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Jean-Honoré Fragonard El sacrificio de Calírroe, 1765
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Jean-Honoré Fragonard El sacrificio de Calírroe, 1765 (Foto: Pablo Linés)

Exposición: El gusto francés y su presencia en España. Siglos XVII-XIX

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Fechas: Del 11 de febrero al 8 de mayo de 2022

Sede: Fundación MAPFRE Sala Recoletos, Madrid

Dirección: Paseo de Recoletos, 23. Madrid

Comisaria: Amaya Alzaga Ruiz

El gusto francés, analiza la presencia del arte galo en nuestro país a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, el período de mayor influencia recíproca e interrelación entre los dos países.

A través de numerosas pinturas (45), dibujos (16), esculturas (8), piezas de artes suntuarias y decorativas (31) y objetos de uso cotidiano, la exposición pretende adentrarse en la evolución del gusto francés en nuestro país, hasta el momento solo estudiado de forma puntual.

Un proyecto transversal, que abarca un período histórico tan extenso, no puede ser comprendido sin su contexto histórico. En este sentido, la muestra aborda también aspectos que hacen visible dicha evolución, como las relaciones diplomáticas, la historia del coleccionismo o la construcción de las identidades nacionales.

Gusto francés:

Se trata de un fenómeno transfronterizo en el que se mezcla la cultura y la estética gala con la española. Comienza en el siglo XVII, cuando la Francia de Luis XIV le arrebata el puesto a España como potencia política y económica. Es entonces cuando la política absolutista del monarca inunda la escena artística para propagar la magnificencia de su imagen y de su poder. Se impone un estilo de marcado carácter clasicista a través de la fundación en París de la Academia Real de Pintura y Escultura (1648) y de las reales manufacturas, que controlan la producción artística de acuerdo con el lenguaje establecido. El gusto francés se desarrolla y oficializa a lo largo del XVIII con la llegada de los Borbones al trono español, se extiende durante el siglo XIX y llega hasta principios del XX. Lo francés se convierte en sinónimo de refinamiento, de elección de materiales nobles en obras impecablemente ejecutadas. Desde España se adquieren piezas de artistas galos que o bien residen en Francia o bien llegan a la Península para trabajar en la corte.

Coleccionismo

El monopolio del gusto francés ha tenido una gran trascendencia en nuestro país a lo largo de tres siglos. Fueron numerosos los coleccionistas, tanto miembros de la realeza como nobles o aristócratas que, en su deseo de emular el arte de la corte, atesoraron piezas de tipología variada de procedencia gala: pintura, escultura, artes suntuarias, objetos de uso cotidiano, textiles o moda.

El retrato

Tras el apogeo del retrato mitológico durante los siglos XVII y XVIII, este género – considerado hasta entonces por la Academia, junto con el paisaje, como menor, pero que a partir de finales del siglo XVIII empezará a verse como el moderno por excelencia–, superó los códigos tradicionales de representación y adaptó sus formas a la creciente demanda pública y privada. Así, los retratos comenzaron a parecerse cada vez más a sus modelos, y tendieron a representar los afectos a través de los juegos de manos y miradas; los rostros de las mujeres se dulcificaban y, en general, se promovía representar al efigiado con naturalidad. En casi todos los casos, estas pinturas servían también como modo de afianzar la posición, ya fuera política, social o intelectual, de los modelos.

La mirada a España.

El siglo XIX A mediados del siglo XVII Francia comenzó a imponer su primacía sobre el gusto en Europa, en detrimento de Italia. Este monopolio, que tuvo una duración de casi tres siglos, cambió de manos a mediados del XIX. Fue entonces cuando España comenzó a atraer a un gran número de intelectuales y artistas, tanto franceses como del resto de Europa. La Península y sus peculiaridades se convirtieron en elemento exótico de narraciones y pinturas. Uno de los primeros en acudir a él fue Víctor Hugo, que ambientó su Hernani en territorio español. Esta visión romántica, que miraba al Siglo de Oro y se alejaba del canon del gusto establecido, se extenderá con pintores como Édouard Manet, epítome del artista moderno, que representó la vida contemporánea según el legado de artistas pretéritos, fundamentalmente españoles.

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