● Una andaluza, una gallega y un portugués han sido seleccionados entre más de 5.000 aspirantes de España y Portugal para participar en "Gen Explorador", la iniciativa de Turismo de Tenerife que propone descubrir la isla a través de experiencias vinculadas al turismo consciente y regenerativo.
Tenerife ha pasado de ser un destino convencional a convertirse en un territorio vivo con el que convivir, sentir y despertar ese instinto insaciable por descubrir lo desconocido. Bajo esta premisa, Turismo de Tenerife ha llevado a cabo su pionera campaña "Gen Explorador". Este proceso de selección ha sido un rotundo éxito, movilizando a más de 20.000 usuarios y generando 5.000 solicitudes en menos de 24 horas. A ello se sumó la gran acogida del laboratorio itinerante "Gen Explorer Lab" a su paso por Madrid, Málaga, Lisboa y Bilbao.
Tras esta gran respuesta, ya se conocen las identidades de los tres testers elegidos de la Península Ibérica que portan la variante genética DRD4-7R, "gen del explorador": una andaluza, un portugués y una gallega que han viajado a Tenerife para co-crear itinerarios vivos en la isla de las experiencias basados en el turismo consciente.
Tres maneras diferentes de vivir la isla
Una de las seleccionadas ha sido la andaluza Alba Mancera (25 años, Málaga), vinculada profesionalmente al surf y apasionada de la acción, quien se dejó impresionar por la isla. Tras su paso por Tenerife, Alba destaca la facilidad para cambiar radicalmente de escenario en trayectos cortos, recomendando perderse con calma en la mística del Parque Rural de Anaga, vivir el avistamiento de cetáceos en libertad y sentir la fuerza del viento haciendo windsurf en El Médano bajo su propio lema: "Tenerife no se cuenta, se siente: una isla que te eleva entre el mar, el cielo y la vida". Para ella, la aventura se vive sin prisas, por lo que aconseja a otros exploradores “que dejen espacio para la improvisación y para disfrutar cada lugar sin mirar constantemente el móvil”.
Por su parte, el portugués Bruno Miguel da Cunha Henriques (47 años, Lisboa), investigador académico en Artes Escénicas, encarna la filosofía del slow travel y la exploración cultural. Bruno entiende el viaje como un ejercicio de libertad, observación y ritmo pausado, optando por perderse por cascos urbanos históricos para leer el pasado en sus fachadas y valorar la autenticidad y el diseño urbano tradicional, algo que le ha fascinado de ciudades como San Cristóbal de La Laguna -un museo a cielo abierto- y La Orotava. Aconseja a cualquier viajero “que se pierda y se aventure, pues cada esquina trae una nueva sorpresa y el compás del tiempo traza el dibujo de las sombras por las paredes”. Para él, disfrutar de la gastronomía local en bodegas y restaurantes con esencia tinerfeña y navegar en velero por Los Gigantes son un buen ejemplo para "recuperar la sensación perdida de estar solo en el paisaje sin miedo a crecer".
Finalmente, la gallega Marta Trillo (26 años, Santiago de Compostela), biomédica e influencer, resalta la frescura de las conexiones humanas y el marcado contraste norte-sur. Marta asegura que el secreto de la isla radica en el cariño de su gente, algo que vivió conversando con locales en Santa Cruz, sobrevolando Adeje en parapente o explorando la fauna marina en las piscinas naturales de Garachico, invitando a exprimir el destino al máximo: “el cariño de la gente de allí es lo que marca la diferencia y lo que convierte a la experiencia en inolvidable”. Además, siente que los esquemas se rompen “cuando descubres que el norte es tan diferente del sur, una hora de distancia hace que cambie el clima completamente”.
Itinerarios vivos: la isla de las infinitas experiencias
A lo largo de su viaje, los tres testers han podido disfrutar en primera persona de este itinerario vivo, comprobando sobre el terreno por qué Tenerife es una isla de infinitas experiencias imposible de encasillar en una ruta cerrada. A través de una propuesta dinámica y enmarcada siempre bajo el paraguas del turismo respetuoso y regenerativo, los embajadores han experimentado la riqueza de la isla a través de cuatro grandes ejes estratégicos (cultura, gastronomía, naturaleza y deporte), que conectan la tierra, el mar y el aire.
