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Semana Santa en Iznájar (Córdoba): participación y devoción de todo un pueblo
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Semana Santa en Iznájar (Córdoba): participación y devoción de todo un pueblo

viernes 20 de marzo de 2026, 10:15h

En el pequeño municipio de Iznájar (Córdoba), la Semana Santa no es solo una sucesión de procesiones: es una celebración en la que el pueblo entero se implica y participa activamente. Vecinos de distintas generaciones forman parte de desfiles y representaciones que recorren sus calles, manteniendo viva una tradición con raíces que se remontan al siglo XVII.

El momento más intenso llega el Viernes Santo por la mañana con múltiples escenas que provienen de El Paso Antiguo, la representación popular de la Pasión que se desarrolla al aire libre, integradas en el recorrido procesional. No se limita a acompañar imágenes: escenifica el relato. Un pregonero proclama la sentencia de Poncio Pilatos ante el público, las escenas avanzan por plazas y cuestas, y el casco histórico se convierte en un escenario en movimiento en el que vecinos y visitantes comparten espacio.

En este contexto cobra especial protagonismo la Judea, cuya presencia activa dentro de las procesiones constituye uno de los rasgos más singulares de la Semana Santa iznajeña. La comitiva está presidida por Poncio Pilatos y su mujer, acompañados de escribas y criados. A su lado, los judíos rasos avanzan con su indumentaria tradicional y sus morriones floridos portando los característicos rostrillos, máscaras de rasgos grotescos que forman parte de la identidad visual del municipio. A lo largo de la historia, estas representaciones llegaron a ser cuestionadas e incluso prohibidas en determinados periodos por autoridades eclesiásticas, pero la tradición logró mantenerse gracias a su arraigo popular y a la voluntad del municipio en conservarla.

Además, aparecen los llamados maladrones, figuras populares que representan a los ladrones que serán crucificados junto a Jesús. Durante el recorrido protagonizan intentos de fuga que desatan persecuciones y carreras por las calles del pueblo. En su huida lanzan los conocidos “crucetazos”, pequeños golpes simbólicos con sus cruces de madera a quienes encuentran a su paso, generando escenas de tensión y movimiento que forman parte inseparable de la tradición. Este dinamismo responde a una forma tradicional de representar la Pasión, en la que la escena irrumpe en la calle y el pueblo no es mero espectador...

Con la llegada de la noche, el ambiente cambia por completo. El bullicio da paso al recogimiento en la Procesión del Santo Entierro. Entre sus elementos más sobrecogedores destaca la presencia de los doce apóstoles portando doce calaveras reales, halladas tras el derrumbe de la antigua cripta parroquial y custodiadas durante todo el año por la hermandad en su casa-cueva. Su presencia tiene una fuerte carga simbólica y constituye una de las imágenes más singulares de la noche del Viernes Santo.

Además de estas escenas teatrales en la calle, Iznájar mantiene también la obra conocida como El Paso, representación pasionista que se celebra en el Salón de Usos Múltiples cada sábado de Gloria. Esta puesta en escena, heredera de las antiguas dramatizaciones barrocas, reúne cada año a vecinos que participan de forma no profesional en la interpretación y preparación de la obra, reforzando el carácter colectivo que define la Semana Santa iznajeña.

Con el objetivo de garantizar su conservación y reconocimiento, el Ayuntamiento de Iznájar trabaja en la elaboración de un expediente para que El Paso y varios de los rituales y representaciones pasionistas de su Semana Santa sean declarados Bien de Interés Cultural. Al mismo tiempo, tanto el Paso Antiguo como El Paso forman parte del proyecto municipal “Trenzar la Memoria”, una iniciativa de salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial que busca documentar y transmitir estas tradiciones desde la propia comunidad.

La Semana Santa de Iznájar se distingue por mantener unas prácticas que, a lo largo del tiempo, han atravesado periodos de transformación o han sido cuestionadas. Pese a ello, los iznajeños han sabido preservarlas y transmitirlas entre generaciones. El resultado es una celebración con identidad propia, en la que la representación, la memoria y la participación colectiva siguen ocupando un lugar central en la vida del municipio.

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