La Caja de las Letras del Instituto Cervantes ha recibido el legado in memoriam de la escritora Concha Espina (Santander, 1869 - Madrid, 1955), compuesto por manuscritos, libros, fotografías y sellos conmemorativos, junto a la tablilla de madera que usó para escribir cuando se quedó ciega.
La autora fue una de las grandes voces femeninas de la literatura española del siglo XX, cuya extensa trayectoria estuvo marcada por la atención al mundo rural, la condición femenina y los conflictos sociales y morales de la España de su tiempo.
En la entrega del legado, que ha sido guardado en la caja 1457 y cedido a perpetuidad a la Biblioteca Patrimonial del Instituto Cervantes, han participado Carmen Noguero, secretaria general del Cervantes; Regina Navarro Sainz de la Maza, hija de la actriz Carmen Sainz de la Maza y bisnieta de la homenajeada, y Concha de la Serna, pintora y nieta de Concha Espina. Como testigo de honor ha actuado la escritora Belén Yuste.
Una de las autoras más leídas de su tiempo
El legado, entregado y explicado por su nieta y biznieta, lo forman dos poemas manuscritos dedicados a la primera; la traducción al sueco de su obra El metal de los muertos —fue varias veces nominada al Premio Nobel de Literatura—; y varias fotografías, entre ellas una votando junto a Clara Campoamor en las elecciones generales de 1933, la primera vez que las mujeres tuvieron derecho al voto.
Además, se incluyen artículos sobre su obra, sellos y sobres matasellados de Primer Día de Circulación de Correos, que incluye a Concha Espina como única mujer del grupo; un ejemplar de Un valle en el mar, por el que logró en 1950 el Premio Nacional de Literatura; la ficha técnica de la rosa de nueva creación dedicada a Concha Espina, y la tablilla de madera que usó desde 1939 para escribir en sus últimos años, cuando se quedó ciega por un desprendimiento de retina.
Para la secretaria general del Cervantes, las obras de Espina «nos hablan de la dignidad humana, de las dificultades de la vida cotidiana y del papel de la mujer en una sociedad en transformación». La autora cántabra construyó una carrera literaria «marcada por la perseverancia y el talento que la convirtió en una de las autoras más leídas y admiradas de su tiempo».
«Espina representa la fuerza de la literatura para dar forma a la experiencia humana y para tender puente entre generaciones de lectores», concluyó Noguero.
La poesía, un arma cargada de futuro
Por su parte la biznieta de Espina, comentó que había elegido los poemas manuscritos que legaba, uno de ellos sin publicar, «porque en estos tiempos de locura, es una forma de unirme a los que siguen creyendo, como Gabriel Celaya, que la poesía es un arma cargada de futuro».
Por su parte Concha de la Serna explicó al entregar la traducción al sueco de El metal de los muertos, que legaba esa obra por un motivo: «Gracias a esa traducción la propusieron al Premio Nobel de Literatura, premio que no consiguió por un solo voto. Y fue la primera mujer en España en estar nominada y la única hasta hoy».
Al término del legado, se celebró la lectura dramatizada «Concha Espina. Luz y tiniebla» en la que participaron y la escritora Belén Yuste, el actor Manuel Galiana y la cantante Sonnia L. Rivas-Caballero.
Concepción Rodríguez-Espina García-Tagle, más conocida como Concha Espina, fue una autora prolífica y su obra fue merecedora de distintos premios y honores. Destacan el Premio Nacional de Literatura en 1927, el Premio Cervantes de Novela en 1949 y su propuesta en nueve ocasiones y su candidatura en tres años (1926, 1929 y 1931), para el premio Nobel de Literatura.