En el sur de Costa Rica se encuentra San Vito de Coto Brus, un pueblo fundado tras la posguerra europea por inmigrantes italianos, cuya creación está marcada por el romance entre Vito Sansonetti y Olivia Tinoco. Lo que comenzó como una modesta colonia agrícola sorprende hoy por su herencia cultural, sus paisajes exuberantes y la huella de quienes transformaron la selva en hogar. Los visitantes pueden recorrer fincas históricas y sumergirse en un rincón donde naturaleza, cultura e historia se experimentan en primera persona.
Un proyecto de amor y visión
San Vito de Coto Brus nació de un amor que atravesó océanos y guerras. En un viaje en barco por Panamá, Vito Sansonetti conoció a Olivia Tinoco Castro, una joven costarricense que por casualidad estaba de visita. Fue amor a primera vista: Vito le propuso matrimonio y le pidió esperar a que su travesía terminara, prometiendo casarse al regresar a Italia. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial cambió todos sus planes. Vito debió servir en la marina italiana y la espera se prolongó siete años, tiempo en que solo se comunicaban por cartas, que tardaban semanas o meses en llegar.
Con Italia en ruinas tras la guerra, Vito y Olivia decidieron buscar un nuevo comienzo en Costa Rica. Allí, aquel hombre que soñaba con la vida en el mar se convirtió en empresario agrícola e industrial, y junto a su hermano Ugo emprendió un proyecto de vida en las montañas del sur del país, con la idea de construir una comunidad agrícola próspera donde la tradición italiana se entrelazara con la cultura costarricense. El nombre del pueblo, San Vito, rinde homenaje al santo italiano San Vito de Lucania, reflejando la fe y la esperanza que los colonos llevaron consigo.
Hoy, la herencia italiana se percibe en los festivales, los nombres de las calles, la gastronomía y la enseñanza del idioma en escuelas locales. Centros culturales como el Dante Alighieri conservan la memoria de los fundadores y los monumentos recuerdan su esfuerzo por levantar viviendas, escuelas, hospitales y plantaciones de café. En San Vito, cada paseo es un viaje por la historia de un amor y un proyecto que dieron forma a un destino donde naturaleza, cultura y romance se viven de cerca.
Sabores, tradiciones y herencia compartida
En San Vito, la riqueza cultural también se descubre a través de la gastronomía. Los visitantes pueden recorrer cafetales históricos y fincas locales donde todavía se cultiva café de altura, caña de azúcar, maíz y plátanos, participando en la cosecha y el tostado del café mientras aprenden sobre la vida de los colonos italianos y costarricenses.
La gastronomía local combina la tradición italiana con los sabores típicos de Costa Rica. Quienes lo visitan pueden degustar pasta fresca, pizzas artesanales y postres italianos junto a preparaciones con ingredientes locales como café, cacao y plátano. Los talleres culinarios permiten aprender a elaborar desde panecillos y pastas italianas hasta platos ticos como gallo pinto o picadillo de verduras, ofreciendo un recorrido sensorial que combina cultura, historia y tradición culinaria.
Un paraíso de biodiversidad
La Casa de la Cultura de San Vito es un verdadero tesoro natural. Alberga una de las colecciones de insectos más importantes de Costa Rica, con ejemplares provenientes de más de 100 países. Iniciada hace más de 30 años por el naturalista alemán Carl Heines, la colección se ha convertido en un pilar cultural y turístico de la comunidad de Coto Brus. La visita permite apreciar mariposas, escarabajos y otros artrópodos cuidadosamente preservados, muchos de ellos mostrando tanto el macho como la hembra, un detalle excepcional que convierte la visita en una parada imprescindible para los amantes de la naturaleza.
Rodeado de bosques, ríos y altiplanicies que mantienen el paisaje verde durante todo el año, San Vito permite continuar el recorrido natural en el Jardín Botánico Wilson, dentro de la Estación Biológica Las Cruces, que forma parte de la Reserva de la Biosfera La Amistad, un área protegida de 475.000 hectáreas. Sus senderos, la observación de aves y la exploración de especies endémicas permiten a los viajeros conectar directamente con la biodiversidad del sur de Costa Rica y apreciar la riqueza y fragilidad de estos ecosistemas únicos.