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El Gordo de Velázquez

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  • El Gordo de Velazquez

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El Gordo de Velázquez, un restaurante cuyo nombre e imagen están inspirados en la novela The Pickwick Papers de Charles Dickens, es el fruto de la pasión de Carmen Sinovas por la cocina de José María Ibáñez. Inversora en varios negocios y clienta asidua del catering y tienda gourmet Semon (referente de la mejor cocina catalana en Madrid), ésta decidió hace unos meses apoyar a uno de sus cocineros fetiches en la consecución de su sueño vital: el de desarrollar su propio estilo culinario, en un local del que es co-propietario y para el que ha confeccionado una carta de lo más personal, que incluye algunas de sus creaciones más míticas como los canelones trufados de Semon o el pastel de berenjenas de Jockey.
José María Ibáñez es uno de esos cocineros que han llegado a la cima con modestia y sin hacer ruido. Un hombre afable y sensato que disfruta entre fogones, entiende la creatividad como horas de dedicación, los caldos y fondos como la base del sabor y la cocina tradicional como tendencia. Sus primeros años de profesión los pasó en Jockey con el maestro Clemencio Fuentes mientras que después destaca su experiencia con Pedro Subijana y el Hotel Velázquez. Durante los trece años posteriores fue director de cocina en Semon donde consiguió hacerse un hueco entre los mejores chefs de la capital. Ahora, y tras un breve periplo en el restaurante Tweed, da un paso más dirigiendo su propia cocina.
A base de un producto excelso, de su buena mano de orfebre y de un minucioso trabajo en cocina (todo, desde las salsas, masas y los elaborados fondos, se hace en el restaurante) José María Ibáñez consigue convertir lo sencillo en sublime. En su carta destacan unas melosas croquetas (de jamón y boletus), las colas de cigala en tempura, los muslitos de codorniz en chups, los calamares de potera, las alcachofas fritas, los huevos de campo, el pastel de berenjena “como el de Jockey”, los canelones trufados y la coca de calabacín y queso de cabra, otro gran clásico de su época en Semon. También, y muy especialmente, las albóndigas de ternera en salsa con colmenillas, la merluza de pincho, los fuera de carta (entre los que desfilan una estupendas lentejas con foie) y platos con guiños internacionales como el ceviche de corvina, gambas y pulpo o el Silpancho: un escalope de ternera picada con especias típico de Bolivia que se machaca a conciencia como la milanesa. En definitiva, una propuesta de calidad, variada y con un punto de originalidad que permite comer en plena calle Velázquez por menos de 30 € ya que ninguno de los platos pasa de los 15 €.
Además de la carta de comedor, en la barra y en la enorme y florida terraza funciona entre servicios una carta de picoteo con pinchos hechos al momento y raciones para compartir.
BODEGA Y VINOS POR COPAS
La oferta de vinos de El Gordo, confeccionada por el equipo de sumilleres de Santa Cecilia, engloba unas 40 referencias, con un 10 % de ellas aproximadamente disponibles también por copas. Clásicos como Muga, Ramón Bilbao, Emilio Moro, Marqués de Murrieta o los vinos de la familia Eguren, vinos modernos como La Venta del Loco, originales coupages, denominaciones emergentes y una buena selección de cavas y champagnes conforman una carta equilibrada y pensada para acompañar la comida sin aumentar la factura.
PROYECTO DE INTERIORISMO
Con una ubicación privilegiada y capacidad para más de 200 comensales distribuidos en tres alturas y la terraza exterior, ElGordo de Velázquez es uno de los locales más espectaculares y especiales de Madrid. La decoración del espacio es cálida, elegante y moderna, aunque distinta a los que nos tiene acostumbrado la restauración actual. Su artífice es María Tirado, responsable del estudio y tienda de interiorismo DecoLab (en la calle Hortaleza) y con una gran experiencia en decoración de stands, bodegas, casas y, entre sus últimos trabajos, en restauración donde destaca su trabajo para el restaurante Morao del Paseo de la Castellana.
Paredes de ladrillo visto y falso hormigón, un techo de sarmiento y flores liofilizadas, un lucernario con plantas y luz naturales en el sótano, confortables sillas y butacas tapizadas en terciopelo, mesas de madera maciza, piezas de diseño -como los apliques Diesel de Foscarini- y lámparas, objetos y mobiliario fabricados a medida conforman la estética del nuevo punto de encuentro del barrio Salamanca.
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