Mientras la carpa de Smiljan Radić atraviesa el Atlántico, el director de Concéntrico, Javier Peña Ibáñez, todavía está asimilando que contará con un Premio Pritzker esta edición.
La propuesta en la que han estado trabajando, condensa tanto las obsesiones del premiado arquitecto como del espíritu del festival: una carpa que recupera la memoria de aquellos circos chilenos que llevaban a la cultura a los lugares olvidados. Un emblema de lo efímero, la memoria y la comunidad.
El festival de arquitectura efímera vuelve a Logroño del 18 al 23 de junio para experimentar, a través de circos populares, refugios climáticos y juegos colectivos, nuevas formas de habitar el espacio público.
Concéntrico contará por primera vez con un Premio Pritzker en su programación. Cuando empezaron a trabajar con Smiljan Radić ni se imaginaban que su invitado acabaría convirtiéndose en el arquitecto más celebrado del año. Lo que les interesó desde el principio fue la historia detrás de esa carpa que ahora mismo atraviesa el Atlántico para instalarse en un solar del centro histórico de Logroño: una instalación efímera que recupera la memoria de esos “circos pobres” que recorren la costa chilena para llevar la cultura a las zonas donde no ocurre nada.
En esta nueva edición, que del 18 al 23 de junio volverá a convertir Logroño en un campo de pruebas de la clase de ciudad en la que nos gustaría vivir, la estructura recuperará su vocación comunitaria. En su interior, una serie de pantallas recuperarán la historia (desincronizada) del circo de Joris Ivens, Le petit chapiteau, invitándonos a tomar asiento en alguna de las sillas plegables del humilde espacio. Es la demostración, como defiende el director del festival, Javier Peña Ibáñez, de que una ciudad no es una cuestión geográfica, sino que se construye a través de las celebraciones y las experiencias compartidas. “Está compuesta por la memoria y la identidad de las personas que vivimos en ella, cuestiones más ligadas a lo psicológico que a lo construido, y que deberían tenerse en cuenta en el debate urbanístico”.
Bajo el título Identidad y ficción, uno de los ejes principales de esta edición, reúne propuestas que analizan la arquitectura como instrumento narrativo vinculado a la construcción de imaginarios urbanos. Es el caso de la italiana Matilde Cassani, que cubrirá el Arco de San Bernabé con una gran pieza textil -al estilo del artista Christo-, inspirada en la indumentaria regional. Una nueva lectura sobre este templete efímero, el oficial de la ciudad, que recuperan cada año para celebrar a su patrón. “Son arquitecturas vinculadas a la conmemoración y a la celebración, símbolos que nos ponen en común al margen de las ideologías”, explica Peña, que destaca además como la artista recupera cuestiones como la tradición textil o los imaginarios asociados a lo femenino, para incorporarlas al centro del espacio público.
Un laboratorio climático
¿Cómo construir ciudades más habitables en un contexto de emergencia climática? En este caso, Concéntrico deja a un lado la teoría para ensayarlas directamente, a través de propuestas como Shade, Breeze, Cooling, de Noof Group, una estructura modular que combina sombra artificial y agua nebulizada para crear un microclima en pleno centro urbano. Más que una instalación efímera, el proyecto ha sido concebido como un experimento replicable. “Queríamos aprender cómo podríamos transformar una esquina o un espacio de encuentro cuando el clima o la necesidad ambiental lo demande”, señala Peña.
No es la única que ha desafiado la lógica efímera del festival. El pabellón Un tercio de la vida, de IC-98 y Suomi/Koivisto Architects, ha evolucionado hacia un jardín resistente a la sequía, capaz de combatir el efecto isla de calor en el centro histórico. A medio camino entre refugio climático, espacio comunitario y laboratorio de imaginación colectiva, la propuesta incorpora un singular ritual de sueño compartido inspirado en los antiguos asklepieia grecorromanos. Durante una de las noches del festival, los participantes dormirán juntos en el pabellón para conversar después sobre sus sueños.
La ciudad como experimento
Si algo conecta las propuestas reunidas bajo el tercer eje, Ephemeral Agents –y también con el origen mismo de Concéntrico-, es la voluntad de utilizar el espacio público para ensayar nuevas formas de relación. Más que construir objetos, el festival parece interesado en diseñar situaciones. Una búsqueda constante que este año se traduce en proyectos que convierten el espacio público en un lugar de juego, escucha o participación colectiva.
Es el caso de Multiform, desarrollado por Gabriel Fontana y Amanda Pinatih, donde los participantes cambian continuamente de equipo a través de uniformes transformables. Lo que comienza como una actividad deportiva termina convirtiéndose en un experimento sobre la cooperación, la identidad y la convivencia. O del proyecto impulsado por Sounds of Architecture Records, que convertirá las voces, conversaciones y paisajes sonoros de Logroño en un vinilo colectivo. El objetivo, como apunta Peña, es siempre el mismo: “Son metodologías para aprender y probar. Creo que esa es la razón de que sigamos adelante”.