de laboratorio musical. Coury lo utiliza para explorar la música brasileña, el jazz contemporáneo y sus propias composiciones. Y estas últimas no son precisamente pocas.

¿Tienes composiciones propias?

Más de 70.

¿Y cuáles son tus temas principales a la hora de interpretarlos en un escenario?

Mis temas principales son brasileños, jazz y composiciones propias.

La formación de Coury explica en parte esa mezcla. Después de sus primeros años en Brasil, obtuvo una beca completa para estudiar en Berklee College of Music, en Boston, donde cursó una licenciatura en Escritura y Producción Contemporánea y posteriormente un máster en Interpretación Contemporánea en el Berklee Global Jazz Institute.

Aquella experiencia amplió todavía más su horizonte. También le permitió entrar en contacto con algunos de los grandes nombres del jazz y de la música brasileña. A lo largo de su trayectoria ha compartido escenario con artistas como Danilo Pérez, John Patitucci, Paquito D’Rivera, Rosa Passos, Hamilton de Holanda y Toninho Horta.

Pero Coury parece tener bastante claro dónde quiere tocar y, sobre todo, dónde no.

¿En qué lugares interpretas tu música?

En teatros, jazz clubs, casas de show… Lo hago en todos los lugares en los que me llaman, pero no toco en bares. Solo en lugares artísticos, lugares buenos, no en bares…

La respuesta tiene algo de declaración de principios. Y también encaja con una carrera que, a pesar de su juventud, ya tiene una dimensión internacional. En 2020 fue elegido Mejor Instrumentista en el Festival Nacional de Radio FM de Brasil y sus trabajos más recientes han sido publicados por Biscoito Fino, uno de los sellos independientes más reconocidos de Brasil.

Mi futuro es enseñar mi música en todo el mundo

Además, su actividad no se limita a los escenarios. Coury también enseña. Ha impartido talleres y clases magistrales en instituciones como Harvard, el MIT y la Universidad de Colorado Boulder, y desde 2022 enseña mandolina de choro brasileño a través de Peghead Nation a alumnos de diferentes países.

Y viajar parece haberse convertido en parte inseparable de su oficio.

Este año he tomado más de 64 vuelos.

La lista de destinos da una idea de su ritmo de trabajo: México, Panamá, Estados Unidos, Croacia, Grecia, Francia, Italia, Montenegro y, por supuesto, Brasil, donde ha tocado por prácticamente todo el país.

Pero ¿hasta dónde quieres llegar?

Quiero tocar en teatros más grandes, en sitios más grandes. Yo ya estoy cumpliendo mi sueño, pero aún estoy comenzando y quiero llegar más lejos y a más gente.

La respuesta podría resumir buena parte de su trayectoria: satisfacción por lo conseguido, pero ninguna intención de detenerse.

Quiero continuar haciendo lo que estoy haciendo, pero en más países, más lugares, con más público, mostrando mi música.

Sin embargo, cuando habla del futuro aparece otro proyecto que tiene poco que ver con el tamaño de los escenarios. Coury quiere volver a Brasil para ayudar a que otros niños tengan la oportunidad que él tuvo.

También quiero abrir una escuela para niños en Brasil. Tuve una experiencia muy única, que fue poder estudiar en Berklee, Boston, y todas las cosas que aprendí. La mayoría de los niños no tienen acceso. Por eso quiero abrir una institución de caridad para ayudar a los niños y una escuela y que puedan aprender a tocar.

Quiero abrir una escuela para niños en Brasil para que aprendan a tocar este instrumento

Después vuelve a hablar de viajar, pero esta vez con otro propósito:

Mi futuro es enseñar mi música en todo el mundo.

Y así llegamos a Madrid. La presencia de Ian Coury en la gala de Iberia no fue casual. Todo comenzó en São Paulo, en un evento similar.

La primera vez que estaba en São Paulo, teníamos un evento como este, pero en São Paulo, y cuando me oyeron tocar les gustó mucho. Y como Iberia está haciendo 100 años, me dijeron que iban a hacer aparecer unos siete artistas, la nueva generación del 27, yo represento a Brasil,  junto a otros artistas jóvenes.

Así, aquella mandolina que llegó a su vida casi por casualidad —después de descartar la guitarra eléctrica porque era demasiado grande y la batería porque hacía demasiado ruido— terminó aterrizando también en Madrid.

Diez cuerdas, más de 70 composiciones, 64 vuelos en un año y una agenda que ya atraviesa continentes. Pero, si uno escucha a Ian Coury hablar de su futuro, la ambición no parece estar únicamente en llegar a escenarios cada vez más grandes.

Quizá esté también en conseguir que otro niño brasileño, algún día, pueda descubrir un instrumento, enamorarse de él y decidir que quiere tocarlo para siempre.

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