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Salvador Távora, un hombre de teatro
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Salvador Távora, un hombre de teatro

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Salvador Távora tras una larga trayectoria profesional, vuelve a la actualidad con su obra más emblemática.

Este autor responde a nuestras preguntas ante la reposición de ‘Quejío’ dentro del Festival Flamenco Madrid 2018…

Quejido: Voz o sonido lastimoso producido por alguna pena o dolor.

Soy un hombre de teatro y por vía del arte he expresado mi compromise artístico y social

Quejío: La expression más profunda del cante jondo. Los ayes o lamentos que lo acompañan.

Salvador Távora nace en Sevilla, en 1934, y se cría en un barrio popular, el Cerro del Águila, en medio de las dificultades económicas y culturales que siguieron a la Guerra Civil española. Realiza sus estudios primarios en la escuela pública de su barrio, y a los catorce años ingresa como aprendiz en los talleres mecánicos de HYTASA una fábrica de tejidos, en la que aprende y ejercita el oficio de soldador eléctrico, al tiempo que amplia sus studios en las clases nocturnas impartidas en la misma fábrica.

Como los demás niños del Cerro se impregna de la vida del barrio, familiarizándose con los cantes por soleá de “El Papero”, y los fandangos comprometidos de “El Bizco de Amate”, un universo de tonalidades que formalizarán más tarde su concepto del flamenco y de su función social.

Quién es Salvador Távora en sus propias palabras

Soy un hombre de teatro y por vía del arte he expresado mi compromiso artístico y social. Creo que el arte tiene que tener una relación muy directa con los sentimientos de las personas que lo ejecutan.

En el bar La Cuadra se desarrollaron importantes apuestas artísticas

Escueto en sus respuestas, conciso en sus contestaciones, al igual que su obra artística, directa, dura, concreta, sin florituras ni adornos para el aplauso fácil…

Távora concibe y elabora, en los últimos meses de 1971, en un pequeño local de su barrio el Cerro del Águila el espectáculo teatral ‘Quejío’ donde arremete contra el academicismo…

¿Quién fue Paco Lira? ¿Y La Cuadra?

Paco Lira era el dueño de un bar, La Cuadra, donde se formaron y desarrollaron importantes propuestas artísticas, no sólo en el flamenco sino en otras artes perseguidas por el régimen dictatorial de entonces. También era un hervidero político y un lugar de encuentro y refugio de mucha gente contraria al régimen.

¿Qué significaron esos dos nombres en su vida artística y profesional?

Fueron un punto de partida de una nueva forma de entender el flamenco y su misión en la vida de la sociedad andaluza.

‘Quejío’ ve la luz definitivamente en 1972, “siete cantes y tres bailes, enumerados en diez Ritos o ceremonias, a través de un planteamiento en el cual casi se consigue fundir cante y baile con la posible o casi segura situación de una colectividad oprimida, en la que la queja o el grito trágico de sus individuos sólo ha servido, por una premeditada canalización, para divertir a los responsables”. Tal como lo explicaba el propio Távora ese mismo año.

¿Qué supuso Quejío’ en el flamenco?

Una ruptura con el flamenco de postal, de tablao, de fiestas. Y era necesario poder volver a sus orígenes comprometidos con la vida de un amplio sector de la sociedad andaluza marginada.

¿Si no hubiera pasado dificultades hubiera nacido Quejío?

No. Quejío es el fruto y el exponente de mi forma de vivir, de mis vivencias duras que se debían a unas situaciones extremas de la posguerra.

¿Tiene el mismo valor Quejío’ ahora que cuando se estrenó?

Creo que fue una respuesta contundente al mostrar el lugar que debía de ocupar el arte y el compromiso a las necesidades de entonces. Y entiendo que hoy las circunstancias están llevando a la sociedad a un punto con afinidades en este sentido con aquellos tiempos.

¿Se podría hacer algo similar a Quejío’ en nuestros días tal como está el asunto?

Creo que es más acertado volver a mirar a Quejío. Pienso que los pueblos de España, al margen de sus situaciones políticas, tienen que encontrar las diferencias que los distinguen como pueblos, sin que por ello se rompa ninguna unidad tan proclamada.

Las circunstancias están llevando a la sociedad a un punto con afinidades con aquellos tiempos

¿Quiénes se pueden considerar sus herederos artísticos?

Los empeñados en reafirmar un arte identificable con sus propias formas culturales.

¿Hay afición al flamenco?

Hay que buscarla y no confundir el flamenco con el cuplé y el folclorismo.

El flamenco de ahora o el de antes, ¿cuál es más auténtico?

El de antes por su espontaneidad y personales formas de expresarlolejos del academicismo.

Desde 1972 hasta hoy, Salvador Távora ha recibido infinidad de premios y distinciones, tantos nacionales como internacionales…

¿Qué suponen los premios para usted?

Un estímulo y un motivo para reafirmarme en mis conceptos sobre la vida, el arte, y en definitiva sobre la cultura.

El día 18 de este mes de mayo ‘Quejío’ se sube al escenario del Teatro Fernán Gómez, en Madrid, para demostrar que su apuesta sigue siendo válida…

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