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Montes Obarenes
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Pueblos y experiencias en plena naturaleza de Burgos

miércoles 26 de mayo de 2021, 10:50h
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Al noreste de la provincia de Burgos, en el Parque Natural Montes Obarenes - San Zadornil, las montañas se elevan por encima de los mil metros y aparecen rodeadas por hoces, desfiladeros y gargantas tallados por los ríos Ebro, Oca y Purón. Este territorio verde y diverso, a caballo entre los climas atlántico y mediterráneo, es el lugar ideal para airear cuerpo y mente y refrescarlo con experiencias outdoor y hallazgos bonitos de pueblos y rincones.

Los amantes de la aventura y del turismo activo disfrutarán recorriendo los más de veinte senderos que vertebran el parque natural, navegando por el embalse de Sobrón, desafiando la gravedad en la nueva vía ferrata Miraveche - Silanes y recorriendo los interminables caminos que se adentran en el Nueva York de los Bosques, una maravillosa metrópoli verde donde los árboles ejercen de rascacielos.

Entre plan y plan se intercalan pequeños pueblos donde las piedras cuentan historias: en Valpuesta se escribieron las primeras palabras en castellano, Frías ostenta el título de ser la ciudad más pequeña de España y en Oña sucedieron algunos episodios claves del pasado de Castilla.

Pero antes de comenzar el viaje, recomendamos pasar por alguna de las dos casas del parque: una en Oña, en el extremo occidental del espacio natural, y la otra, al noreste, recibe el nombre de “La Metrópoli Verde” y da paso al Nueva York de los Bosques. En ambas muestran los infinitos planes que se pueden hacer en este pequeño paraíso. A continuación, diez muy imprescindibles:Frías

De ruta por el Nueva York de los Bosques

Como si fuesen rascacielos, los pinos, los abetos, los tejos, las secuoyas, las hayas, las sabinas, los robles y otras especies forestales se alzan en la Metrópoli Verde y, al igual que en la capital del mundo, este bosque de bosques no duerme ni día ni de noche. Siempre hay alguien con los ojos bien abiertos ya sean ratones, búhos o lechuzas.

Aunque no hay metro funcionando las 24 horas, las plazas, los barrios y las calles de esta enorme ciudad están conectados con diferentes medios de transporte. Hay caballos, bicicletas eléctricas y senderos para caminar, pedalear o cabalgar horas y horas. El ritmo es lento, pero es importante no perderse nada en este laberinto natural.

Valpuesta, cuna del castellano

Hoy lo utilizan cerca de 500 millones de personas, pero hubo un día en el que tan solo tenía unos pocos hablantes. El español, uno de los idiomas más utilizados del mundo, empezó en los alrededores de Valpuesta. Allí, términos latinos como forum, matera o fraxinum evolucionaron a fuero, madera o fresno.

Primero fue la palabra oral y después, la escrita. Las que recogieron los monjes de la colegiata de Santa María de Valpuesta, artífices del cartulario más antiguo del país. Aquellas que convirtieron lo que se habla y se escucha en un testigo material que ha llegado a nuestros días.

Precisamente, la colegiata de Valpuesta - fundada a partir de una pequeña iglesia visigótica del siglo IX - es uno de los imprescindibles de este pequeño pueblo burgalés, que aparece rodeado de bosques, valles y montañas. También merece la pena visitar el Palacio Zaldíbar, la casa torre de Valpuesta y su antiguo molino, hoy restaurado. La rueda de este molino aprovechaba el agua del río Mioma, un afluente del Omecillo que, a su vez, desemboca en el Ebro, la siguiente parada de la ruta.

Navegando por el embalse de Sobrón

Haciendo frontera entre las provincias de Burgos y Álava, el embalse de Sobrón recoge el agua que el Ebro vierte en él. El entorno no puede ser más bonito ya que, en esta zona, el río ha creado un desfiladero de enormes paredes verticales que muchas aves rupícolas han convertido en hogar.

Para los amantes de la naturaleza, las posibilidades del sitio son infinitas: se pueden visitar sus pequeños pueblos, recorrer los senderos, practicar el arte de la pesca o navegar: un nuevo embarcadero permite a los visitantes surcar las aguas de este embalse y observar el paisaje desde otra perspectiva.

Una panorámica muy diferente es la que se obtiene a más de 1400 metros, desde lo alto del pico Humión.

Subir a la cima de los montes Obarenes

OñaEl techo de los montes Obarenes se llama pico Humión. Arriba, a 1437 metros y junto a una cruz de hierro, se puede observar, a vista de pájaro, el valle de Tobalina, los montes Obarenes y la sierra de Arcena. Subir requiere esfuerzo, pero la recompensa es infinita.

El punto de partida para el ascenso es el pequeño pueblo de Orbañanos. Allí nace una ruta de tan solo 5 kilómetros que conduce a la cima. Que la distancia no juegue al despiste: para alcanzar el punto más alto hay que salvar un desnivel de 800 metros así que el ejercicio es intenso.

