HASTA EL 8 de marzo de 2027, en el madrileño Parque de El Retiro, el Palacio de Velázquez albergará esta exposición dedicada al trabajo de Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970), que en esta ocasión propone una reflexión sobre la relación entre historia, poder y representación a partir de la equiparación con la formación de una perla.
Como ocurre en la naturaleza, donde una agresión desencadena un lento proceso que acaba generando un objeto irrepetible y precioso, la muestra plantea que el arte surge con frecuencia como respuesta al daño, convirtiendo el trauma en forma, memoria y lenguaje. Una forma de belleza nacida de la agresión.
La exposición reúne acuarelas, esculturas, instalaciones, vídeos, objetos, piezas prestadas que se resignifican a través de su forma de presentación, obras de producción reciente y trabajos en proceso. De ahí que el comisario hable de una «retro-prospectiva»: una exposición que revisa la trayectoria del artista, pero que también permanece abierta al presente, ya que durante los meses en que la muestra esté abierta al público Sánchez Castillo continuará trabajando en presencia de los visitantes a la exposición.
El trabajo de Sánchez Castillo aborda diversos episodios de la historia contemporánea poniendo en diálogo los símbolos asociados al franquismo y a otros modelos de autoridad con las narraciones construidas desde la ciudadanía y las luchas por la libertad. La memoria histórica no aparece como un relato único y cerrado, sino como un territorio en permanente negociación en el que conviven monumentos, objetos, documentos y gestos cotidianos capaces de cuestionar las formas tradicionales de representación del poder.
Fernando Sánchez Castillo sostiene que «el arte es una fuerza que hace temblar las narraciones del Estado». A partir de esta idea, interviene en las formas en las que el poder se representa, desmonta sus símbolos y revela la fragilidad de los relatos que lo sostienen.
La exposición explora la relación entre historia, poder y representación, preguntándose cómo se construyen los discursos históricos, quién decide qué hechos permanecen en la memoria colectiva y de qué manera los monumentos, los objetos y las imágenes contribuyen a consolidar determinadas versiones del pasado.
El propio título, “La perla peregrina”, remite además a una de las joyas más célebres de la historia de la monarquía española, La Peregrina, cuyo largo recorrido por distintas cortes y propietarios simboliza los desplazamientos, las transformaciones y las múltiples lecturas que pueden adquirir los objetos históricos.
Como nota curiosa de ese periplo contar que en 1969, Richard Burton adquiere en una subasta una perla considerada la Peregrina para regalársela a Elizabeth Taylor. Después de una nueva subasta en 2011, vuelve a desaparecer.
Esa referencia refuerza la idea central de la muestra: la historia no es un relato fijo, sino un proceso continuo de reinterpretación.
En definitiva el título no pretende anunciar una pieza protagonista, sino ofrecer una clave de lectura para todo el conjunto. Es un título deliberadamente conceptual, hasta el punto de que muchos visitantes esperan encontrar alguna referencia explícita a la joya y no la hay.
Es posible que esa ausencia incluso forme parte del juego de la exposición: la perla "no está", pero su historia actúa como una metáfora que conecta todas las obras.
Y aunque usted no encuentre una perla representada en las salas, casi todas las obras responden a esa lógica. Las esculturas de personajes que resistieron al poder, los monumentos intervenidos, los restos de símbolos franquistas, las máscaras de protesta o los monumentos protegidos durante la Guerra Civil son, en cierto modo, "perlas": fragmentos de una historia conflictiva que el artista recubre de nuevos significados.
Esta es una lectura, pero cada uno puede sacar la suya y tan válida como esta anterior o no, nunca se sabe…