Los veranos se vuelven cada vez más calurosos en las ciudades. Para afrontar de forma sostenible este cambio, Viena apuesta por la combinación de refrigeración natural y tecnológica. Los árboles y la refrigeración urbana forman conjuntamente un sistema capaz de afrontar el futuro y reducir las temperaturas en la ciudad.
Árboles en la ciudad
En comparación con el resto de Europa, Viena es una de las ciudades más verdes. Aproximadamente la mitad del término municipal está compuesto por zonas verdes, entre ellas el Wienerwald en el oeste, el Lobau con sus bosques de ribera en el este, así como más de 1000 parques en toda la ciudad. Estas grandes estructuras verdes se complementan con espacios urbanos de recreo más cercanos, como el Prater o la reserva natural de Lainz. Estas áreas no son solo lugares de retiro, sino también pilares de la regulación climática urbana.
Con el avance del cambio climático, los árboles cobran aún más importancia en las ciudades. Las superficies selladas, la alta densidad edificatoria y fuentes de calor adicionales como el tráfico resultan en lo que se conoce como islas de calor. Especialmente en zonas céntricas, las calles y las plazas se calientan con intensidad, y por la noche las temperaturas bajan con mayor dificultad. Los árboles contrarrestan activamente estas tendencias, ya que gracias a la sombra y a la evaporación, pueden reducir localmente la temperatura ambiente en varios grados Celsius y contribuir así a disminuir la carga de calor.
El Ayuntamiento de Viena responde con una estrategia integral para reforzar la infraestructura verde. Además de la plantación selectiva de nuevos árboles, también se impulsan la revegetación de cubiertas y fachadas, así como medidas de despavimentación del suelo. El objetivo es seguir desarrollando la ciudad de forma resiliente al clima y garantizar una buena calidad de vida a largo plazo. Bajo el programa «Raus aus dem Asphalt» (algo así como, «Abandonando el asfalto») se aplican medidas en todos los distritos con el fin de revalorizar el espacio viario, crear nuevas zonas verdes y reducir las islas de calor actuales.
La protección de los árboles también desempeña un papel central. Con la Ley vienesa de protección de los árboles y un catastro de árboles exhaustivo, cerca de 480 000 árboles están documentados y protegidos por la ley. El variado arbolado de los jardines municipales de Viena se evalúa y ajusta de forma continua. Actualmente consta de 25 variedades de árboles con una buena tolerancia al calor, es decir, que se adaptan mejor a temperaturas más elevadas. En total, en toda Viena pueden encontrarse hasta 150 variedades de árboles de distintos géneros y especies. Adicionalmente, nuevos conceptos como el principio de «ciudad esponja» cobran mayor importancia para almacenar mejor el agua en el espacio urbano y nutrir a los árboles a largo plazo. De este modo, los árboles no son solo parte de la ciudad, sino también un elemento activo del sistema en el equilibrio climático urbano. Su efecto se despliega lentamente, pero de forma sostenible. Cada árbol recién plantado es, por tanto, una inversión en el futuro: ofrece sombra en los días calurosos, mejora el aire y mantiene un buen clima a efectos de asegurar una buena calidad de vida en Viena.
1800 fuentes públicas de agua potable
Para refrescarse entre medias, la ciudad está equipada con numerosas fuentes públicas de agua potable. Con 1800 fuentes, Viena tiene más fuentes públicas de agua potable que toda Alemania (a fecha de 2025: 1500). El elevado número de fuentes también se aprecia al compararlo con otras ciudades. Con 90 fuentes por cada 100 000 habitantes, Viena se sitúa entre las ciudades europeas con mayor densidad de fuentes públicas de agua potable. París, por ejemplo, cuenta con 59 y Berlín con 6 fuentes por cada 100 000 habitantes. Se añaden fuentes sobre todo en las zonas de ampliación urbana y en el marco del rediseño de plazas y calles.
Especialmente en verano, las fuentes públicas de agua potable y las 75 «Brunnhilden», fuentes móviles con bruma pulverizada con solo pulsar un botón, ayudan a refrescarse. Asimismo, la ciudad cuenta con 100 «Sommerspritzer», es decir, nebulizadores que se montan en hidrantes y pulverizan de forma totalmente automática una bruma refrescante durante las horas de más calor.
Refrigeración del futuro: Viena apuesta por la refrigeración urbana
Asimismo, Viena dispone de uno de los sistemas de refrigeración urbana más avanzados de Europa. Actualmente están en funcionamiento 25 ubicaciones de refrigeración, de las cuales ocho son potentes y eficientes energéticamente: centrales de refrigeración urbana con red de refrigeración urbana. Abarca más de 220 edificios, entre ellos, instituciones públicas, espacios culturales, hoteles y lugares de alta demanda energética como centros de datos y grandes cocinas. La red de tuberías mide aproximadamente 30 kilómetros y se amplía de forma continua. Un elemento central es el anillo de refrigeración urbana de unos 4,7 kilómetros bajo la Ringstraße, que conecta conocidos edificios del Ring como la Universidad de Viena, el ayuntamiento, el parlamento, la Ópera Nacional, el Museo de Artes Aplicadas (MAK), el Ronacher y el Hotel Sacher.
La central de refrigeración Schottenring refrigera así 400 000 metros cuadrados en total. Los edificios se refrigeran con agua mediante sistemas de enfriamiento instalados específicamente. Después, el agua calentada vuelve a la central de refrigeración, donde se enfría de nuevo y, a continuación, se vuelve a incorporar al circuito. La refrigeración de retorno de las máquinas se realiza, según la disponibilidad, mediante agua del río o torres de refrigeración. Así, por ejemplo, el agua del canal del Danubio puede aprovecharse a través de las estructuras de entrada. Especialmente en los meses más frescos, la baja temperatura del agua puede contribuir a reducir de forma significativa el uso de máquinas frigoríficas de alto consumo energético.
En total, Viena invierte alrededor de 90 millones de euros en la ampliación y modernización de la refrigeración urbana. El objetivo es aumentar la potencia desde los aproximadamente 240 megavatios actuales hasta unos 370 megavatios para 2030.
Con el aumento de los días de calor y de las noches llamadas tropicales en las que las temperaturas no bajan de los 20 grados, la demanda de refrigeración en la ciudad crece de forma continua. La refrigeración urbana contribuye a reducir esta carga, amortiguar los picos de consumo eléctrico y garantizar el funcionamiento de los espacios urbanos incluso en condiciones extremas.