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Celebrar los 30 años de Praga, Český Krumlov y Telč como Patrimonio de la Humanidad

Hace treinta años, tres ciudades de belleza monumental de la República Checa eran declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Hoy día, Praga, Český Krumlov y Telč siguen brindando alegrías y regalando decenas de experiencias divertidas que podéis disfrutar este verano.

Chequia espera este verano con decenas de propuestas

Los aniversarios están para celebrarlos y en la República Checa se lo tomamos muy en serio, así que proponen festejar a lo grande las tres décadas que cumplen las ciudades de Praga, Český Krumlov y Telč como Patrimonio de la Humanidad en la Lista de la Unesco. La mejor manera de comprobar la belleza de las tres homenajeadas y todas las posibilidades que brinda al viajero es recorriendo sus cascos antiguos, sintiendo el peso de la historia, probando las recetas locales, dejándose llevar por el ritmo pausado del estío... Chequia espera este verano con decenas de propuestas, las más tentadoras las compartimos a continuación.

ČESKÝ KRUMLOV, ROMANTICISMO PURO

La ciudad de Český Krumlov no lleva únicamente treinta años enamorando a cuantos la visitan sino que su casco histórico amoldado a la curva fluvial más atractiva de Bohemia del Sur forma parte del corazón de los viajeros desde hace muchos siglos. Hay que recorrerla con calma y experimentar la sensación de viajar en el tiempo, este no es un lugar para llevar listas de visitas apuntadas pero sí para gozar de al menos estas cinco vivencias:

  1. Disfrutar de la perspectiva desde el río.

Las casas apiñadas en torno al río y la magnificencia del palacio son aún más palpables cuando se navega en una balsa por el meandro que rodea a Český Krumlov. El mejor momento para hacerlo es al atardecer cuando la ciudad comienza a iluminarse y los cielos se tiñen de románticas tonalidades.

  1. Vestir de época para viajar al pasado.

El ambiente de Český Krumlov invita a soñar con tiempos pretéritos, a usar vestuario de otras épocas y a posar como ya hicieron los vecinos de la ciudad a inicios del siglo XX. Es más, incluso es posible hacerlo en el mismo lugar, con idénticos decorados, en una de las salas del Museum Photo Studio Seidel. Los recuerdos están asegurados.

  1. Visitar una mina de grafito.

Una excelente manera de conocer los procesos y labores que se realizan en el interior de una mina es visitándola de una forma interactiva. En Český Krumlov se encuentra una mina de grafito con un extenso laberinto de galerías que es ideal para una actividad en familia. A los más pequeños les encantará subir al tren minero vestidos de una forma especial y con una lámpara en la mano.

La ciudad de Český Krumlov lleva treinta años enamorando a cuantos la visitan

  1. Admirar obras de Egon Schiele.

Una de esas visitas esenciales para amantes del arte es al Egon Schiele Art Centrum, una galería de renombre mundial dedicada a este pintor y artista gráfico que pasó largas estancias en este lugar. Curiosamente, se encuentra ubicada en el edificio renacentista de la antigua fábrica de cerveza municipal.

  1. Degustar un festín medieval.

¿Quién ha probado alguna vez un menú de la Edad Media? En esta ciudad se tiene la oportunidad de degustar recetas propias del Medievo, con productos y técnicas propias de siglos pasados. Uno de los restaurantes idóneos para ello es la taberna U dwau Maryí, situada junto a la ribera del río y con preciosas vistas al palacio.

TELČ, UNA BELLEZA RENACENTISTA

Pequeña y sorprendente, la población de Telč es la segunda parada en este viaje por los treinta años de la declaración de la Unesco. Con sus poco más de cinco mil habitantes, este rincón del suroeste de Moravia no deja de cosechar expresiones de asombro cuando el viajero recorre por primera vez su bien conservado casco antiguo y comienza a descubrir que cada detalle es digno de admiración. Pero para los que les gusta la acción, se pueden vivir algunas experiencias en una ciudad que representa la mejor muestra de Renacimiento italiano desde el norte europeo:

  1. Recorrer su plaza renacentista.

Decidir cuál es la fachada más bonita de la plaza renacentista de Telč es misión imposible porque todas tienen detalles que impiden la comparación. Se puede recorrer la plaza, visitar sus cafés y tiendecitas y seguir por los alrededores desde la torre de la iglesia del Espíritu Santo.

  1. Telč desde una tabla de paddle surf.

Sobre una tabla de paddle surf, Telč cobra otra dimensión al reflejarse en las aguas de alguno de sus dos estanques. La naturaleza circundante cobra protagonismo en esta actividad, al igual que en el bellísimo parque del palacio. Dos propuestas ideales para el verano.

