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Las Mazas, un canto a la primavera en Burgos
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Las Mazas, un canto a la primavera en Burgos

sábado 25 de febrero de 2017, 09:55h
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La provincia de Burgos presume de ser una de las pocas zonas en las que aún se conserva esta tradición de origen pagano para despedir el invierno.

El fin del invierno trae consigo el color de una nueva estación sinónimo de frutos, riqueza e ilusiones puestas en el resto del año. Para que así fuera, desde la época romana se llevaban a cabo rituales donde el canto a la naturaleza, a la mujer y al amor humano protagonizaban el último día de febrero, acompañado de ofrendas para fortalecer las plegarias.

Esta tradición, de las más antiguas que conserva la provincia de Burgos, continúa teniendo presencia en varios de sus municipios, que la celebran desde diversas perspectivas que aún conservan el objetivo para el que nacieron.

Origen romano

La llegada de la primavera evoca, desde tiempos remotos, nuevas esperanzas que se materializan en cantos que imploran una buena cosecha o hasta veneran la feminidad y exaltan el amor humano en una paradójica convivencia entre esta costumbre pagana y la forma de vida cristiana. Son cantados por los ‘marceros’, mozos y mozas de cada municipio que entonan estas ‘marzas’ la noche del último día de febrero; en ocasiones les corresponde a los quintos del pueblo, jóvenes que de una forma u otra son protagonistas de varias de las fiestas que se suceden a lo largo del año.

El origen de esta tradición se remonta a tiempos romanos, cuando la llegada de marzo suponía el momento de implorar benevolencia a la naturaleza, pedir fecundidad para el ganado, rendir homenaje al dios de la agricultura y venerar a la figura femenina a través de la ronda a las mozas de la localidad. Su esencia ha llegado a nuestros días casi de forma idéntica: tras pedir el permiso a las autoridades, se encienden las hogueras, se apagan todas las luces y los mozos entonan sus cantos dedicados a la primavera, a la mujer y a la petición de viandas.

La celebración de ‘Las Marzas’ en la provincia de Burgos, un entorno eminentemente rural, guarda una vinculación muy estrecha con la razón de ser de esta tierra por razones obvias, por ello, es una de las fiestas más antiguas que se celebran en esta zona tan homogénea como dispar. Esta riqueza de variantes e interpretaciones da lugar a diferentes tipos de ‘ceremonias’ a lo largo y ancho de su geografía, aunque siempre con el mismo denominador común.

La importancia de la vivencia de esta fiesta en comunidad y armonía con la gastronomía es uno de sus puntos fuertes. En la actualidad, gran parte del protagonismo de ‘Las Marzas’ recae en la despensa burgalesa a través de productos y platos como las sopas de ajo, los pinchos de morcilla y de chorizo, moscatel y pastas para paliar el frío o incluso el chocolate caliente de madrugada con el mismo menester.

Municipios de Burgos que celebran Las Marzas

Son muchos los municipios burgaleses que siguen celebrando ‘Las Marzas’; unos, fruto de una tradición muy arraigada y otros, gracias a una recuperación relativamente reciente.

Entre ellos se encuentran Aranda de Duero, Arauzo de Miel, Bahabón de Esgueva, Baños de Valdearados, Barbadillo del Mercado, Belorado, Caleruega, Castroceniza, Cebrecos, Ciruelos de Cervera, Cubillo del Campo, Doña Santos, Espinosa de Cervera, Fontioso, Hontoria de Valdearados, Hortezuelos, Huerta de Rey, La Revilla, Lerma, Mamolar, Mecerreyes, Miranda de Ebro, Peñalba de Castro, Pineda Trasmonte, Pinilla de los Barruecos, Pinilla Trasmonte, Puentedura, Quintanilla del Agua, Quintanilla de la Mata, Rabanera del Pinar, Retuerta, Santa Maria del Mercadillo, Salas de los Infantes, Santa Inés, Santo Domingo de Silos, Tordueles, Torresandino, Villalbilla de Gumiel, Villanueva de Gumiel, Villalmanzo y Villatuelda.

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