Con cerca de 4.500 kilómetros, los Caminos Dulle recorren buena parte del perímetro del país y conectan costas, pueblos pesqueros, ciudades y espacios naturales. Una extensa red de itinerarios que permite descubrir Corea del Sur a pie, desde las playas de Busan hasta los paisajes próximos a la frontera con Corea del Norte.
Completar los Caminos Dulle exigiría unos ocho meses caminando una media de 20 kilómetros diarios. Sus cerca de 4.500 kilómetros equivalen a 5,7 veces la longitud del Camino de Santiago y dibujan una extensa red de rutas que bordea buena parte de Corea del Sur, desde la costa oriental hasta el litoral meridional y occidental, con itinerarios que se aproximan también a la frontera intercoreana.
Pero no hace falta plantearse una travesía de semejantes dimensiones para disfrutar de esta propuesta. La red está organizada en cuatro grandes rutas y numerosas etapas que permiten adaptar el recorrido al tiempo disponible, la preparación física y los intereses de cada viajero. Desde una caminata de unas horas junto al mar hasta varios días atravesando pequeñas localidades y paisajes costeros, los caminos ofrecen una forma diferente de conocer el país, lejos de los circuitos turísticos más habituales.
La primavera y el otoño son dos de las estaciones más favorables para recorrerlos. Entre marzo y mayo, la floración acompaña las caminatas, mientras que de septiembre a noviembre los bosques y las montañas adquieren tonalidades otoñales y las temperaturas suelen resultar agradables para las actividades al aire libre. El verano, más cálido y húmedo, y el invierno, con temperaturas que pueden bajar de cero, requieren una planificación más cuidadosa.
Haeparang Trail: la costa oriental entre playas y ciudades
¿Es posible combinar una escapada urbana con una jornada de senderismo junto al mar? Busan demuestra que sí. Esta ciudad portuaria, una de las más importantes de Corea del Sur, permite adentrarse en el Haeparang Trail, una ruta que sigue el litoral oriental del país y alterna paisajes marítimos, playas y enclaves urbanos.
Uno de sus tramos más accesibles comienza en Oryukdo Sunrise Park y recorre 16,9 kilómetros junto al mar, pasando por lugares tan conocidos como Gwangalli y Haeundae. El itinerario permite contemplar la costa desde otra perspectiva, detenerse en el Oryukdo Skywalk y descubrir algunos de los paisajes más representativos de la ciudad sin renunciar a sus cafés, restaurantes y ambiente cosmopolita.
Al caer la noche, el puente Gwangandaegyo iluminado ofrece una imagen muy diferente de la que acompaña la caminata matinal. La experiencia puede prolongarse hacia el norte, donde el Haeparang Trail atraviesa destinos como Gangneung y Sokcho.
En Gangneung, por ejemplo, algunas etapas combinan playas, pinares y el lago Gyeongpoho, antes de llegar a Anmok Coffee Street, conocida por sus cafeterías junto al mar. Una propuesta que demuestra que naturaleza y vida urbana pueden formar parte del mismo viaje.
Namparang Trail: caminar también es descubrir la gastronomía
La costa sur invita a viajar con otro ritmo. Aquí, los puertos, los mercados y las pequeñas localidades pesqueras forman parte de un paisaje en el que la gastronomía ocupa un lugar destacado.
El Namparang Trail conecta Busan con Haenam a través de 90 recorridos que atraviesan pueblos agrícolas, núcleos urbanos y extensos paisajes costeros. El mar acompaña buena parte del trayecto y ofrece la oportunidad de conocer de cerca las actividades tradicionales de las comunidades locales.
En Yeosu, el tramo 55 recorre 15,6 kilómetros prácticamente llanos entre el entorno de Expo Ocean Park y Soho. Puertos, paseos marítimos y referencias al patrimonio marítimo aparecen a lo largo del camino, que puede concluir en Soho Yacht Marina, donde se ofrecen actividades acuáticas como kayak, windsurf y esquí acuático.