  1. Visitar el palacio renacentista.

En el interior del palacio de Telč todo rezuma elegancia, y así se puede intuir lo que es la vida noble al admirar su Sala Dorada con su maravilloso artesonado. Tampoco hay que perderse la capilla de Todos los Santos y el extenso parque que rodea a la construcción.

Pequeña y sorprendente, la población de Telč es la segunda parada en este viaje por los treinta años de la declaración de la Unesco

  1. Degustar una cerveza artesana.

No es original pero sí necesario, en verano apetece más que nunca una cerveza bien fría en la microcervecería Pansky pivovar. Allí mismo se pueden degustar recetas locales, tanto tradicionales como con un toque creativo.

  1. Recorrer las galerías subterráneas.

La belleza exterior de Telč suele opacar a la antigua ciudad medieval que permanece a unos metros bajo el suelo. Así que ánimo y a recorrer la exposición interactiva situada a lo largo de 250 metros de pasillos subterráneos. Si se viaja con niños, les encantará.

PRAGA, LA CAPITAL MÁS BELLA Y DIVERTIDA

Praga, la monumental capital de la República Checa, llega a su tercera década como ciudad protegida por la Unesco con la sabiduría de una vieja dama que está a vueltas de todo pero con la ilusión de seguir demostrando que este honor sigue siendo más que merecido. Si es la primera vez en la ciudad se debe incluir visitas básicas como el Castillo de Praga, la Plaza de la Ciudad Vieja o el Puente de Carlos, pero sin dejar de sumar otras experiencias con toque veraniego tan divertidas como las siguientes:

  1. Ver el atardecer desde el Moldava.

Los cruceros fluviales por el Moldava al ocaso son una propuesta perfecta para descubrir la magia de la capital desde el agua pero si se añade un poco de aventura y se surca el río en un kayak, se convierte en una experiencia inolvidable como la sensación de ver la luz dorada de Praga iluminando el Puente de Carlos o la silueta de las torres y cúpulas que miran al cauce. Y para terminar, una cerveza en la plataforma bar flotante –donde también alquilan kayaks y tablas de paddle surf– o una sesión de hidromasaje y sauna al aire libre.

Praga llega a su tercera década como ciudad protegida por la Unesco con la sabiduría de una vieja dama

  1. Descubrir la obra de Alfons Mucha.

Conocer la vida y la obra de Alfons Mucha (Moravia, 1860-Praga, 1939), el gran artista checo del Art Nouveau, en su tierra natal es un privilegio que no se debe dejar escapar. En Praga existen cuatro itinerarios temáticos que llevan a descubrir aquellos lugares que influyeron en su trayectoria vital y donde se puede admirar parte de su obra. Paradas obligadas son el Museo Mucha –en el Palacio barroco Kaunický–, la Catedral de San Vito con sus bonitas vidrieras y la Casa Municipal.

  1. Pasear por el Průhonický park.

Este espacio verde es uno de los más bonitos e interesantes de la capital, ya que alberga un arboreto con más de 1.600 especies de árboles nacionales e internacionales. Hay que fijarse, sobre todo, en la belleza de los rododendros. Pasear por sus senderos, ver el discurrir el agua, incluso con pequeñas cascadas, y el reflejo del palacio de Průhonice es un planazo para esos días en los que apetece tener un día tranquilo sin salir de Praga.

  1. Palacios con vistas sorprendentes.

Cualquier momento del día es perfecto para asomarse a alguna de las terrazas que regalan preciosas vistas sobre los tejados de la capital checa. Por nombrar sólo tres, se sugiere conocer la del palacio de los Lobkowicz, en el Castillo de Praga, la del palacio Lucerna y la terraza del Museo Nacional de Agricultura de Praga.

  1. Gozar de la alegría del verano.

Animados mercadillos callejeros, música en las calles, el agradable ambiente de la ribera del Moldava. ¿Se puede pedir más para disfrutar de las largas tardes de verano en Praga? Sí, un paseo por el malecón haciendo paradas en algunos de los seis antiguos almacenes circulares, convertidos en privilegiadas ventanas al cauce fluvial, donde se sitúan galerías de arte, cafeterías, tiendas, alquiler de bicicletas...

Así, entre recorridos monumentales y emocionantes experiencias se puede celebrar los treinta años de la declaración de Patrimonio de la Humanidad de estas tres ciudades y disfrutar de un verano distinto.

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