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Mia Wen-Hsuan Liu: Me interesa cómo la línea viaja por la imagen
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Mia Wen-Hsuan Liu: Me interesa cómo la línea viaja por la imagen

Nacida en Taipéi en 1980, Mia Wen-Hsuan Liu, conocida y reconocida como Mia Liu, pertenece a una generación de artistas taiwaneses que ha sabido tender puentes entre la tradición oriental y el arte contemporáneo internacional. Formada en el San Francisco Art Institute y en el Hunter College de Nueva York, trabaja con el dibujo, la fotografía, la instalación, la escultura en papel o el vídeo, siempre con un mismo propósito: encontrar la poesía escondida en los objetos cotidianos y en la memoria.

Su trayectoria la ha llevado a exponer en instituciones y museos de Australia, Países Bajos, Hungría, Singapur, Corea del Sur o Taiwán, además de participar en programas internacionales de residencia artística en Escocia y Francia.

Al llegar en avión, me llamó muchísimo la atención el color rojizo de la tierra que rodea Madrid

Ahora llega por primera vez a Madrid para presentar la exposición que hizo a dúo con el maestro Pu-Chun Teng “Crónicas de Piedra y Pluma”, en el Real Jardín Botánico-CSIC.

Dos artistas de generaciones distintas que dialogan a través de la tinta, el dibujo, la naturaleza y la memoria.

Apenas lleva unos días en la capital, pero ya ha comenzado a mirarla con la curiosidad de quien convierte cualquier detalle cotidiano en materia para crear.

Porque hay artistas que buscan imágenes; Mia Liu, antes que nada, observa.

Observa el paisaje desde la ventanilla de un avión, las técnicas con las que trabajan unos albañiles, los objetos que alguien abandona en un contenedor o el recorrido que una simple línea puede seguir sobre un papel.

De esa mirada paciente nace buena parte de su obra.

En realidad la exposición está organizada por series

Lo primero que descubre Mia Liu de Madrid no es un museo, ni una plaza, ni uno de sus monumentos. Lo primero que siente es el calor.

—«Hace mucho calor»— dice entre risas apenas comienza la conversación.

Y esa respuesta da paso a una conversación en la que habla de paisajes, de líneas, de recuerdos infantiles y de cómo incluso unos contenedores de basura pueden despertar la mirada de una artista. Antes incluso de aterrizar ya había investigado sobre Madrid.

«Sabía que la ciudad está situada en una meseta y, al llegar en avión, me llamó muchísimo la atención el color rojizo de la tierra que la rodea. Es un paisaje completamente distinto al de Taiwán. Yo vivo en Taipéi, que está en un valle, y tanto el entorno como el clima son muy diferentes.»

Quien contempla una ciudad con ojos de artista acaba fijándose en detalles que a menudo pasan desapercibidos para quienes viven en ella. En el caso de Mia Liu, uno de esos detalles fueron los residuos urbanos.

Durante la presentación de la exposición comentó que le interesaba especialmente la forma en que Madrid gestiona su basura. Le preguntamos por qué.

«En Taiwán prácticamente no existen contenedores de basura en la calle como los que he visto aquí. Me resulta muy interesante observar cómo la gente deposita objetos de todo tipo y cómo una ciudad organiza la gestión de todos esos residuos.»

Pero no solo le han llamado la atención los hábitos cotidianos de los madrileños. También ha observado la manera de construir.

«He visto que algunos obreros siguen utilizando poleas y cuerdas para subir materiales. Son técnicas tradicionales que en Taiwán prácticamente ya no existen. Tengo la sensación de que, durante nuestro proceso de modernización, hemos perdido muchas formas de trabajar que aquí todavía permanecen. Me gusta descubrir esas cosas.»

No lo dice con nostalgia, sino con la curiosidad de quien observa cómo dos sociedades evolucionan por caminos distintos.

El viaje de las líneas

A primera vista, Crónicas de Piedra y Pluma parece dividirse en dos mundos bien diferenciados: por un lado las obras sobre papel y tinta; por otro, las piezas realizadas con papel enrollado y un lenguaje más cercano al volumen.

Sin embargo, Mia Liu matiza esa impresión.

Dibujar es mi forma más natural de expresarme

«En realidad la exposición está organizada por series. Es verdad que hay obras más bidimensionales y otras que incorporan un componente tridimensional, pero lo que realmente estoy investigando no es el formato. Lo que me interesa es la línea y cómo esa línea viaja por la imagen.»

Ese concepto del viaje aparece también cuando habla de las técnicas que utiliza. A lo largo de su trayectoria ha alternado el dibujo y la fotografía sin establecer fronteras rígidas entre ambas disciplinas.

«He tenido etapas en las que me he centrado más en una técnica que en otra. Cuando dibujo estoy completamente concentrada en el dibujo; cuando hago fotografía, toda mi atención está ahí. Pero muchas veces, mientras trabajo en una, estoy pensando en la otra. Al final terminan mezclándose.»

Dibujar implica largas horas de estudio; fotografiar supone salir al exterior y dejarse sorprender por lo inesperado. Esa diferencia también alimenta su proceso creativo.

«Los estímulos externos siempre influyen. Dibujar es mi forma más natural de expresarme, pero después de muchas horas en el estudio necesito salir. La calle también forma parte del proceso creativo.»

Hace una breve pausa y rompe la solemnidad de la conversación con una carcajada.

«Además... creo que no dibujo tan bien.»

La afirmación provoca una sonrisa inevitable, porque basta contemplar cualquiera de sus obras para sospechar que se trata más de una muestra de modestia que de una valoración objetiva.

La pieza más difícil de elegir

Cuando hice La Niña Oxidada estaba trabajando sobre recuerdos de la infancia y sobre algunos traumas infantiles

Cuando le pedimos que escoja una obra de la exposición que resuma mejor su búsqueda artística, tarda varios segundos en responder.

Suspira, mira hacia el techo y permanece unos instantes en silencio antes de encontrar las palabras.

«Es muy difícil elegir una sola.»

Finalmente se decide por una de las piezas cuyo marco rompe deliberadamente la forma rectangular tradicional.

«Quizá esa obra representa mejor la investigación que estoy haciendo ahora. En ella intento combinar el lenguaje bidimensional con el tridimensional.»

Muy distinta es la emoción que aflora cuando la conversación llega hasta La Niña Oxidada, una de las obras más intensas de la muestra.

Su expresión cambia.

«Es una obra bastante triste. En aquel momento estaba trabajando sobre recuerdos de la infancia y sobre algunos traumas infantiles. Mientras la realizaba intentaba desprenderme de esos recuerdos, dejarlos atrás.»

Paradójicamente, aquella pieza nacida desde una experiencia profundamente íntima ha terminado convirtiéndose en la imagen que presenta Crónicas de Piedra y Pluma.

Quizá porque, como sucede con toda obra sincera, cuanto más personal es el punto de partida, más fácil resulta que encuentre un eco en quien la contempla.

Crónicas de Piedra y Pluma podrá visitarse en el Real Jardín Botánico-CSIC hasta el 30 de agosto. Una oportunidad para descubrir el diálogo entre dos artistas taiwaneses de generaciones diferentes y comprobar cómo tradición y contemporaneidad no son conceptos opuestos, sino dos formas de recorrer un mismo camino. Después de conversar con Mia Liu resulta difícil contemplar sus obras sin detenerse, precisamente, en aquello que ella no ha dejado de hacer desde que llegó a Madrid: observar.

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