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Canal du Midi
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Toulouse, una ciudad multicolor

Aunque sus ilustres fachadas de ladrillo le han valido el nombre de la “Ciudad Rosa”, la magia de Toulouse no se reduce a un único color. Multifacética como pocas, la capital de la región de Occitania impacta diariamente la vida de sus habitantes y sus afortunados turistas gracias a calles y objetos salpicados de azules, violetas, verdes y negros, emparentados de forma muy curiosa con el rojo y el amarillo. Adentrarse en su pantone es zambullirse en su historia, su naturaleza, sus fetiches y su épica deportiva.

Rosa

Gracias al tono seductor de los ladrillos vistos en sus edificios, Toulouse siempre será la “Ciudad Rosa”. Un color majestuoso y muy complejo que adquiere más belleza, si cabe, gracias a los tonos anaranjados que el óxido ferroso va imprimiendo en la piedra con el paso del tiempo. Un espectáculo visual a cualquier hora del día pero especialmente al atardecer y a orillas del río Garona, cuando la explosión de luz va proyectándose en el agua y emite multitud de destellos sobre todas las superficies de la ciudad.

Azul

El glorioso pasado de Toulouse se plasma en pinceladas azules muy discretas –aunque visibles y bellas– en las fachadas del casco viejo, tanto en los detalles de carpintería como en el hierro forjado de algunas ventanas, portadas, persianas o postigos. Con la elección de este color, el Ayuntamiento rinde homenaje a la época dorada del comercio de hierba pastel (isatis tinctoria) allá por el siglo XVI, con cuyas flores se creaba un famoso tinte de color azul añil que la gente asociaba al éxito social y la nobleza.

Violeta

Desde que en 1854 un soldado piamontés sorprendiera a su amada con una flor de violeta, este aromático obsequio es uno de los emblemas más característicos de Toulouse, conocida también como la “Ciudad de las Violetas”. Su cultivo alcanzó fama mundial en la primera mitad del siglo XX, cuando vagones repletos de ellas partían de la estación de Matabiau en dirección a toda Europa, incluso a Rusia, ya que era la única planta que florecía en invierno. Hoy la ciudad no se olvida de ella, y es posible adquirirla en múltiples versiones: desde delicados recuerdos y cosméticos hasta bajo la forma de dulces, miel, chocolate o en la camiseta oficial de su equipo de fútbol, el Toulouse Football Club.

Rojo y negro

La épica en Toulouse es roja y negra. O así lo indican los colores del uniforme de su equipo de rugby, el Stade Toulousain, una de las grandes potencias del deporte rey francés y cuyos seguidores inundan los fines de semana la plaza del Capitole para asistir a los partidos en pantalla grande. La elección cromática no es arbitraria: el rojo y el negro son tonos asociados a la nobleza y la justicia desde la Edad Media, cuando vestían las togas de los capitouls –magistrados con autoridad para las finanzas, lo militar y la toma de decisiones– y que también lucía a diario el fundador del club, Ernest Wallon (1851-1921), jurista francés y profesor de derecho.

Verde

El Canal du Midi convierte a Toulouse en una “ciudad verde”. Un color que ya nombró el cantante Claude Nougaro en su himno Ô Toulouse y que se refiere a unas aguas teñidas, en parte, por el reflejo de los árboles de su orillas, por donde pueden realizarse bellísimos paseos a pie, en bicicleta o a bordo de cruceros entre Toulouse a Sète y a través del pequeño Canal de Brienne, con un frondoso paisaje que llega prácticamente hasta el centro de la ciudad.

El verde también está presente en los más de 160 parques y jardines de la ciudad, algunos tan históricos como el Jardín Botánico, el Royal y el Grand Rond (todos del siglo XVIII), otros de estilo muy francés como el Parque de la Reynerie, o exóticos como el Jardín Japonés del Barrio Compans. Y eso sin olvidar el más esperado de todos: el Gran Parque Garona, cuyo proyecto nace en la isla Ramier, a caballo entre las dos orillas del río, y que trazará un recorrido de más de 16 kilómetros a través de toda la ciudad.

Amarillo y negro

Otro de los emblemas de Toulouse es su pastilla de regaliz negra y cuadrada, conocida como Cachou Lajaunie. Envuelta en una bonita cajita metálica amarilla y negra, se vende en farmacias desde 1880, cuando el farmacéutico Léon Lajaunie cambió su receta y decidió comercializarla bajo su nombre y con ese icónico packaging. La fórmula definitiva, a base de varias categorías de regaliz, azúcar, almidón, lactosa, gelatina, polvo de anacardo y menta inglesa, nació de sus pruebas para mejorar la higiene bucal de sus clientes. Hoy este producto es un best seller en Toulouse y su agradable golpe de sabor resulta obligatorio para los buenos viajeros.

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