Para los menos amigos de las cuestas también hay opciones. En todo el parque natural existe una red con una veintena de rutas señalizadas que permiten adentrarse en cañones, pasear por bosques y que desembocan en pequeños pueblos llenos de monumentos como Trespaderne o Frías.

Frías, la ciudad más pequeña de España

Coronada por un castillo roquero, protegida por una muralla y acompañada del Ebro, Frías se abraza a la roca, mientras que sus casas colgadas se asoman al abismo. La estampa la completan un puente medieval fortificado que cruza el Ebro, la iglesia de san Vitores, con una preciosa portada gótica, el convento de San Francisco y un pequeño templo románico, entre otros monumentos.
En esta localidad viven tan solo 250 “ciudadanos”, 250 vecinos que tienen el privilegio de habitar la ciudad más pequeña de España, una distinción que le otorgó el rey Juan II de Castilla en el siglo XV.

Sus alrededores también son un espectáculo. Hay bosques, montañas, desfiladeros, ermitas y la pequeña pedanía de Tobera donde el río Molinar va creando hermosas cascadas, pocos kilómetros antes de su encuentro con el Ebro.

Condal de Oña, la historia de Castilla

Las piedras del monasterio de san Salvador, en Oña, guardan una parte importante de la historia de Castilla: es la misma que cuentan, cada verano, los vecinos en el Cronicón de Oña, una obra de teatro declarada fiesta de interés turístico regional.

En la representación se narra la historia de la fundación del monasterio, mandado construir en el siglo XI por el conde Sancho García, y también las vicisitudes que vivieron los primeros reyes y condes de Castilla, muchos de los cuales descansan en los panteones de la iglesia abacial.

Más allá de visitar el monasterio de san Salvador, su iglesia, la sacristía o el claustro gótico flamígero, un paseo por Oña descubre al visitante numerosos monumentos: la iglesia de san Juan Bautista, el museo de la Resina, el hospital de santa Catalina y casonas de piedra con blasones que hablan de sus primeros propietarios.

A vista de pájaro en la vía ferrata Miraveche – Silanes

Hace pocos meses que, en Silanes, una pedanía de Miraveche, se ha abierto un vía ferrata que promete grandes aventuras y buenas vistas a quienes se atrevan con ella.

Con una longitud de 250 metros y un desnivel de 50 metros, sus dos puentes mono, el puente y el péndulo le otorgan, en algunos puntos, una dificultad K3. Aunque para hacerla es casi imprescindible no sufrir vértigo, los materiales garantizan la seguridad de este camino vertical que se agarra a la roca.

Para recorrer la vía ferrata, siempre se puede contar con la ayuda de los profesionales de algunas empresas especializadas y alquilar equipos en el punto de información habilitado por el ayuntamiento. Y los grandes amantes de la aventura con experiencia en escalada, tienen, a pocos kilómetros, las paredes del desfiladero de Pancorbo.

El desfiladero de Pancorbo, belleza e historia

Lugar de paso obligado, a Pancorbo se le conoce como la puerta de Castilla y con razón. Por aquí discurre la vía Aquitania, el Camino de Santiago y también fue lugar de numerosas batallas. De ahí el patrimonio militar que atesora: hay restos de muralla y ruinas de fortalezas como el castillo de santa Marta o el fuerte de santa Engracia.Oña

Romanos, peregrinos, ganaderos y comerciantes, entre otros, han atravesado, a lo largo de los siglos, este desfiladero esculpido por el río Oroncillo y han dejado muestras de su paso: todavía permanecen los restos de antiguas estructuras ganaderas, fuentes y pequeñas ermitas.

Tesoros del pasado que se pueden descubrir caminando por el sendero de Pancorbo. Al final de la ruta, los caminantes podrán detenerse en el pueblo y disfrutar de la gastronomía y de miles de historias antes de poner rumbo a sus siguientes destinos: Encío y Santa Gadea del Cid.

Encío y Santa Gadea del Cid, el colofón patrimonial de los Montes Obarenes - San Zadornil

En el extremo sureste del parque natural, se encuentran estas dos localidades separadas tan solo por seis kilómetros, una distancia que se puede hacer en coche o a pie, caminando por un tramo del sendero GR-291. Agua y Roca.

En Encío, los visitantes no pueden perderse la preciosa iglesia románica de San Cosme y San Damián que corona una colina con buenas vistas de los alrededores, eso sí, el protagonismo se lo lleva el templo con sus pinturas y su ábside.

Santa Gadea del Cid es uno de los pueblos más bonitos del norte de la provincia, un conjunto amurallado que conserva sus dos puerta, un castillo y un patrimonio religioso formado por las ermitas del Patrocinio y de la Virgen de las Eras, el convento de nuestra señora del Espino y la iglesia de san Pedro.

Desde Santa Gadea del Cid parte el sendero de Bozoó, una ruta que conduce al único alcornocal de la provincia, un bosque mediterráneo que da fe de la enorme biodiversidad del parque natural de los Montes Obarenes - San Zadornil.

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