Alex y Pablo son el alma de LEMOT, una banda gallega que lleva años defendiendo sus raíces y haciendo bandera de Galicia allá donde actúan. Su nuevo trabajo, El Faro, es el disco más personal de su trayectoria y una invitación a detenerse, escuchar y sentir en una época marcada por la inmediatez.
Antes de hablar de El Faro, ¿de dónde viene LEMOT?
Venimos de la carretera. Nos conocemos desde pequeños y llevamos muchos años tocando juntos. Antes formábamos parte de otra banda y, sumando etapas, llevamos alrededor de quince años dedicados a la música.
«Nos gusta que nuestra música se escuche con calma en unos tiempos en los que todo va demasiado rápido.»
Y el nombre ¿Qué significa LEMOT?
Significa “lento” en indonesio. Nos identificamos mucho con esa filosofía: hacer las cosas sin prisas, dejar que todo se cocine a fuego lento. Nuestra forma de entender la música y la vida encaja perfectamente con esa idea.
Vuestro nuevo trabajo se titula El Faro. ¿Qué simboliza para vosotros?
El faro te guía hacia dónde ir, pero también te señala dónde no debes ir. Es una palabra con mucho peso y muy vinculada al mar y a la navegación. Casi todo lo que nos gusta hacer tiene el mar de por medio, así que nos pareció el nombre perfecto para el disco.
Además, es vuestro álbum más personal hasta la fecha.
Sí. Por primera vez hemos volcado en las canciones experiencias personales y profesionales. Habla del camino recorrido, de las dificultades que hemos encontrado y de todo lo que hemos vivido para llegar hasta aquí.
¿Qué esperáis de este disco?
Sobre todo, que podamos tocarlo en el mayor número posible de ciudades y que la gente conecte con las historias que cuenta. Nos gustaría que acompañara a quienes lo escuchen en determinados momentos de sus vidas.
«Hacemos discos para escuchar de principio a fin, con una historia y un sentido detrás de cada canción.»
La música tiene una capacidad muy especial para ayudar y emocionar. Esperamos que la gente lo sienta y lo escuche con calma. Vivimos en una época en la que todo sucede muy rápido y creemos que nuestra música va precisamente en dirección contraria.
En tiempos de consumo inmediato, apostáis por la escucha pausada.
Exactamente. Queremos bajar un poco la dopamina. Que la emoción fuerte llegue en los conciertos, pero que el disco invite a detenerse. Por eso lo hemos editado también en vinilo.
Nos gusta la idea de recuperar esa experiencia de escuchar un álbum completo, de principio a fin. ‘El Faro’ tiene una historia, un orden y una intención. Cada canción está colocada donde está por una razón y el sonido de cada tema tiene sentido dentro del conjunto.
Entonces, ¿podemos decir que el disco tiene un argumento?
Totalmente.
¿Por dónde transcurre esa historia?
Comienza con ‘Golondrinas’, una canción que sirve un poco como punto de partida. Habla de ese momento en el que eres un chaval que quiere dedicarse a la música y se encuentra con personas que tienen una visión mucho más estable de la vida: opositar, quedarse en la misma ciudad, no asumir riesgos.
A partir de ahí se va desarrollando todo el viaje hasta llegar a ‘Canción de despedida’, que habla de la dureza de esta profesión. Es un oficio en el que constantemente te despides y vuelves a reencontrarte con la gente. Llegas a casa sabiendo que en dos días tendrás que volver a marcharte. Es una sensación muy particular.
Y aun así seguís adelante.
Porque es completamente vocacional. Con todas las piedras que te encuentras por el camino, si no lo tienes muy claro es imposible continuar. Es una profesión muy exigente, pero aquí seguimos, peleando.
¿Hasta dónde soñáis llegar?
Si soñamos en grande, al Coliseum de A Coruña. (Ríen).
«Si no tienes muy clara la vocación, es imposible aguantar en esta profesión.»
Pero la realidad es que ya nos sentimos afortunados por muchas cosas que estamos viviendo ahora mismo: conceder entrevistas, publicar un disco, editarlo en vinilo... Para nosotros todo eso ya es un éxito enorme.
Hemos aprendido a no pensar demasiado en el futuro porque las expectativas pueden ser traicioneras. Preferimos centrarnos en el presente y disfrutar del camino.
Hace poco actuasteis en Madrid durante las fiestas de San Isidro, en Alcobendas.
Fue una experiencia muy bonita. Tocar en unas fechas tan señaladas en Madrid siempre es especial, además de que sentimos la ciudad como una segunda casa.
Y este verano estaremos en varios festivales y en octubre presentaremos oficialmente el disco en Madrid.
¿Cuáles son vuestras principales influencias musicales?
Escuchamos mucha música internacional. Coldplay o Foo Fighters han sido referencias importantes para nosotros.
En España hemos escuchado muchísimo a Leiva, a Los Suaves y a muchas bandas que ya no están. También hemos disfrutado enormemente de la discografía de Mecano.
Pero además somos bastante curiosos y nos encanta descubrir grupos nuevos, compartirlos entre nosotros y seguir la evolución de artistas que todavía no son conocidos. Tiene algo muy especial encontrar una banda cuando aún está empezando. Al fin y al cabo, todas las grandes bandas fueron pequeñas alguna vez.
Si tuvierais que definiros musicalmente, ¿cómo lo haríais?
No somos muy amigos de las etiquetas. Quizá podríamos hablar de un pop rock de guitarras, pero tampoco nos preocupa demasiado.
Lo que sí tenemos claro es que hacemos música pensada para el directo. Música para cantar, saltar, emocionarse y disfrutar. Música de directos en definitiva.
Aunque también hay espacio para la emoción.
Claro. Puedes echar una lágrima y al mismo tiempo bailar o saltar. Una cosa no quita la otra. (Ríen).
«Ya nos sentimos afortunados por poder sacar un disco, editarlo en vinilo y seguir subiéndose a los escenarios.»
¿Qué se va a encontrar alguien que vaya por primera vez a un concierto de LEMOT?
Se va a encontrar a cuatro amigos sobre un escenario disfrutando de lo que más les gusta hacer. Nosotros dos, junto al bajista y el batería, que son parte fundamental de la banda.
Van a encontrar energía, canciones en directo y mucha verdad. Nos gusta mantener esa esencia de banda de carretera: tocar con amplificadores, cargar la furgoneta y recorrer kilómetros para subirnos a un escenario.
Así fue como empezamos y es algo que no queremos perder nunca.
Mientras el cuerpo aguante.
Exactamente. Mientras el cuerpo aguante.
LEMOT representa esa forma de entender la música sin artificios: canciones honestas, directos intensos y el oficio aprendido tras años de carretera. Porque la música también se construye así, de ciudad en ciudad, de sala en sala y de concierto en concierto.
Y, por lo que parece, todavía les queda mucho camino por recorrer.
Y que dure…