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Las salinas más espectaculares de Baleares y su historia centenaria
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Las salinas más espectaculares de Baleares y su historia centenaria

viernes 22 de mayo de 2026, 09:15h

Hay paisajes de Baleares que suenan a viento, a agua moviéndose entre canales y al crujido de la sal cristalizándose bajo el sol. Durante siglos, las salinas fueron una pieza clave en la economía de las islas y todavía hoy siguen dibujando algunos de los escenarios más singulares del archipiélago. Lagunas rosadas, humedales llenos de aves migratorias y estanques donde la sal se recoge prácticamente igual que hace generaciones.

Ibiza: la sal que financió murallas, puertos y siglos de historia

Mucho antes de que Ibiza se convirtiera en uno de los grandes destinos del Mediterráneo, la sal era uno de sus bienes más valiosos. Las salinas del Parque Natural de Ses Salines, situadas al sur de la isla, ya eran explotadas por los fenicios hace más de 2.500 años y llegaron a convertirse en uno de los motores económicos del Mediterráneo occidental. Durante siglos, barcos cargados de sal partían desde Ibiza rumbo a Génova, Barcelona o Marsella, mientras este “oro blanco” ayudaba a financiar parte de la construcción de las murallas de Dalt Vila y el crecimiento comercial de la isla.

Recorrer Ses Salines permite descubrir un paisaje casi industrial en mitad de un parque natural: pequeños canales que distribuyen el agua marina entre estanques, montañas de sal visibles desde la carretera y antiguos raíles por donde circulaban los vagones salineros. En verano, las balsas adquieren tonalidades rosadas gracias a microorganismos capaces de sobrevivir a concentraciones extremas de sal, el mismo fenómeno que atrae a decenas de flamencos cada año.

Además de su valor histórico, el parque natural alberga uno de los ecosistemas más singulares de Baleares. Y es que, bajo sus aguas se encuentran extensas praderas de posidonia oceánica responsables de la transparencia característica del mar pitiuso.

Formentera: lagunas rosadas y aves que recorren media Europa

En Formentera, la tradición salinera se mezcla con algunos de los paisajes más silenciosos de la isla. El Estany Pudent, situado entre La Savina y Es Pujols, fue durante décadas una de las principales zonas de extracción de sal y aún conserva la geometría de los antiguos estanques de evaporación. Su nombre hace referencia al olor que antiguamente desprendían las aguas estancadas ricas en materia orgánica y salinidad extrema.

Este humedal es actualmente uno de los grandes refugios de biodiversidad de Formentera. Miles de aves migratorias hacen parada aquí cada año durante sus rutas entre África y Europa, y especies como el zampullín cuellinegro encuentran en estas aguas uno de sus hábitats más importantes del continente.

Muy cerca, Estany des Peix refleja una imagen completamente distinta. Conectada al mar por un estrecho canal natural, esta laguna interior de aguas calmadas fue históricamente utilizada como refugio para pequeñas embarcaciones pesqueras y todavía mantiene ese carácter pausado y casi secreto.

Menorca: una tradición recuperada entre marismas y viento de Tramuntana

En Menorca, la producción de sal forma parte de una relación histórica marcada por la Reserva de la Biosfera y la preservación del entorno natural. En La Concepción, la tradición salinera se recupera desde una perspectiva artesanal y de pequeña escala, devolviendo protagonismo a un producto que durante años estuvo ligado a la conservación de alimentos y al comercio marítimo.

Aquí, el proceso sigue dependiendo del sol, el viento y el ritmo natural de evaporación del agua marina. La llamada “flor de sal”, una fina capa de cristales que aparece en la superficie de los estanques en días concretos de verano, se recoge manualmente con herramientas tradicionales y en cantidades muy limitadas.

Hoy, aunque la actividad salinera en Baleares es mucho más reducida que siglos atrás, varias iniciativas continúan manteniendo viva esta tradición. Entre ellas destacan empresas como Flor de Sal d’Es Trenc, en Mallorca; Salinas de La Concepción, en Menorca; Sal de Ibiza y Sal Líquida de Formentera, que han convertido la producción artesanal de sal en parte de la identidad gastronómica y cultural del archipiélago.

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