En el ámbito marino y del deporte activo, han vivido en primera persona actividades concebidas como herramientas de educación ambiental, destacando la navegación respetuosa para el avistamiento de cetáceos en Los Gigantes, travesías en kayak por la costa sur y sesiones de windsurf. Asimismo, en su reconexión con los espacios naturales, han recorrido senderos de mínimo impacto a través de la laurisilva ancestral de Anaga, las coladas de lava de Montaña Sámara en el Teide y las zonas rurales de Teno, coronando la experiencia con observaciones astronómicas en un destino certificado con la distinción Starlight.
Por otra parte, el sabor del territorio tinerfeño lo han descubierto mediante la gastronomía kilómetro cero y el enoturismo en viñedos volcánicos, un respaldo explícito que beneficia directamente al sector primario local. Finalmente, los testers han conectado profundamente con la identidad y la cultura canaria recorriendo el patrimonio histórico de cascos urbanos emblemáticos como La Orotava, Garachico y San Cristóbal de La Laguna, capturando además muestras de etnografía viva tan ancestrales como el salto del pastor en Teno.
El impacto consciente en el destino
Lope Alfonso, vicepresidente y consejero de Turismo del Cabildo de Tenerife, recalca el importante desafío de la gestión turística actual en el archipiélago: "Este crecimiento plantea un desafío: mantener el liderazgo sin poner en riesgo la esencia natural de la isla, buscando viajeros que respeten y velen por el cuidado del entorno. El proyecto promueve un enfoque de concienciación que protege la biodiversidad natural y marina de la isla, impulsa la economía local asegurando que el beneficio llegue a los productores y guías locales y fomenta un intercambio empático y pausado con la comunidad tinerfeña”.
Para la consejera delegada de Turismo de Tenerife, Dimple Melwani, "queremos inspirar una forma diferente de viajar, basada en la autenticidad, el respeto por el entorno y la conexión con quienes viven la isla. Los testers nos han permitido comprobar que no existe una única manera de descubrir Tenerife: cada persona construye su propio recorrido a partir de aquello que más le emociona, ya sea la naturaleza, la cultura, la gastronomía o el deporte."
"El componente científico del proyecto aporta un elemento diferencial y muy innovador, pero el verdadero objetivo va mucho más allá del gen DRD4-7R. Queremos demostrar que cualquier viajero puede despertar ese espíritu explorador si se acerca al destino con una actitud abierta, pausada y responsable. Con las experiencias compartidas por estos tres testers estamos construyendo itinerarios vivos que inspiran una forma de viajar más consciente y que genera un impacto positivo tanto en el visitante como en el territorio", concluye Melwani.
A través de las vivencias de sus nuevos embajadores, Tenerife se consolida como el escenario ideal para pasar de un visitante que simplemente “recorre” el destino a uno que lo descubre y “convive” de manera respetuosa con él, demostrando que la verdadera huella de un viaje consiste en preservar el entorno intacto para las generaciones futuras y conectar con la ciudadanía local.
Gen del explorador (DRD4-7R), el deseo de descubrir presente en el ADN
El DRD4-7R, identificado en 1996 y bautizado popularmente como el “gen del explorador”, es una variante genética vinculada a la regulación de la dopamina, el neurotransmisor del placer y la recompensa. Según diversas investigaciones en genética del comportamiento, las personas que poseen este marcador biológico —aproximadamente el 20% de la población— presentan una mayor predisposición a la búsqueda de novedad, la curiosidad intelectual y la apertura a entornos desconocidos. Históricamente, la ciencia asocia este rasgo con las grandes migraciones humanas, sugiriendo que esta genética impulsó a nuestros antepasados a cruzar fronteras y buscar nuevos horizontes. Hoy, el DRD4-7R se identifica con aquellos viajeros que no solo buscan visitar un lugar, sino comprenderlo y vivirlo de una manera profunda y transformadora. El auténtico espíritu explorador no se mide por la cantidad de lugares recorridos, sino por la forma de relacionarse con ellos. En Tenerife, esta iniciativa busca activar ese descubrimiento en el ADN para impulsar un turismo más consciente. El viajero es el aliado clave para preservar nuestra biodiversidad, demostrando que cuidar la isla es la forma más profunda de vivirla.