La capital japonesa ofrece durante esta época del año una singular combinación de celebraciones tradicionales, naturaleza en flor y completa agenda cultural.
Entre las citas más destacadas se encuentra la de Bunkyo Ume Matsuri, que conmemora la floración de los ciruelos (ume) con múltiples actividades.
Tokio, la ciudad cosmopolita que abraza tradición y modernidad, se consolida como un destino cada vez más atractivo en todas las épocas del año para el mercado español, ya que ofrece una singular combinación de celebraciones tradicionales, naturaleza en flor y agenda cultural.
El creciente interés por Japón respalda esta tendencia: solo entre enero y noviembre de 2025, 231.900 españoles viajaron al país, lo que supone un incremento del 35% con respecto al mismo periodo del año anterior. En 2024, recibió 182.000 visitantes, un 57,3% más que en 2023. Estas cifras reflejan el fortalecimiento y el estrechamiento de los lazos turísticos entre España y Japón, así como el atractivo del destino en todas las temporadas.
Tokio en flor
A principios de febrero comienza la primavera japonesa, celebrada con el festival Setsubun, que marca simbólicamente el comienzo de esta estación. Como parte del mismo, en templos como el de Zojoji y el de Sensoji se lleva a cabo el ritual mamemaki, que consiste en lanzar habichuelas para ahuyentar a los malos espíritus y atraer la buena fortuna.
Aunque Japón y esta época se asocian tradicionalmente a los cerezos, febrero es el mes en el que florecen los ciruelos (ume), considerado todo un símbolo de resistencia y renovación. Estos árboles, que tiñen de blanco y rosa los parques y jardines de la capital, ofrecen una experiencia más tranquila y menos concurrida que la del sakura.
Para conmemorarlo, tiene lugar uno de los eventos más destacados: Bunkyo Ume Matsuri. Durante el festival, los visitantes pueden pasear entre cientos de ciruelos en flor en el barrio de Bunkyo, alrededor del santuario Yushima Tenjin, y disfrutar de actuaciones culturales tradicionales, gastronomía local en puestos de comida y una atmósfera de espiritualidad.
También durante el mes de febrero, los jardines de la bahía de Tokio impactan con la floración de los narcisos, especialmente el Parque Kasai Rinkai, siendo todo un imperdible para los amantes de los paseos sosegados, de los paisajes y de la fotografía.
Asimismo, en esta época se puede contemplar mejor que nunca desde Tokio el monte Fuji, ya que el clima es más seco y no hay tantos días de lluvia. Los tres lugares idóneos para tener las mejores vistas son los dos miradores de la torre Tokyo Skytree, los dos miradores de la planta 45 del edificio número uno del Gobierno Metropolitano de Tokio y el Aeropuerto de Haneda.
Cultura, gastronomía y tranquilidad
Esta época en Tokio también supone una oportunidad perfecta para disfrutar de sus museos, teatros y barrios históricos con menor afluencia turística. Zonas como Asakusa, Ueno o Kagurazaka permiten descubrir sus templos, calles y mercados locales en un ambiente más relajado. Los días 1 y 13 de febrero se instala en el santuario de Oji Inari Shrine un curioso mercado tradicional de cometas, consideradas amuletos contra incendios.
En estos meses más fríos, platos calientes como el oden, el nabe o el ramen se convierten en los protagonistas de toda comida o cena. Se pueden degustar en sus múltiples cafés y restaurantes, al mismo tiempo que se descubren otros platos basados en la tradición y en la innovación culinaria.
Para los fans de los mochis –pastel japonés hecho de mochigome, un pequeño grano de arroz–, el 1 de febrero se celebra el Hatsuuma-sai o Primer día del caballo, festividad basada en el calendario zodiacal en la que se lleva a cabo una actividad de elaboración y degustación de este dulce japonés en lugares como el santuario Mabashi Inari Shrine.