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Pont de la Tourelle
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Pont de la Tourelle (Foto: Marc Bertrand)

Quasimodo llora… Notre-Dame arde…

martes 16 de abril de 2019, 16:03h
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Quasimodo llora desolado, su casa, su refugio, su hogar arde sin que nada ni nadie pueda evitarlo…

Notre-Dame se ha incendiado…

Al final, el archidiácono Claude Frollo se ha salido con la suya y ya no podrá recoger bajo sagrado a Esmeralda, la bailarina zíngara de la que todos se enamoran incluido el deforme Quasimodo…

Aquel espectador no se había perdido nada de lo que, desde el mediodía, había ocurrido ante el pórtico de Notre Dame. Ya desde los primeros momentos, sin que nadie se hubiera preocupado de mirarle, había atado fuertemente a las columnillas de la galería una gruesa cuerda de nudos cuyo extremo colgaba hasta la escalinata. Una vez hecho esto se había quedado mirando tranquilamente y silbaba de vez en cuando al pasar los mirlos delante de él. De pronto, cuando los ayudantes del verdugo se disponían a ejecutar la flemática orden de Charmoule, saltó al otro lado de la balaustrada de la galería, cogió la cuerda con los pies primero, con las rodillas y con las manos luego, y después se le vio descolgarse por la fachada como una gota de lluvia deslizándose por un cristal; se le vio luego correr hacia los dos verdugos con la velocidad de un gato caído de un tejado, derribarles con sus enormes puños, coger a la gitana de una mano, como una niña coge una muñeca y de un solo salto llegar hasta la iglesia, alzando a la joven sobre su cabeza y gritando con voz estentórea:

— ¡Asilo!

— ¡Asilo! ¡Asilo! —repitió la muchedumbre y diez mil aplausos hicieron refulgir de alegría y de orgullo el único ojo de Quasimodo.

La sacudida hizo volver en sí a la condenada, que abrió los ojos y al ver a Quasimodo volvió a cerrarlos súbitamente como asustada de su salvador.

Charmoule y los verdugos y toda la escolta se quedaron atónitos. En el recinto de Notre Dame, la condenada era, en efecto, inviolable, pues la catedral era un lugar de asilo y toda la justicia humana expiraba en sus umbrales.

(Extraído de la novela de Víctor Hugo “Notre-Dame de Paris”)

Un incendio, considerado en principio accidental, pues se estaba trabajando en reconstruir y fijar la aguja central de la inacabada catedral gótica, ha convertido una de las joyas de ese estilo arquitectónico y uno de los reclamos más turísticos de París en cenizas y humo…

Desolación, tristeza y lágrimas es lo que queda por hacer ante tal suceso…

Las autoridades galas hablan de reconstrucción, de abrir una colecta pública para sufragar los gastos, pero ¿es posible tal reconstrucción?…

Esperemos que sí, pero las dudas son muchas y grandes:

¿Aguantará la estructura que queda?

¿El daño ocasionado impedirá llevar a cabo obras de reconstrucción sin que se venga abajo?

De momento solo queda esperar…

Pero ya no podremos evitar que, cuando volvamos a leer la novela, o ver alguna de las versiones de la película que se hicieron, veamos esas lenguas de fuego alzándose al cielo de la capital gala…

Quasimodo llora desde la eternidad abrazado a su Esmeralda que no puede impedir que una lágrima surque su bello rostro y que ese jorobado que la tiene entre sus brazos procura secar…

Notre-Dame es un símbolo mundial…

El fuego es un elemento universal…

Larga vida a Quasimodo…

Larga vida a Esmeralda…

Larga vida a Notre-Dame…

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