Otra posibilidad es recorrer alguna de las etapas de Geoje, la segunda isla más grande de Corea del Sur después de Jeju. Su paisaje combina montañas, calas, puertos y enclaves vinculados a la cultura pesquera.
En esta parte del país, la caminata encuentra una prolongación natural en la mesa. Los pescados, los mariscos y las especialidades regionales permiten completar el recorrido con una aproximación a la cocina local, una parte esencial de la identidad de los pueblos costeros.
Seohaerang Trail: el valor de viajar sin prisas
La costa occidental ofrece una imagen distinta de Corea del Sur. El Seohaerang Trail discurre junto al mar Amarillo y atraviesa islas, playas, pequeñas localidades y extensas llanuras intermareales que cambian de aspecto con las mareas.
Uno de sus enclaves más representativos es Jebudo, donde el movimiento del mar transforma el paisaje a lo largo del día. Aquí, una jornada puede transcurrir entre paseos costeros, vistas sobre las marismas y un trayecto en el teleférico marítimo, antes de detenerse a contemplar la puesta de sol.
Más que una ruta para acumular kilómetros, el Seohaerang invita a observar el entorno y descubrir comunidades alejadas del ritmo de las grandes ciudades. Es una alternativa para quienes buscan naturaleza, tranquilidad y tiempo para explorar sin necesidad de encadenar visitas ni cumplir horarios demasiado ajustados.
El recorrido permite apreciar, además, la diversidad del litoral coreano, donde las mareas, las islas y las actividades tradicionales vinculadas al mar forman parte de un paisaje en constante transformación.
DMZ Peace Trail: caminar junto a una frontera histórica
Al norte del país, los senderos adquieren una dimensión diferente. La DMZ Peace Trail se aproxima a la Zona Desmilitarizada que separa Corea del Sur y Corea del Norte, un territorio marcado por la historia de la división de la península y por unas condiciones naturales singulares.
En Goseong, algunos itinerarios permiten contemplar desde determinados observatorios las montañas Geumgangsan y los paisajes costeros del entorno fronterizo. La experiencia combina naturaleza e historia en un escenario que ayuda a comprender una de las realidades geopolíticas más relevantes de Asia oriental.
El acceso a determinadas zonas está sujeto a controles y autorizaciones. Los visitantes deben informarse previamente sobre los requisitos de entrada, los procedimientos de registro y las condiciones aplicables a cada recorrido.
Caminar por este territorio es, por tanto, algo más que una actividad al aire libre. Es una oportunidad para aproximarse a la historia reciente de Corea desde el propio paisaje, en un lugar donde la naturaleza convive con las huellas de un conflicto que sigue condicionando la realidad de la península.
Una red para recorrer a pie y también en bicicleta
La principal ventaja de los Caminos Dulle es que el viaje se adapta al caminante y no al revés. No es necesario completar los 4.500 kilómetros ni seguir un itinerario único: basta con elegir las etapas que mejor encajen con el tiempo disponible y los intereses de cada viaje.
La plataforma Durunubi, disponible en inglés, facilita la planificación al reunir información sobre los recorridos, sus dificultades, los puntos de interés y los servicios próximos, como alojamientos, restaurantes y transportes. También incorpora herramientas de navegación y un sistema de sellos digitales con el que registrar las etapas completadas.
La experiencia puede ampliarse, además, sobre dos ruedas. Corea del Sur dispone de una extensa red de rutas ciclistas de larga distancia junto a ríos, costas e islas, con itinerarios en la costa oriental y en Jeju que permiten alternar jornadas de senderismo con etapas en bicicleta.
Los Caminos Dulle ofrecen así una manera de descubrir una Corea diferente: la de los pequeños puertos, las playas, los pueblos, las tradiciones locales y los paisajes que quedan entre una ciudad y la siguiente. Una invitación a viajar con menos prisa, detenerse donde merece la pena y entender que, en ocasiones, el verdadero destino no está al final del camino, sino en todo lo que sucede durante el recorrido.