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La vengadora de las mujeres y su academia femenina
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La vengadora de las mujeres y su academia femenina

martes 19 de mayo de 2026, 08:30h

Se acaba de estrenar en el Teatro de la Comedia la nueva producción de Compañía Nacional de Teatro Clásico de La vengadora de las mujeres, una de las comedias menos representadas de Lope de Vega. La dirige Carlos Martín y es una coproducción con Teatro del Temple.

La pieza gira en torno a Laura, princesa de Bohemia, una mujer culta, autónoma y combativa que rechaza el matrimonio y funda una especie de “academia femenina” donde defiende la independencia de las mujeres frente al poder masculino.

Lo más interesante del texto es que Lope no caricaturiza del todo a su protagonista. Aunque la estructura de la comedia acaba conduciendo hacia el terreno amoroso —como exigía la convención barroca—, la obra deja abiertas preguntas muy modernas sobre la libertad femenina, el acceso al conocimiento y el papel social de la mujer. En ese sentido, el montaje parece apostar por subrayar esa vigencia antes que convertir la función en una simple “actualización feminista” superficial. Varias notas de producción insisten en que la puesta en escena traslada la acción hacia un imaginario cercano al primer feminismo del XIX, alejándose del puro historicismo.

También resulta sugerente la decisión de rescatar una obra poco transitada del canon lopiano. Frente a títulos omnipresentes como Fuenteovejuna o El perro del hortelano, aquí hay un Lope más experimental, incluso juguetón ideológicamente. El texto parece disfrutar imaginando un mundo invertido donde las mujeres toman la palabra intelectual y política. Y eso genera inevitablemente una lectura contemporánea: el público actual escucha determinadas réplicas con una mezcla de sorpresa y complicidad.

Da la impresión de que el público está reaccionando sobre todo a tres elementos:

  1. La modernidad del personaje femenino, que sorprende viniendo de un texto del XVII.
  2. El tono de comedia viva y accesible, lejos del “teatro clásico académico”.
  3. La lectura política indirecta, sin convertir la función en un panfleto contemporáneo.

Hay además un cierto interés crítico por comprobar cómo dialoga esta obra con debates actuales sobre feminismo y relaciones de poder.

CRTICA

La nueva producción de La vengadora de las mujeres en el Teatro de la Comedia confirma algo que el teatro clásico español sigue demostrando cuando encuentra una lectura inteligente: que Lope de Vega continúa siendo menos previsible de lo que suele creerse. La recuperación de esta comedia rara —más citada que representada— permite asomarse a un Lope incómodo, juguetón y sorprendentemente moderno en su aproximación al conflicto entre sexos, el conocimiento y el poder.

La dirección de Carlos Martín evita convertir el texto en una pieza arqueológica y opta por una puesta en escena dinámica, con una voluntad clara de acercar el verso al espectador contemporáneo. El principal acierto del montaje está precisamente en confiar en la palabra sin solemnizarla. La función avanza con ritmo, con ligereza en los cambios de tono y con un sentido del humor que no neutraliza el trasfondo ideológico de la obra. Porque bajo la apariencia de comedia palatina late una reflexión muy seria sobre la autonomía femenina.

El centro absoluto de la representación es Laura, figura extraordinaria dentro del universo lopiano. La princesa de Bohemia aparece aquí como una mujer culta, brillante y ferozmente independiente, decidida a levantar una resistencia intelectual frente al dominio masculino. El personaje funciona hoy casi como una anomalía temporal: una heroína barroca que parece anticipar discursos ilustrados y hasta feministas. La interpretación protagonista sostiene buena parte del espectáculo gracias a una mezcla convincente de autoridad, ironía y vulnerabilidad progresiva. El trabajo con el verso resulta especialmente notable en los momentos donde el personaje oscila entre el orgullo intelectual y la aparición involuntaria del deseo amoroso. Ahí la actriz logra que Laura no sea un símbolo abstracto, sino una mujer atravesada por contradicciones reales.

También destacan los personajes masculinos principales, especialmente aquellos concebidos por Lope como contrapunto dialéctico de Laura más que como simples galanes convencionales. El montaje entiende bien que el interés de la obra no está únicamente en la intriga amorosa, sino en el combate verbal e ideológico entre hombres y mujeres. En varias escenas el texto adquiere una agilidad casi contemporánea, cercana a la comedia sofisticada, donde cada réplica funciona como un pequeño duelo de inteligencia.

Sin embargo, la producción no mantiene siempre el mismo equilibrio tonal. Uno de los aspectos más discutidos tiene que ver con cierta tendencia a la sobreactuación en algunos personajes. En el intento de imprimir modernidad y energía cómica al montaje, determinadas interpretaciones caen por momentos en una caricatura excesiva: gesticulación muy marcada, subrayado constante de los efectos humorísticos y un fraseo demasiado enfático que rompe la musicalidad natural del verso. Esa hipertrofia interpretativa funciona ocasionalmente como alivio cómico, pero en otros pasajes descompensa la elegancia verbal que exige Lope y desplaza la atención hacia un registro casi televisivo o de farsa contemporánea.

El problema no es tanto el humor —la obra lo necesita— como el exceso de intención visible. Cuando algunos actores “empujan” demasiado la comicidad, el montaje pierde sutileza y el contraste con la contención de la protagonista se vuelve evidente. Paradójicamente, las mejores escenas son aquellas donde la dirección permite respirar el texto y confiar en la inteligencia del espectador sin necesidad de remarcar cada efecto.

Lo más valioso de esta Vengadora de las mujeres es quizá que no intenta resolver del todo las contradicciones de Lope. La obra sigue siendo ambigua: celebra la inteligencia femenina mientras la somete parcialmente a las convenciones amorosas de la comedia áurea. Y precisamente en esa tensión reside su riqueza. El montaje acierta cuando permite que esa incomodidad permanezca abierta, sin convertir el texto ni en reliquia ni en manifiesto.

El resultado final es una función estimulante, irregular por momentos, pero indudablemente viva. Una recuperación importante dentro del repertorio clásico español y una prueba más de que, cuando se arriesga con títulos menos transitados, el teatro del Siglo de Oro todavía puede dialogar con enorme fuerza con el presente.

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